
No cabe duda que nuestras tierras conforman una llanura, pero existe un error básico ya que consideramos que son tierras bajas a poca altitud, cuando en realidad no es así específicamente.
Si es cierto que la mayoría de la superficie considerada como llanura es como su nombre indica “llana”, plana sin grandes alteraciones del terreno, ni grandes ni llamativas cúspides, salvo pequeñas excepciones, pero la altitud media de nuestra llanura oscila entre los 650 a los 680 metros de altitud, igualmente con algunas excepciones que no son numeralmente importantes.
Si consideramos algunas localidades de lo que podíamos situar en el perímetro de la Llanura Manchega, comprobamos como la media de la zona que la circunda se encuentra en 816 metros de altitud, mientras que la media de las localidades del centro es de 703 metros, bien es cierto que no existen grandes elevaciones de terreno en todo el territorio, aunque existen zonas como la sierra de Alcaraz y Segura y la Serranía de Cuenca con algunas altitudes de 1.800 metros.
Se trata, por tanto, de una altillanura donde los elementos constitutivos representan suelos de tipo calcáreos, con calizas mezcladas con algo de arcillas, de poca profundidad, aunque muy sueltos y poco retentivos de humedad.
En estas situaciones la depresión formada establece una uniformidad manifiesta que se encuentra decorada por ciertos accidentes físicos y estructurales como zonas de sierra con abundancia de aguas y de un paisaje diferente del acostumbrado, pero magnifica toda la estructura de la composición del medio ambiente y de las numerosas perspectivas que pueden apreciarse a lo largo de su extenso recorrido.


