
Proseguimos recopilando información sobre algunas fiestas características de nuestras poblaciones que reúnen unos condicionantes especiales y distintos de la mayoría de otras poblaciones.
En este caso vamos a resumir la información que hemos recopilado sobre la utilización de productos de consumo que se utilizan para fiestas populares como es el caso que nos ocupa en esta ocasión y que reúne dos productos y por decirlo de laguna manera, un arma que no son otros que huevos, harina y petardos como buenos procedentes de la región valenciana.
Nos estamos refiriendo a la fiesta conocida como los “Els Enfarinats“ (Los enharinados) de la ciudad alicantina de IBI.
LOS ENHARINADOS DE IBI.
La fiesta se celebra precisamente el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes y está basado en los sacrificios de los inocentes que permitió Herodes, por lo que marcan la antigüedad esta tradición y que lleva realizándose anualmente cerca de 200 años, con algún lapso de tiempo.
La estructura y funcionamiento de los actos está basado en formar dos grupos de batalla. Uno los llamados “Los enfarinats” que se encargan de coger el orden y administrar el funcionamiento de unas leyes arbitrarias y un segundo grupo llamado “La oposición” que tratan de imponer el orden.
Los enfarinats llevan su propia organización compuesta por: alcalde, juez, fisco, secretario y cajero.
La oposición suele ir vestida con chistera negra y estrellas y siempre todos con las caras pintadas y ocultas de diversas formas y con distintos aditamentos.
Los grupos están elegidos y formados por unas 14 personas en cada bando todos ellos amistades y cargos del pueblo.
Por la mañana el alcalde entrega las llaves y el dominio del pueblo a los enfarinats y estos comienzan a realizar distintas arbitrarias actuaciones fuera de lugar y se defienden de la oposición mediante la distribución de harina o en su caso polvos de talco y bandejas completas de huevos que van tirando encima de los opositores, al mismo tiempo que van encendiendo petardos.
Todos los actos ocurren alrededor de la Plaza del Pueblo y a los dos de la tarde terminan las operaciones y a continuación hay que proceder a la limpieza.
Tanto unos como otros van vestidos con trajes militares y con distintas máscaras y gorros para evitar los ataques del enemigo y todos los actos discurren en la mayor diversión entre los contendientes y al final de la fiesta terminan todos completamente llenos de harina, de huevos y la plaza petardeada.
Desde luego el espectáculo muestra un verdadero desorden total y los lugares se convierten en una visión irreal que proporciona la visión de la forma en que quedan las calles y los suelos, porque se constituye una verdadera batalla, puesta al ingenio de numerosas bromas y ataques.
Los enfarinats cobran multas e imponen sanciones merodeando por los distintos establecimientos del pueblo, cuya recaudación se deposita en el Asilo de Ancianos de la localidad.