
Como otras tantas veces hacía el crepúsculo,
se quedó dormido en un banco al sur del Bronx,
mientras, a golpes de puños y estribillos,
en el profundo caos de aquellas calles pragmáticas,
sucedió el milagro, caricias negras y blancas
acompañadas de letras introspectivas y gin-tonic,
al parecer el argumento exigía ver crecer la estrella
y hacer eterna la historia del hombre y el piano.
"Hijo, ¿puedes tocar un recuerdo?"