
No comencéis a pensar que tratamos de referirnos a las mundanales excursiones nocturnas que la juventud actual se monta en parques, jardines y lugares alejados del mundanal ruido una vez abandonadas las discotecas, bares o cafeterías: ¡No, No!, simplemente nos estamos apoyando en aquellas maravillosas noches de verano cuando Tomelloso despierta antes de dormirse y después de cenar.
Las calles se llenan de personajes formales, serias, educadas y conscientes que dedican parte de su tiempo a actualizar sus conocimientos sobre la vida, hechos, noticias, sucesos, acontecimientos y boletín diario de los episodios más descollantes del día.
Esos corrillos de vecinos alrededor de un portal o entrada a casa, donde cada uno de los asistentes portaba su silla correspondiente de distintos modelos y materiales: plegable, de madera, de escalera, de sillín y algunas veces de la mesa del comedor, era donde, una vez cogido sitio, pues algunas veces el escenario estaba lleno y que en algunos casos ya se llevaba la costumbre de pedir cita previa desde el balcón, pues había vecinos del bloque de edificios que de forma cotidiana formaban parte de la agrupación humana, consolidaban una imagen imborrable y reconocida.
La tertulia se iniciaba cuando el propietario-mujer u hombre- donde se tenía adjudicada la casa que hacía de lugar de citas, que anualmente era siempre la misma, daba la orden de asistencia sentándose en su silla señal de inicio de la reunión.
Las situaciones que se producían eran distintas en cuanto al lugar fijado, que, si era una calle lineal sin entradas, ni plazoletas o recovecos, era la puerta del adjudicatario como centro de reunión; cuando existía una pequeña glorieta, normalmente en un lugar próximo a una de las viviendas adjudicatarias.
Una vez ubicados correctamente y pasada la lista de forma visual correspondiente, se comenzaba a conversar de una manera directa unas primeras impresiones de uno de los concursantes que siempre introducía un primer tema y que, inmediatamente, pasaba a un cruce de conversaciones y temas de distinta índole y que nada tenían que ver con el tema propuesto al inicio.
Siempre había alguno que iniciaba el tema tabú de estas conversaciones nocturnas y que se suponía no debía comentarse en esos momentos de vecindad y no era otro que eliminar las críticas más o menos directas dirigidas a hechos presentes o anteriores de alguna persona en particular y, finalmente, se solían circunscribir a anécdotas, curiosidades, acontecimientos, historias, hechos y sucedidos que resultaran anecdóticas y, por tanto, que animaran e hicieran grato el conjunto de la reunión nocturna de personas que necesitaban un rato de asueto de su actividad llevada a cabo durante el día laboral.
Era frecuente, aunque no tanto, que existiera alguno de los contertulios que, como consecuencia de alguna celebración anterior o de “motu propio”, hubiera preparado o reservado algún tipo de dulce que, con todo cariño, se aceptaba y, si el propietario del hueco de la reunión no sacaba alguna bebida, siempre aparecía algún salerosos que traía algún vino o bebida especial adecuada que guardaba para estas ocasiones.
Sea como fuere, las reuniones en estas noches de verano podrían alargarse en demasía, incluso para molestia de los vecinos que no participaban y en ocasiones, por tales voces, que muchas veces eran algo altas.
Estos ratos eran y son inolvidables, porque marcaban un mayor conocimiento entre vecinos y unas buenas ocasiones de entablar intimidad que eran frecuentes, aunque hoy en día son menos frecuentes, porque la diversidad se ha hecho manifiesta y las vecindades han sido diluyéndose en el tiempo, porque la permanencia de las personas en una misma vivienda no es ”eterna”, pero nos proporciona mucha alegría que todavía podemos ver estas reuniones de vecindad que nos da una imagen de amistad, de comprensión y de buen entendimiento entre los habitantes de una calle o plaza.
En definitiva, lo que siempre se ha llamado en toda España “ Tomar el fresco”, “Tomar la fresca”,”Salir a la fresca”.
Por terminar, comentamos una anécdota entre las muchas existentes que ocurrió en una ocasión.
La reunión estaba siendo muy animada y ya llevaba un tiempo en común conversación. Uno de los participantes- llamado, por ejemplo, Juan- se despidió excusándose de la necesidad de tener que ir a descansar con una expresión similar a esta: ” Me quedaría con todo gusto, pero tengo que finalizar algunos asuntos, pero no os preocupéis, continuar y mañana seguiremos.”.
Las conversaciones de los vecinos continuaron y, al poco tiempo, se adhirieron una pareja, por lo que las conversaciones entraron en una nueva dinámica, pero, en un momento determinado aparece la voz de Jua, por la ventana de su casa, diciendo: ”Os queréis callar,ya,¡coño!”, para gran sorpresa.