
Cuando todo esto acabe
e incluso lo inolvidable
de bailar cien veces al día
aferrado a las sombras
sea tan solo un mero desajuste emocional,
volveremos a creer en la estrategia
y el deseo de reconquista.
Ahora, nada es tan erróneo
como inocular aire al agua
almacenada en una pecera,
desde dentro, la vida,
parece otra cosa bien distinta
a esta sensación de miedo
que se refleja vagamente en el vaho
de este tardío invierno con aire de grandeza.
En el patio, estarán,
para cuando respiremos,
los zapatos de domingo y esa camisa
de lino azul que tanto te gustaba,
un lápiz de punta fina
junto a una libreta desgastada,
una canción de antes,
de aquellas que solo tú yo fuimos
capaces de bailar desnudos,
"Turn Me On" de Norah Jones
¿te acuerdas? y un mar mínimo
erguido y precipitado hacia el fondo
de lo innecesariamente recuperable.
No importará entonces, clavarnos los cristales
y tragar el aire de la vida nuevamente,
-en lo más irrazonable del crepúsculo-
a salvo de infieles testimonios,
rozando nuestras lenguas entre el silencio
y el aire denso y dulce de las peceras.
Cuando todo esto acabe...
@ Miguel Á. Bernao
#poemasbernao