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Paisajes de Tomelloso: En Tomelloso hay viña
C. Manchegos | Tomelloso | Sociedad | 10-02-2020

Paisajes de Tomelloso: "En Tomelloso hay viña"

El paisaje de Tomelloso reúne muchas vistas  e imágenes que marcan su identificación y no es otra que la presencia constante y continuada de sus plantaciones de viñedo.

Las cepas están en todos los caminos y en todos los lugares de la llanura tomellosera y junto con la imagen añadida de los bombos es la determinante final de poder identificar cualquier fotografía aunque no tenga pie de imagen.

 

Eso nos distingue y hace que nuestra propia personalidad haya derivado  en todos los medios de comunicación, revistas, periódicos e informaciones en general.

La viña se debió iniciar a plantar en el término de Tomelloso hacia mediados del siglo XVIII y desde entonces la progresión fue continua y progresiva en proporciones importantes.

Tomelloso disponía  en su término de unas 24.000 hectáreas de las que 18.900 eran plantaciones de viñedo, que si a ellas unimos otras tantas superficies de otros términos municipales, hace que los tomelloseros tengan una de las superficies más importantes de las zonas vitícolas y la de mayor producción en cuanto a kilos de uva producidas.

Como hemos indicado las plantaciones de viña se hacían anteriormente y en sus primeras épocas a mano a distancias de las tres varas (unos 2,50 metros a marco real) lo que proporcionaba un total de 1.600 cepas por hectárea y las plantas eran las llamadas “del país”. Como consecuencia del ataque de la plaga de la filoxera en la vid  a partir del último tercio del siglo XIX, se comenzaron a plantar viñas injertadas y todas las plantaciones eran en bajo.

A partir de mediados del siglo veinte se comenzaron a realizar plantaciones en lo que se llaman “formas apoyadas”, es decir, con postes y alambres; al principio los postes eran de madera y actualmente de hierro. Estas plantaciones se hacían a una marco general de 3x1,5 metros o 3x2 metros, entre 1.600 a 2.000 cepas por hectárea, lo que permite poder realizar recolección mecanizada y, ya a los pocos años, se comenzaron a introducir las   nuevas plantas llamadas “variedades mejorantes”, que son procedentes de otras zonas de otros países, pasando de nuestras variedades tradicionales: Airén Y Cencibel a otras distintas: Macabeo, Moscatel de grano menudo, Viognier, Sauvignón blanc, Chardonais en blancas y Cabernet Sauvignón, Merlot, Syrah, Petit Verdot, entre otras.

 Realizada esta pequeña semblanza de nuestros viñedos no se puede evitar reconocer que la imagen en nuestros campos se haya modificado sensiblemente en relación a lo que la viña se refiere, así las imágenes de nuestras cepas agarradas al terreno, serias, inmóviles y formando un mismo cuerpo en el terreno, esas miles de cepas más o menos alineadas, pero en perfecta formación, que su imagen ha dado la vuelta por todos los lugares como identificación de la Mancha, ya no es la  misma. Ahora da la sensación de que las cepas han cobrado vida, parece como si se movieran, brillan en esas largas hiladas de postes y alambres que hacen vibrar a los sarmientos  y que producen una sensación a la vista extraña y desconocida , por lo que las vistas de nuestras espléndidas parcelas se han renovado al mismo ritmo que la época moderna se ha actualizado a las nuevas tecnologías, dándonos una nueva perspectiva por lo que nuestros campos han adquirido un paisaje que pasa de ser pura pintura a ser además pura imagen fotográfica, que proporciona una belleza distinta de otra dimensión, pero conservando esa belleza natural de nuestra llanura manchega.

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