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Vocabulario popular: Dichos y refranes (9)
Ángel Bernao | Tomelloso | Sociedad | 10-02-2020

Vocabulario popular: "Dichos y refranes (9)"

Otra serie más de nuestro gran bagaje refranero, que nos permite reconocer la gran imaginación e inventiva de los españoles por saber sacar de cualquier circunstancia alguna alegoría, conocimiento y  expresión que nos permita recordar cualquier suceso de nuestra vida cotidiana, lo que conocemos como sacar partido de cualquier momento, en lo que los españoles somos unos sabios.

Pues nada, continuamos aportando nuestro pequeño granito de arena.

“Salir o perderse por los cerros de Úbeda”

 La explicación es bien sencilla, con esta expresión queremos quitarnos de encima alguna conversación o algún tema que no  nos interesa y desviar nuestro entendimiento o nuestra conversación a algún otro tema que no tenga nada que ver con los que se está hablando o según otra acepción desviar la conversación con explicaciones o palabras exageradas o salidas de tono del tema que se comenta o se está tratando.

El origen de esta expresión data de la época de la dominación musulmana en el siglo XIII, cuando después de la famosa batalla de las Navas de Tolosa, se produjo otra gran acontecimiento entre los cristianos y los almohades en las proximidades de la ciudad de Úbeda con el rey Fernando III, el santo, que, una vez terminada la batalla, echaron en falta a uno de los capitanes del rey, llamado Álvar Fáñez, conocido como “El Mozo” y que nadie sabía qué había pasado con él pues no se encontraba entre los muertos. Al final el Mozo apareció vivo y el rey le preguntó que dónde había estado y contestó que  “se había perdido en los cerros de Úbeda”. No se sabe si fue por cobardía o por haber tenido una cita con una buena moza.

“Ponerse las botas”

Todos entendemos que la expresión “ponerse las botas” significa disfrutar o haber disfrutado de algo con abundancia y se asocia con riqueza, prosperidad y gran poderío.

Pues esta expresión nació cuando se comenzaron a comercializar este tipo de zapatos, ya que en aquel entonces solamente estaba al alcance de los que más dinero disponían, de las clases altas, mientras que la clase media y baja no tenía capacidad de poderlas adquirir.

“Vete a tomar vientos, al carajo, a tomar por saco, a hacer puñetas, a tomar por culo”

Todas estas expresiones tratan de lo  mismo, que no es otra cosa que querer desembarazarse de una persona con malas maneras y de forma poco educada, con toda la intención del mundo.

**“Al carajo “. El carajo era el punto más alto de un barco donde se divisaba el horizonte y que era el más peligroso para subir a él y que, lógicamente, era el más alejado del barco y donde no molestabas a nadie.

“Por saco“. Hay dos acepciones: una de procedencia de la lengua de los antiguos bárbaros, donde existía un viejo inválido que el hombre pedía que le trajeran las cosas siempre y este hombre se llamaba precisamente Saco y otra que el saco era lo que precisamente llamaban los griegos, culo.

“A hacer puñetas”, ya lo explicamos en otro artículo.

“A la mierda “ y “ Por culo” no necesitamos realizar ninguna explicación ampliativa.

“Estar con la espada de Damocles encima”

Esta frase puede también coincidir en su sentido con la de “estar pendiente de un hilo”.

Esta forma de hablar indica que por mucho que te creas, por mucho que pienses que eres muy bueno, mejor que otros, que te creas que eres superior y que has llegado muy alto, siempre puede ocurrir que un día todo se hunda y se vaya abajo y te des cuenta que no eres nada más que una persona como otra cualquiera en este mundo.

 La razón de esta expresión proviene de épocas antiguas cuando el tal Dionisio, que era una  mala persona y se comportaba como un tirano, gobernaba la ciudad de Siracusa hacia el siglo IV. Este personaje a pesar de su gran poder, siempre tenía la impresión y el miedo de que alguien quisiera matarle y quitarle de en medio.

Damocles era un servidor de Dionisio que esperaba su ocasión para ascender en su cargo y, mira por donde, el tal Dionisio, verdaderamente agobiado con su pensamiento, le propuso un día que se pusiera en su puesto, dando órdenes a sus servidores que le prestaran todo tipo de atenciones. Damocles accedió y durante un tiempo estuvo lleno de placeres y de atenciones, hasta que un  día se fijó en el techo y comprobó que encima de él existía una espada de muy buen filo que colgaba de un hilo. A partir de entonces Damocles comenzó a tener los  mismos temores que Dionisio, cediendo de nuevo el cargo a su señor.

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