
Así, de forma sutil y sin querer defraudar, el paisaje natural en los distintos terrenos y en nuestras parcelas cultivadas y sus suelos se nos coló algo que era nuevo. Se trataba de unos pequeños diseños de tubos negros que se fueron expandiendo cual plaga en las tierras dedicadas a cultivos de regadío, pero además se atrevieron a invadir también en nuestras parcelas de viñedos con una agresividad natural.
Esta plaga que invadió nuestros paisajes no fueron nada más que la deslumbrante aparición y extensión final del riego por goteo, que fue sustituyendo los riegos por aspersión o de utilización de pívots y que suponía un teórico supuesto ahorro de agua en los consumos de riego a los cultivos, provocado por la corrección en los volúmenes de agua asignados y delimitados para todos los cultivos, como consecuencia de la excesiva extracción de agua de los acuíferos que forzaron a regular administrativamente los consumos anuales.

Así, estas tuberías diseñadas que con sus correspondientes goteros permitían regular y economizar el consumo de agua, invadieron el paisaje y a partir de los meses de pasada la primavera aparecieron unas distintas masas de agua y tierra húmeda nunca vistas, pues los riegos se trasladaron a todos los cultivos, incluidos los olivos y, por supuesto, las viñas.
Evolucionando en estos sistemas de riego por goteo, se produjo posteriormente una evolución por el enterrado de las llamadas tuberías generales que libraron en parte la maraña de tuberías y que prosiguieron las mejoras con el enterrado en algunos cultivos incluso con los ramales secundarios portagoteros, proporcionando el agua aportada a la zona del suelo donde se desarrollan las raíces de las plantas y, cuando observamos las tierras en épocas en las que no se riega y en terrenos ya suelto y libres de plantas herbáceas, podemos observar unos pequeños tubos que sobresalen del terreno como si estuvieran creciendo y quisieran salir al exterior, que, como todos sabemos no son otra casa que el lugar donde posteriormente se encuentran los empalmes de los ramales posteriores que se distribuyen por las parcelas.
En muchos de los campos aparecen de forma regular unos pequeños agrupamientos de tuberías en un preciso recinto de obra que suponen los llamados hidrantes, que son secciones de riego donde mediante unas llaves se pueden desplazar el riego a distintas zonas de las parcelas.
A efectos de nuestro trabajo nos encontramos con una nueva perspectiva del paisaje de las distintas zonas de cultivos en las tierras de los tomelloseros y en este caso no es la primera, pues si conservamos la memoria veremos que hemos pasado por varias fases ya mencionadas. Considerando como naturales el paisaje original formado por cereales, viña e incluso olivo, pasamos a una verdadera invasión de cultivos herbáceos, seguido de sistemas de riego por aspersión, así como la aparición de plásticos. Tres modificaciones del paisaje que juntamente con la nueva imagen que produjeron las redes de riego por goteo, nos permite ver y comprender la enorme modificación de nuestras vistas paisajísticas. Pero, además, estos cambios no fuero únicos pues todavía nos encontramos con otras nuevas modificaciones de nuestras perspectivas del paisaje de los campos y tierras tomelloseras, que no indicamos que sean exclusivas, pues otras zonas de nuestro territorio manchegas también las han sufrido, sin querer denostar ni desmerecer que estas evoluciones hayan podido impedir, ni tan siquiera entorpecer el desarrollo, pero sí quiere inducir la evolución de un progreso inevitable, necesario y actualizado.
