
Una de las muchas virtudes que tienen los tomelloseros es su indudable originalidad para saber dar vueltas a los temas, a los asuntos más difíciles, a los problemas y a las dificultades, mediante soluciones fáciles, naturales y sencillas huyendo de las grandes aportaciones faraónicas que muchas veces no llevan consigo los resultados apetecidos, mientras que los habitantes de Tomelloso aportan naturalidad, sentido común y se apañan con una variedad de soluciones de tipo llamémoslos caseros, pero que dan los resultados apetecidos.
Entrando en este primer tema, traemos a colación la problemática que se viene presentando en muchas ciudades la abundancia y proliferación de ciertas animales que terminan siendo un gran problema de habitabilidad y de salubridad notoria y, aunque ya sé lo que están pensando, no son los bichos tan odioso como las cucarachas, las ratas o los ratones, entre otros, que también los son, sino en este caso las ciertas aves como las palomas. Recordemos la problemática que tiene Madrid con las famosas cotorras argentinas que han invadido todas las zonas verdes arboladas y a las que ya se las denomina el “demonio verde”.
Pues bien, muchas soluciones se han aportado para las palomas en evitación de la proliferación e intensidad de presencia de estas cariñosas y afectivas aves que siempre han tenido muy buena fama en el público y que no dejan de ser un problema en algunas zonas de Tomelloso. Desde la instalación de alambres, púas, espirales y mallas que evitan su posado, con descargas eléctricas, con la distribución de aves de presa, con geles de pegamento, con jaulas de retención, con construcción de palomares en las afueras de la población, pero desde luego no han sido nunca soluciones erradicantes, ni que consigan disminuir la afluencia de estas aves.
Bien es cierto que las condiciones higiénico-sanitarias de cada localidad hacen que la proliferación pueda ser mayor o menor o como ocurre cuando se dispone del hábito o costumbre de darles públicamente comida en ciertos lugares de gran afluencia de público en lugares turísticos frecuentados.
Pues les puedo asegurar, aunque tengo que reconocer que puedo estar equivocado, que algún tomellosero, que es digno de alabar por su perspicacia, conocimiento de las aves y su ingenio -me río de don Miguel de Cervantes- ha sabido solucionar el problema con la fotografía que presento.

Actualmente ya no encuentro al personaje de la fotografía donde estaba antes, porque en el edificio donde se encontraba ya no lo he vuelto a localizar, pero sí puedo asegurar que las veces que he pasado y he observado al ave colgante, desde luego la presencia de palomas no existía, es más, ni tan siquiera pasaban por encima ni de cerca y es que hay que reconocer que tener la soberana idea de subirse al tejado con martillo, tacos y tornillos e instalar a este búho, ya de por sí tenía su gran detalle de ingenio, pero además es que el “búho colgante”, como ya lo he bautizado, tenía la habilidad de poder girar su cuerpo a capricho del aire, por lo que conseguía dos cosas: tener movilidad y dar constancia de su presencia y además hacer frente a cualquier osada paloma que intentara albergarse en el edificio o en el próximo.
Por terminar este artículo tengo que afirmar que pasado una largo tiempo, más de un año, las famosas palomas llegaron a darse cuenta que el “búho colgante” ya no asustaba a nadie y comenzaron a posarse con toda tranquilidad como se puede observar en una de las fotografías, aunque dándole más imaginación, como merece este artículo es que el búho estaba de espaldas y las palomas aprovecharon para posarse sin que se diera cuenta.

Ello no quita para que haya que reconocer la gran idea del que colocó al animal y que seguramente la aparición de palomas haya sido también el motivo de haber desaparecido de su lugar de costumbre.
Quiero advertir que si el fin de la instalación de mi “búho colgante” era otro, me gustaría saber el motivo por el que se instaló, pero, sea cual fuere, no queda más remedio que felicitar en mi nombre a este tomellosero. De todas formas enhorabuena porque queda demostrada la imaginación tenida.