Este pasado jueves he salido a la calle en Tomelloso con un objetivo simple: hacer lo justo y volver. Y en días como este, esa es la primera decisión sensata. No porque haya que meterse en casa por sistema, sino porque cuando el viento y la lluvia aprietan, la ciudad se vuelve menos previsible. No hace falta exagerar: basta con mirar lo que se mueve.
Con temporales, el peligro más habitual no es “mojarse”. El peligro está en lo que puede caer o desplazarse: ramas, árboles que ceden, cascotes de una cornisa, elementos de fachada, chapas, carteles, toldos, macetas… cualquier cosa que en un día normal ni se te pasa por la cabeza. Y si el terreno está saturado de agua, se suma otro riesgo que conviene tener presente: desprendimientos en taludes o zonas de tierra. Son situaciones puntuales, sí, pero cuando ocurren, ocurren rápido y sin margen.
Además, no partimos de cero. Hace poco pasamos por Kristin, y Kristin dejó una lección clara: el daño serio muchas veces llega por lo cotidiano. Lo que se suelta, se cae. Lo que se cae, cae donde pasa gente. Y el error que más se repite es siempre el mismo, dicho con absoluta tranquilidad: “voy un momento, no pasa nada”. Esa frase es la que convierte un trayecto corto en una mala noticia.
Por eso, hoy conviene moverse con un poco más de criterio. Si no hace falta salir, mejor. Si hay que salir, lo razonable es evitar zonas con árboles grandes cuando hay rachas, no caminar pegado a fachadas con cornisas o elementos sueltos y mantenerse lejos de obras, andamios o carteles que ya se ven “trabajados” por el viento. Y una regla que no falla: si una zona está cerrada o acordonada, se respeta. No es un adorno, es prevención.
En casa, la autoprotección empieza por algo muy simple: revisar balcón o terraza. Lo que esté suelto hoy puede terminar en el suelo de la calle. Y eso ya no es una molestia, es un riesgo para cualquiera que pase por debajo. Con dos minutos basta: recoger, asegurar, dejar todo bien sujeto.
Si toca conducir, mismo enfoque. No es día de apurar. Mejor ir con más distancia, menos velocidad y atención extra a rachas laterales y a posibles obstáculos en la calzada. El viento no te avisa cuando empuja, y menos si vas confiado.
No estoy pidiendo heroicidades ni dramatizando. Estoy pidiendo lo que siempre funciona: prudencia. En Tomelloso, con el temporal de ahora y con el recuerdo reciente de Kristin, lo inteligente es reducir exposición, elegir mejor por dónde pasas y asumir que ayer ni seguramente hoy es un día para “arreglarlo sobre la marcha”. Porque lo normal es que no pase nada… hasta que pasa.











