
En los comienzos de primavera lo que posiblemente sea más espectacular por su belleza es la impresionante imagen que específicamente realizan los árboles que llamamos de hueso por sus esplendorosas y llamativas flores aisladas, sin haberse producido la salida de hojas que llenan completamente todo el árbol de flores.
Estos árboles son generalmente plantas frutícolas o de adorno y pertenecen todas a la misma familia botánica de las Rosáceas como plantas de cinco pétalos y dentro de ellas las que conocemos como frutales de hueso que se caracterizan por presentar la floración antes que la aparición de las hojas y entre ellos tenemos los ciruelos, cerezos, melocotoneros, albaricoqueros, almendros, de los que existen además especies y híbridos que se utilizan en parques, paseo y jardines que dan una impresión difícilmente descriptible, pero que indudablemente dan la impresión de encontrarnos en un mundo nuevo de esperanza y de libertad.
Bien es cierto que, en muchos casos, los árboles de hueso cultivados para su aprovechamiento en forma de fruto, tienen la consecuencia de un mayor cuidado técnico y de cultivo, para aquellos arboles dedicados a otros aprovechamientos y de hecho muchas plantaciones de árboles van dirigidas a aquellas familias botánicas en las que se buscan más la posibilidad de utilizarse como árboles de sombra, donde la importancia de la belleza de la floración es menos importante.
De esta manera loa árboles de sombre djsponen de una floraciones menos alarmante y apreciable que los conocidos árboles frutales de adorno en parque, paseos y jardines.




