
Bien es cierto que habiendo visitado Budapest hemos conocido el río Danubio que no tiene nada que ver, ni nada que relacione a ambos ríos, puesto que el Danubio tiene una longitud en su recorrido de 2.850 km., mientras que el Guadiana llega a los 817.
Pero, sin embargo, si es cierto que ambos ríos, en parte de su curso sus aguas desaparecen y se infiltran en terrenos arenosos y calizos y durante parte de su recorrido no existe cauce superficial.
Nosotros bien conocemos la existencia del acuífero 23 como una acumulación subterránea de aguas que vuelven a aparecer en el llamado Ojos del Guadiana.
Por su parte, el Danubio pasa por 10 países y en alguna parte de su recorrido tiene unos 20 kilómetros de anchura.

Una de las visitas más interesantes es conocer su paso por la capital de Hungría, Budapest, donde existe un puente llamado de Las Cadenas que une y comunica ambas partes de Budapest, la ciudad de Buda, en su zona alta con su castillo y la ciudad baja de Pest, aunque en realidad fueron tres ciudades contando con Obuda.
Budapest reúne una serie de monumentos de gran historia, tan importantes como el recorrido por el río donde pueden contemplarse muchas de ellas, como, sobre todo, el Parlamento.
Pero si alguna relación existe entre ambos ríos, además de las circunstancias paritarias de ser ríos y tener aguas, es la de que sus aguas, en un tramo determinado de su recorrido, desaparecen por infiltración a capas subterráneas.
En el Danubio ocurre entre dos ciudades alemanas distantes unos 17 kilómetros donde el agua transcurre en cuevas subterráneas y el cauce seco es llamado y conocido como “El sumidero del Danubio”, donde las aguas pasan al río Rin, mientras si contamos desde el Pantano de Peñarroya hasta la aparición del Guadiana en las Tablas de Daimiel la distancia es de casi 50 kilómetros.

Aunque ambos ríos desaparecen y vuelven a aparecer, merece la pena gastar tiempo en observarlos con tranquilidad.

















