
Seguimos recorriendo nuestro territorio y no podemos dejar de lado la existencia de las construcciones que se muestran en el campo pudiendo diferenciar aquellas según sus diferentes usos.
Partimos de las clásicas casas de campo sencillas donde sirven más de refugio y reposo de las labores habituales del campo en parcelas lejos de la población y que, como máximo, suelen dispone de una nave para cochera de la maquinaria y además como pequeña vivienda de recogimiento, que son las de mayor abundancia en las zonas de la llanura manchega.
Otras veces nos encontramos las no menos características naves rectangulares cuya única misión es la de almacenar maquinaria, aperos y, en algunas ocasiones, como depósito eventual de productos del campo, como partidas de cereales, melones, sandías y otros productos agrícolas.
Ya en determinadas zonas de nuestra geografía y especialmente en las zonas de monte, apreciamos las grandes fincas camperas que sirven de vivienda para los propietarios, acceso de alojamiento también para los encargados, trabajadores fijos y manos obra eventual, muchas de ellas dedicadas a la explotación de ganado lanar o vacuno.
Las construcciones dedicadas al deporte de la caza, donde se organizan eventos para esta afición, con algunas instalaciones incluso con zonas habitables, como dormitorios y zonas de descanso.
No faltan las construcciones ganaderas dedicadas exclusivamente a la cría de ganado vacuno de lecho o de carne, a las de granjas de conejos y ganado lanar, que constituyen edificios representativos de las zonas que paseamos y podemos encontrar con menor facilidad.
Todas estas construcciones a pleno campo, forman parte de la perspectiva que proporciona nuestra imagen, tanto en la llanura como en las zonas de monte y que integran el volumen general de un paisaje atractivo, original y sin duda muy apreciable y distintiva de otras zonas agrarias.



