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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Esta localidad muy cercana a la de Siguenza, cuenta con varias leyendas de distinto sentido que son interesantes de narrar.

Una de ellas es la que se ha apelado como “Las cadenas del moro”. El inicio de esta leyenda arranca de zonas muy lejanas, concretamente en la ciudad de Argel, donde existía un joven cristiano que se encontraba tiranizado  por el sultán, que le hacía trabajar en los peores deberes y obligaciones posibles, sin que el cautivo protestara ni tuviera intención que adular al sultán para mejorar su situación.

No obstante, en un momento fue acusado de haber permitido y facilitado la huida a otros cristianos, por lo que inmediatamente pasó a una mazmorra. En la misma mazmorra se dio cuenta que también existía otra persona que le saludó implorando a la Virgen del Madroñal y que no era otro que un monje cristiano de la Orden de Calatrava.

El monje quiso saber la causa de su cautiverio que el cautivo le contó que había sido designado como  guardia de un embajador de los Estados Pontificios, pero tuvo la mala suerte que el embajador murió quedando solo y sin nadie que le protegiera, por lo que comenzó a pordiosear por las calles y finalmente se enroló en las tropas del pirata Barbarroja, pero volvió a tener mala suerte porque la nave donde se encontraba fue a tacada por los moros y al final vendido como esclavo.

El monje confesó que su estado de salud era muy delicado y pensaba que iba a fallecer con prontitud y por eso le dio al cautivo una Imagen de la Virgen del Madroñal y que la guardara y que no se preocupara que, aunque él muriera, la virgen el protegería. Al coger la imagen esta se iluminó y cuando quiso agradecérselo al monje, se dio cuenta que había fallecido.

Pasando a la  localidad de Auñón, un día un pastor que había iniciado su trabajo al amanecer se dio cuenta que había un hombre en el suelo y que llevaba cadenas en los pies.

Preocupado el pastor se acercó para interesarse por el estado de salud del hombre y, nada más llegar, le preguntó dónde estaba la ermita de la Virgen y al mismo tempo mientras se recuperaba le contó su historia. El pastor se quedó sorprendido de lo que había escuchado y dudaba si sería verdad o mentira, por lo que el pastor decidió bajar al pueblo y hablar con las autoridades para contarles el caso. Subieron con el herrero que le cortó las cadenas y el hombre se quedó en la ermita bajo el cuidado del monje hasta que se repusiera.

Cuando pasado el tiempo, el hombre se encontró repuesto decidió volver a su tierra, y dejando como recuerdo sus cadenas, indicó que las colgaran en algún lugar del templo de la ermita como así se hizo, y la sorpresa surgió cuando en el año  1702 se hicieron unas mejoras en la ermita y su pudo comprobar por un experto que las cadenas eran de oro, por lo que evitar robos fueron guardadas y cerradas en un arcón.

Pasado el tiempo se decidió que las cadenas fueran fundidas para hacer unos cálices y, cuando fueron a sacarlas, las cadenas habían desaparecido, comprobando que al arcón seguía cerrado y nadie se las había podido llevar.

Los vecinos piensan que la Virgen había sido la que se llevó las cadenas, porque no permitía que fueran sacadas de la ermita y se espera que algún día aparezcan encadenadas a los pies de algún otro cautivo.

Cadenas del Moro