
Encontrar en el azar
el modo de vivir
sin exigir nada a cambio,
sin la necesidad de predecir
la hora del café
o el abrazo de la mañana,
la existencia responde
al deseo de amar sin reproches,
con esa vaga inmadurez
de la inocencia y el hábito
de saberse cómplice del tiempo.