
La bóveda del cielo
jamás se llenará del almas
sino de muerte.
Detrás de cada ocaso oscuro
revelarse será entregar el cuerpo
al patíbulo de lo insondable,
sobre la cumbre de las noches
y el estupor amargo de lo incierto.
Sólo el sabor refinado del exilio
repetirá la historia de la vida
ante la aterradora figura
de la luz y los espejos.