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Experiencias de un viaje
C. Manchegos | Puente la Reina de Jaca | Sociedad | 05-01-2022

Anécdotas verídicas

Experiencias de un viaje

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que  un amigo de confianza, en una de nuestras frecuentes conversaciones, me contó la siguiente historia de las experiencias de un viaje.

“Mi mujer y yo nos habíamos apuntado a un viaje programado de encuentros de matrimonios, preparado por un Ayuntamiento. Quiero decir que fue en el año 1973, para mejor comprensión de los hechos. Se trataba de un viaje de convivencias entre matrimonios y nos dirigíamos a Puente la Reina a unos apartamentos o albergues, que ni sé de qué organismo oficial disponía cerca de Jaca y muy próximos por tanto al Pirineo. Nos acompañaba el alcalde del pueblo y señora y el cura. Con este viaje se pretendía tener unas charlas entre matrimonios para aumentar el nivel de familiaridad  y consolidar el grado de unión de un grupo  de media edad de una pequeña población de la comarca.

Jaca estaba cerca y la excursión prometía, ya que, aparte de las reuniones que eran preceptivas, además de obligatorias, teníamos preparado unas visitas a Jaca, paseando por la Catedral, la Torre del reloj y La Ciudadela o Castilla de San Pedro, visitar el Palacio de Hielo y al pirineo aragonés, pasando por Canfranc y llegando a Candanchú, donde se esperaba disfrutar de la nieve y al regreso parar en Huesca para visitar la ciudad.

El conjunto eran matrimonios que llevaban casados diez o quince años, que se habían seleccionado en la localidad por sorteo y que casi representaban el total de habitantes jóvenes de la localidad.

Varias anécdotas sucedieron durante el transcurso del viaje.

Aunque el viaje no era muy largo, tanto en el de ida como en el de vuelta se hicieron algunas paradas. En la primera paramos en un restaurante de carretera para el que quisiera  pudiera tomar algo; solamente bajaron siete u ocho personas. Las demás, aunque también descendieron del vehículo, no tomaron nada. El señor cura, que era un joven avispado y de nueva ola para aquellos entonces - estamos hablando aproximadamente del año 1973 - sugirió hacer una pequeña colecta entre todos para ir pagando los gastos generales del viaje. No recuerdo lo que pusimos, pero todos aportamos una cantidad a escote. Antes de llegar a Jaca, mejor dicho a Puente la Reina de Jaca, hicimos una segunda parada. En este caso se bajó todo el mundo y todos tomaron algo. Curioso ¿no?

Además de las visitas de tipo turístico teníamos por la tarde dos horas de charlas en las que participábamos todos. En una de las intervenciones del cura, éste se le ocurrió decir que si el matrimonio no era bien avenido era mejor pensárselo seriamente antes de sufrir  decepciones. El alcalde, que era más de derechas que Fraga en sus mejores tiempos, dijo que en su pueblo nadie se separaba de su mujer sin permiso de él - recuerdo al lector que estábamos en 1973 - . Algunos hasta aplaudieron, ¿qué os parece?

En otra de las charlas, o la misma que ya no recuerdo, uno de los hombres expuso que el éxito del matrimonio estaba en el respeto y obediencia mutua y que siempre las cosas hay que razonarlas y acatarlas. Como había de todo en el grupo, se levantó una mujer y dijo más o menos que “después de 1973 años de dominio del hombre sobre la mujer, ya era hora que el sexo femenino impusiera su criterio y fuera oída con los mismos derechos que el hombre - quiero insistir en recordar que seguíamos en 1973 -. Sorprendente ¿no?

Y por último en otras de las charlas, uno de los hombres, joven, soltó, algo enfadado por alguna aseveración del “mosén” - cura en Aragón - , que los que tenían que hacer los curas era casarse, lo que produjo una carcajada general, no muy bien admitida por el propio sacerdote.

Durante las horas de visitas turísticas no hubo nada que destacar, salvo que lo que pudimos disfrutar en Candanchú en una sana pelea de nieve a bolazos, de la que disfrutamos hasta la saciedad y, como parece lógico pensar, la tanda de “bolazos” de nieve fue especialmente dirigida hacia el cura y mi persona y del que salimos ilesos, aunque bastante frescos.

Volvíamos en el autocar, cantando como es habitual en estas excursiones, y uno de los hombres participantes exclamó con éxito desbordante: ¡Voy a ser padre! Y no sabemos cómo casi una mayoría de los participantes exclamó: “¡Tan pronto!”

¡VIVA 1973!

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