Volver a buscar
En recuerdo a Ángel Rodríguez Losa
Ángel Bernao | Tomelloso | Sociedad | 02-02-2022

En recuerdo a Ángel Rodríguez Losa

No he conocido a una persona con tanto carácter, con tanto espíritu y tanta franqueza como Ángel.

 Sinceramente no soy la persona más indicada para hacer una valoración real, porque seguramente mi relación ha sido relativamente corta, pero si puedo decir que en el poco tiempo que le conocí me di cuenta de su fuerte personalidad y, si me apuran de su forma de entender las situaciones, pero quisiera atreverme a narrar, aunque sea brevemente, una anécdota que me ocurrió durante mi trabajo en la Oficina de Extensión Agraria.

Era frecuente que anualmente se comunicara con nosotros en la época de la poda para poder echar un vistazo a las plantaciones de viñas que disponía en la carretera de Villarrobledo y normalmente me acompañaba mi entrañable e inolvidable amigo Vicente Lara Morales, por desgracia ya fallecido algunos años.

Pues bien, la historia era la siguiente :

En aquel entonces ya tenía una parcela de espaldera instalada por aquel entonces con postes de madera, antes de que se hubieran instalados los metálicos como actualmente. Como eran nuevas plantaciones, Ángel estaba empeñado en que pudiéramos darle algunas normas de cómo podar las cepas.

Le indicábamos nuestros criterios para la poda en algunas cepas, así como para los tratamientos y otras cuestiones de origen práctico y técnico.

Pus bien, en los siguientes primeros años- no recuerdo cuántos- seguimos realizando las visitas y siempre veíamos que no realizaba las cosas que le decíamos, lo cual resultaba normal para nosotros.

 Uno de los últimos años ya en la propia finca se nos franqueó y en la conversación que mantuvimos nos dijo que los podadores no estaban muy convencidos de la forma de podar que le indicábamos y que él no les quería llevar la contraria.

Bien, la conversación continuaba al mismo tiempo que recorríamos la plantación, hasta que- no recuerdo cómo surgió, pero al final se nos confió Ángel y nos dijo que no era que los podadores fueran unos desobedientes, - como nos había indicado en la última ocasión- sino que él no estaba convencido de lo que le decíamos. Todo ello haya que decirlo en una agradable y simpática conversación, porque Ángel parece que había llegado a una situación de confianza con nosotros- como pude comprobar en años sucesivos-

No dijimos nada, pero nos continuó explicando que cuando nos avisaba y le contábamos la historia de cómo podar, sí quedaba convencido, pero que luego lo pensaba mejor y no le decía nada a los operarios de la poda.

En los próximos años nos llamaba para que le acompañáramos, pero ya nunca lo hacía en la época de poda, sino en pleno verano.

Con esta anécdota pueden pensar cómo era Ángel, y además sí les puedo decir a toda su familia que era una persona con una forma de ser imborrable y que en todo momento ha dejado un grato recuerdo de confianza y amistad en mi memoria.

¡Enhorabuena, Ángel, ¡por todo lo que has hecho!

Volver a buscar