
Partimos de la visión original de un paisaje serio, soberano y uniforme en cuanto a sus distintos cultivos, pero a su vez llenos de luminosidad en sus distintas tonalidades solamente apreciable por aquellas personas de una mayor sensibilidad y concepto de la belleza de los paisajes contemplados.
De nuestras plantaciones de viña, cereal y de los olivos con aquellas parcelas que recibían agua mediante el sistema de riego a pie, con las correspondientes regueras que asomaban su cristalina dimensión en las horas del verano, pasamos en pocos años a un concepto distinto de la dimensión espacial de nuestros campos.
La primera modificación paisajística podemos describirla con la aparición de nuestra entrada en la Unión Europea y las posibilidades de reconvertir nuestras explotaciones en cultivos de mayor rentabilidad y de mayores posibilidades de futuro rendimiento económico.
De esta manera se iniciaron las mejoras de las técnicas de riego especialmente por la introducción de otros cultivos herbáceos además de los ya existentes, fundamentalmente cereales y específicamente cebada en su mayoría, que conllevaron como consecuencia la instalación y llegada de los sistemas de riego por aspersión, mediante aspersores acoplados a tuberías de duraluminio (inicialmente de fibrocemento), que permitían cubrir la superficie de riego de unas distintas, y a la vez, novedosas especies de cultivos como alfalfa, remolacha, principalmente que se desarrollaron con gran amplitud en la zona, aplicados igualmente a la viña.
Sucesivamente estos cultivos fueron desapareciendo como consecuencia de la limitación de los caudales de riego asignado a las explotaciones de los agricultores y por los elevados costes de producción, aunque hay que reconocer que se mantuvieron durante unos años con bastante esplendor y que fueron sustituyendo a plantaciones de viñedo que fueron arrancadas para el establecimiento de estos cultivos.
Pasada esa euforia que supuso además la instalación de otra variante de mayor amplitud de riego en superficie con sistemas fijos mediante instalación de pívots, que florecieron con gran dimensión en muchas explotaciones y dedicadas a cultivos de cereales y otros protegidos por la Política Agraria Comunitaria, como girasol, colza, cereales, guisantes, soja y otras especies vegetales que florecieron con amplitud durante un periodo de tiempo considerable.
Las instalaciones se fueron perfeccionando en el caso de los sistemas de riego por aspersión por cobertura total, incluso con las instalaciones de tuberías enterradas sin tramos portátiles de tuberías de conducción, así como también una nueva visión de la parte aérea no agrícola como fueron la proliferación de postes de transporte de energía eléctrica que produjeron igualmente una nueva maraña aérea de cables, postes y tendidos eléctricos a lo largo de parcelas, fincas y caminos, que afortunadamente, muchas de esas instalaciones en alguna de sus fases, se efectuaron con la realización de zanjas para el enterrado de cables eléctricos.
Estas instalaciones portátiles en el caso de riegos por aspersión y de riegos por el sistema de pívots produjo una cambio fundamental e importante en comparación de aquella versión rural de los antecedentes de nuestros orígenes totalmente rurales en su sencillez a pasar por la vorágine de parcelas que en pleno verano formaban una amalgama de distintas vistas y perspectivas de lo más originales, pero muy materializadas en vista de los movimientos, no tanto de los pívots, sino de los cambios de tubos y aspersores en las parcelas, proporcionando una visión dinámica, en contraste con la quietud y serenidad de la agricultura tradicional, y especialmente del clásico paisaje de La Mancha.