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Un partido de fútbol complicado
Sergio Bernao | Madrid | Sociedad | 03-01-2022

Anécdotas verídicas

Un partido de fútbol complicado

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que un determinado barrio de una importante capital de España, muy poblado, existían varios equipos de fútbol aficionado.

Los hechos ocurrieron hace ya bastantes años, aunque no sabemos las fechas, para darles una pista, y sin que nadie se sienta aludido por la política, todavía estaba Franco en vida.

Estos nuevos barrios surgieron como consecuencia de la acumulación de gentes provenientes de pueblos de zonas rurales que encontraron trabajo en la ciudad y en pocos años las llamadas barriadas cundieron como las moscas en el dulce.

Mucha gente con su piso nuevo, matrimonios jóvenes, recién casados, por tanto edades en que todavía no habían llegado excesivas responsabilidades.

Como sucedía en aquellos tiempos la convivencia que se estableció fue grande  y enseguida se organizaron actividades de todo tipo, especialmente lúdicas: verbenas, bailes de barrio y…,¡cómo no!, equipos de fútbol.

Los organizadores decidieron aprovechar una explanada que se encontraba ubicada entre dos de los barrios, alejada de la circulación,  del tráfico y del paso de peatones y personas. Supuestamente estaba establecido que fuera para la conversión en parques y jardines y que quedaba bajo la administración de uno de los barrios, pero que en realidad no se había hecho nada en absoluto, por falta de entendimiento entre las partes.

Así que, sin más, este Grupo futbolístico decidió instalar unas porterías de futbol y marcar el campo con cal en todo su perímetro.

Durante la primera campaña se celebraron varios partidos de campeonato de barrio y donde  la gente disfrutaba, porque estos encuentros se celebraban en domingo y todas las familias de los tres barrios se reunían en la explanada y además acomodaron unas mesas de madera, donde la gente llevaba sus propias sillas y la merienda, porque los partidos se celebraban por la tarde  y que además se amenizaba con música. Dicho de otra forma era lo que pudiera llamarse una verbena.

Así prácticamente todos los domingos, desde primavera hasta finales de verano había algún partido; cuando no era de la liguilla de aficionados, era de los pequeños que también aprovechaban las porterías para hacer sus pinitos.

El último día de campaña se planteaba el fútbol de los dos equipos del barrio que habían quedado con mayor puntuación y que era como una final, donde se jugaba el trofeo que habían acordado que no era otro que  una comida gratuita a los ganadores, incluidas las mujeres, pagado por el resto de equipos y a celebrar en el mismo escenario del partido de fútbol.

Se acordó que el partido se celebrara un sábado por la tarde, para que el domingo se celebrase el acontecimiento de la celebración. Así de simples eran las formas de vida y convivencia de aquellos tiempos y que probablemente alguien pueda estar extrañado de estas actividades de comportamiento social.

Aquel campo de fútbol era de tierra dura, pues el terreno original no había sido nunca de cultivo y por lo tanto labrado, por lo que jugar resultaba ciertamente complicado.

Pero cuando llegaron los primeros jugadores al campo se encontraron con una sorpresa de la que nadie se había dado cuenta. En dos lugares del campo se encontraban postes clavados de unos cinco metros de altura.

¿Cómo era posible que nadie supiera que alguien había instalado esos postes, ni nadie supiera quién los había puesto? Uno de los postes se encontraba al lado de un lateral del campo y el otro en una de las esquinas, pero ambos, aunque por poco, dentro de los límites que estaban marcados de cal en el  campo de fútbol.

Después de muchas conversaciones y opiniones, decidieron jugar el partido final en esas condiciones diciendo: teniendo un poco de cuidado no pasa nada.

Durante  el transcurso del primer tiempo la cuestión de que no pasaba nada se fue al traste. Más de un jugador chocó contra los postes, algunos en plena carrera  y dos de ellos se dieron con la cabeza, con el consiguiente peligro. En otros casos el balón tenía tendencia por irse hacia alguno de los postes con evidente cariño, lo que perjudicaba las maravillosas jugadas de estos equipos aficionados.

En el segundo tiempo el asunto cambió con ayuda de todos: vecinos y jugadores, consiguieron retirar los postes y jugar el segundo tiempo sin postes.

El partido finalizó con la victoria de uno de los equipos y todos tan  contentos. Los postes se quedaron en el suelo.

A los quince días el Gobierno Civil comunicó a la Empresa Constructora, hasta la fecha propietaria actual de la famosa explanada, que en veinticuatro horas los postes tenían que estar colocados de nuevo. La empresa cumplió con lo pactado acompañados de los técnicos de la empresa adjudicataria de la instalación de cables telegráficos.

Después de muchas polémicas, trámites y gestiones de todo tipo los vecinos del barrio al que pertenecía el terreno, consiguió que se desviara al alineación de los mencionados postes y fueron retirados del recinto del terreno.

Tenemos que aclarar que se siguieron jugando partidos de fútbol, pero se puso de moda que cuando se tiraba un córner la gente decía al unísono: ¡Cuidao con el poste!

Este terreno todavía existe casi tal como estaba, pero convertido en una explanada de recreo con su parque y sus jardines y…,¡cómo no!, un campo de fútbol con césped, pero en este caso más pequeño: de fútbol siete, pero, como pueden suponer, sin postes.

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EL FÚTBOL SIN FALTAS, PUEDE SER PELIGROSO

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