
En unos momentos de convulsión mundial donde los conflictos armados son la tónica diaria, algunos de ellos de feroz actualidad, Goliat contra David, en un oriente medio donde se masacra a todo ser viviente sin muchas posibilidades de huida, en una especie de trágico tiro al pato en un estanque cada vez más reducido y donde no son respetados ni los niños más pequeños. En pleno corazón de Europa, donde también la población civil es el enemigo a derribar con sofisticadas armas que matan a distancia y no tienen ningún pudor en masacrar maternidades, guerra en su tercer año y sin visos de finalización. Sin contar con otras casi olvidadas, como la de Sudán, en el continente africano, conflictos irresueltos en Asia o Centro América, continuas provocaciones en el Mar de China a Taiwán o las de Corea del Norte a Japón.
Dejemos el resto del mundo y miremos un poco para casa, veremos que, como dice Luis Díaz-Cacho, “de un tiempo a esta parte la sociedad española anda algo soliviantada, demasiado crispada, falta de un espíritu de convivencia que necesitamos cada día con urgencia”, para ello, con el esfuerzo de Imás Tv y el Grupo Oretania, se han unido más de una veintena de poetas para poner el grito en la Paz y con el verso en la garganta ahuyentar los “rumores de guerra” que atormentan a las personas de buena voluntad.
De este modo Aarón Guardia, en sus “Banderas de Paz”, “anuncia la luz de las campanas / en una ciudad de muertos”. Mientras Almudena María Puebla, nos recuerda con su “Villancico”, que “Lejos en la distancia / las bombas siguen cayendo, / los hombres se siguen matando / y los ruidos incesantes / dejan un rastro de miedo”. Por eso Aurora Rey Aragón, se pregunta “—¿Quién escondió la paz? —“, para pedir, “Quiero tapar mis oídos. / Quiero apretar muy fuerte / la mano de papá y mamá. / Quiero escuchar su voz. / Que me digan / ¡duerme mi niño, / duerme esta noche en paz! / Que es solo un mal sueño. / Solo un sueño. Nada es verdad.”
De esos niños más desfavorecidos se acuerda Elisabeth Porrero, en su “Balón de papel”, cuando nos recuerda que “Solo les dejan a ellos / sus sueños hechos de tierra, / de papel, plástico o ramas / y éstos pueden realizarlos. // Si les permiten crecer / quizás paguen con su vida / seguir cumpliendo otros nuevos”. Y Elisa Toledo, nos hace una pregunta difícil de contestar, “Si la guerra no sirve para nada / Solo avasalla las almas / Sacrifica inocentes / Destruye la libertad / ¿Por qué se empeñan en la guerra?”.
Vicente Ballesteros, con su positivismo considera que “Es tiempo de apostar por la cordura, / abogar por la paz en este mundo, / no vaya a perecer en un segundo / a manos del terror y la impostura”. Manuel Muñoz Moreno, a través de Begoña Mansilla, se atreve a contradecirle “¿Quién se atreve en estos días a hablar de cordura? / cuando se desgarra la Tierra, / se desgarran los hombres / mostrándonos los jirones de repente / como insolencias interminables / ¿Quién tiene el punto que debe dar equilibrio / a esta noche desmesurada?
A lo que Juan José Guardia Polaino, reclama atención para las madres, pide, exige, “Dejadlas que griten por sus labios heridos. / Dejadlas que bailen su dolor de madres / por sus hijos muertos. / Dejadlas, es la guerra quien les pone lágrimas / frente al estertor de la sangre turbia / que reina los exilios / Dejadlas, porque en ellas / vive la angustia de lo profundo”. A Ramón Aguirre, le duele el “Terror agónico y niebla gris / que atraviesa ventanas y acedías, / cuerpos, mentes y palabras.”
Desaliento, zozobra, pena, los sentimientos desvelan a Víctor Manuel Gutiérrez, “Hoy me desperté / Con la paz desvanecida entre las manos / Escuchando esos gritos que jamás se callan, / Entre senderos de lágrimas / recubiertos de impotencia acumulada.” Porque “Hay un hambre de paz / que es alimentado por la guerra”, en la que María José Redondo (Mayu), ha intentado poner color sin conseguirlo. “Mi madre me quería de rosa / y mi padre me vestía de azul. / Después, me hicieron mayor, / el amor y el desamor se conocieron / y la guerra se alimentaba de la paz. / Así, fue como mi vida, dejó de tener color”.
Isabel Villalta nos da un poco de esperanza cuando asegura que “Lo cierto es que también hay seres serios / que rigen el instinto de pensantes / y cruzan el milagro de la vida / y la azul hermosura de la tierra / venciéndose al amor, prodigando su dicha / aquí en la tierra, / la tierra que nos muestra el Arco Iris / y desde donde vemos las estrellas”. Esperanza que Nieves Fernández, refuerza con su pequeño príncipe, “El príncipe no quiere mirar al cielo / y ver los aviones que van a pelear. / Quiere que las palomas vuelen sin miedo / y lleven en sus patas mensajes de paz. / No quiere dinamita en las escuelas / sino libros con vida para estudiar”.
Luis Romero de Ávila, clama con una “Oración por la paz”, en la que “Soy / partidario de amar, por eso voy / a cara descubierta por el mundo, / asciendo y bajo al sitio más profundo / y libre hasta el final contigo estoy”. Y en esa constante de súplicas, también a lo divino, Teresa Sánchez Laguna, lanza al cielo su ruego “Te suplico, Madre de la Paz, / que tu gracia sea rocío / de solidaridad sobre el mundo. / Danos hoy tu paz / que es fruto de verdad y de justicia”. Del ruego al deseo hay un paso y Eusebio Loro, lo da con el suyo “Ojalá dejen de matar, / ojalá la guerra pare por última vez / que los ríos corran sin sangre / y puedan respirar las flores. / Por qué que no hay clavel ni rosa / que se salve de la tristeza, / ni abrazo que la calme”.
A Presentación Pérez, le toca pedir “Que las voces no callen / ante tanta injusticia, / ante tanto desorden, / ante tanto dolor.” Antonia Piqueras, se le une y nos pide que hablemos, “Habla. / Que tus palabras se rebelen / ante el miedo, la injusticia, / la violación de derechos, el terror / ante cualquier violencia”. Javier Márquez, también pide la palabra “Desperté de súbito / y pedí la palabra, / alcé la voz / para exigir lo imposible, / abrí mi ventana / y pedí la palabra”.
Alfredo Jesús Sánchez, se une a todos ellos y reclama “Dejad que mi alma grite / y pida y suplique y cante: / ¡¡ Solo necesitamos LA PAZ !!”. A lo que Luis Díaz-Cacho afirma que “Nos debemos la paz con la esperanza / de que brille de nuevo el sol de día, / nos debemos la paz de la utopía / que convierte en amor la cruel venganza”.
Veintiuna gargantas que sangran juntas en “Poetas para la paz” para reclamar, pedir, rogar, orar, exigir, suplicar, implorar, demandar y si hace falta mendigar por un coscurro de paz. Nos debemos la paz, una paz duradera, una paz para todas y todos, más allá de creencias, de sexos y de razas. Una paz que alcance al mundo entero. Una paz dentro y fuera de casa, un adiós definitivo a la violencia, a toda la violencia, venga de donde venga.