La Semana Santa de Tomelloso 2026 ya ha echado a andar. Y lo ha hecho con una mañana de las que dejan huella. El Teatro Municipal Marcelo Grande acogió este pasado domingo 15 de marzo el pregón inaugural antes del arranque de los días de devoción y sentimiento en la ciudad.
Fue un acto solemne, sí, pero también cercano y profundamente humano. La música, el reconocimiento a una trayectoria de servicio y un pregón cargado de fe, memoria y esperanza dieron forma a una jornada que volvió a demostrar que la Semana Santa de Tomelloso sigue muy viva en la calle, en las hermandades y en la memoria compartida de la ciudad.
La música abrió el acto en el Teatro Marcelo Grande
La mañana comenzó con música procesional, un lenguaje que en Tomelloso se entiende sin necesidad de explicaciones. La Asociación Musical Santa Cecilia y la Coral del Conservatorio de Tomelloso fueron las encargadas de abrir el acto con tres marchas procesionales que ayudaron a crear desde el primer instante un clima de recogimiento, emoción y solemnidad.
La primera de las piezas interpretadas fue “La Madrugá”, de Abel Moreno Gómez, seguidamente de “Caridad del Guadalquivir”, de Francisco Joaquín Pérez Garrido y Juan José Puntas Fernández. Para concluir esta primera parte sonó la pieza “A ti, Manué.., de Juan José Puntas Fernández.
El presentador del acto, José Ángel Jiménez, tomó la palabra agradeciendo la presencia de las distintas autoridades, de los miembros y responsables de las cofradías y hermandades de Tomelloso y público en general.
Ha puesto en valor el cartel anunciador de la Sema Santa, una pintura de gran carga simbólica firmada por Juan Carlos Rodríguez, centrada en la figura de Cristo Resucitado.
Andrés Díaz Aliaga, Hermano de Honor de la Semana Santa de Tomelloso
El acto tomó relevancia y sentimiento tras nombrar aAndrés Díaz Aliaga como Hermano de Honor de la Semana Santa tomellosera que recibió una placa conmemorativa
Este nombramiento, ha servido no solo para reconocer una trayectoria ejemplar dentro de la vida cofrade, sino también para poner voz a una historia personal tejida con fe, agradecimiento y servicio a la Semana Santa de Tomelloso.

En una intervención profundamente emotiva, Díaz Aliaga ha confesado que se encontraba ante “un momento muy grande”, uno de esos instantes en los que, según sus propias palabras, “uno quisiera decir muchas cosas, pero las palabras están atrapadas aquí arriba, con los sentimientos, con los recuerdos y con la emoción”. Con esa sinceridad desarmante, ha iniciado un discurso en el que ha preferido llevar el protagonismo hacia quienes, a su juicio, han sido decisivos en su camino cofrade.
El origen de una devoción que nació en casa
Andrés Díaz Aliaga ha querido comenzar su agradecimiento mirando a sus raíces más profundas. En primer lugar, ha recordado a su abuela y a su madre, a quienes ha señalado como las personas que le inculcaron la fe y la devoción desde sus primeros años. Ahí, en el ámbito familiar, ha situado el origen de una vivencia religiosa que más tarde se convertiría en entrega activa a la hermandad y a la Semana Santa.
Después, ha dirigido su recuerdo a Emiliano y Santos Burillo, donantes de la imagen de Jesús de Medinaceli y posteriores fundadores de su hermandad. Andrés Díaz Aliaga ha subrayado la importancia de ambos en un momento clave de su juventud, cuando lo acogieron con apenas 17 años. De ellos, según ha explicado, recibió “formación, valores y responsabilidad”, tres pilares que terminarían siendo decisivos cuando años después asumió el privilegio de ser hermano mayor de la hermandad.
Los primeros pasos de una vida cofrade en la infancia
En el recorrido sentimental de su intervención, el nuevo Hermano de Honor también ha echado la vista atrás hasta su niñez, cuando comenzó a descubrir y disfrutar la intensidad de la Semana Santa. En ese tramo de su memoria ha citado a Vicente Parra, “Vicentillo”, responsable de la procesión del Niño, y a su familia, a quienes ha atribuido un papel fundamental para que muchos niños de aquella época empezaran a vivir la tradición cofrade desde dentro.
Junto a ese recuerdo, también ha querido destacar a Antonia Benasalvas, muy presente en aquellos años gracias a aquella representación extraordinaria de la pasión y muerte de Jesucristo protagonizada por niños cada viernes por la mañana. Andrés Díaz Aliaga ha reconocido que fueron experiencias y personas que dejaron una huella profunda en su sensibilidad religiosa y en su manera de entender la Semana Santa.
Personas decisivas para el crecimiento de la Semana Santa de Tomelloso
Otro de los nombres que ha ocupado un lugar destacado en su intervención ha sido el de don Leopoldo Lozano, a quien ha atribuido una influencia muy importante en el impulso y crecimiento de la Semana Santa local. En concreto, ha recordado su papel en la creación y formalización de dos nuevas hermandades: la de Jesús Pobre y la de Jesús del Perdón.
En ese mismo pasaje de su discurso, Andrés Díaz Aliaga ha querido reconocer también la valentía de quienes dieron un paso al frente en aquellos tiempos difíciles, como Carmen Mayorga y Manolo Coronado, al asumir responsabilidades al frente de estas hermandades. Su mensaje ha dejado claro que la historia cofrade de Tomelloso no se entiende sin muchas personas que, con trabajo discreto y convicción firme, ayudaron a construir el presente.
“Han sido muchas las personas que han tenido una presencia muy importante en nuestra Semana Santa”, ha venido a resumir el homenajeado, convencido de que el momento actual solo puede explicarse desde la gratitud a quienes sembraron antes.
Aprendizaje, responsabilidad y servicio
A lo largo de su intervención, Díaz Aliaga ha insistido en una idea: su trayectoria no se ha levantado en solitario. Por eso, ha tenido palabras de especial gratitud para Pablo Ortiz Moreno, quien en su etapa como presidente de la Junta de Cofradías lo integró en su equipo. De aquella etapa, ha reconocido, extrajo un aprendizaje valioso que más tarde le serviría para desempeñar responsabilidades dentro de la propia Junta.
Ese reconocimiento ha continuado con el recuerdo a quienes lo acompañaron durante su etapa como presidente de la Junta de Cofradías. Ha definido aquel grupo como “un gran equipo” y ha citado expresamente a Pablo, Bernardo, Jesús, Mari Fe y Encarla, destacando su responsabilidad, su implicación y la aportación que realizaron a la Semana Santa de Tomelloso.
La hermandad, su gran hogar cofrade
Uno de los momentos más sentidos de su discurso ha llegado al hablar de la hermandad de Jesús de Medinaceli, a la que ha descrito desde el afecto y la admiración. Andrés Díaz Aliaga ha recordado el momento en que asumió el cargo de hermano mayor y la importancia de haber sabido rodearse de personas comprometidas, muchas de las cuales se fueron incorporando después y siguen siendo hoy esenciales para la vida de la hermandad.
Con una expresión especialmente gráfica, ha asegurado que ese grupo humano continúa siendo “la gran columna, el gran pedestal del funcionamiento de mi querida hermandad”. Una frase que resume bien el tono general de su intervención: reconocimiento sincero, memoria agradecida y conciencia de que la vida cofrade se sostiene, sobre todo, en el trabajo callado de muchas personas.
Un agradecimiento final con nombre propio
En el tramo final de su intervención, el Hermano de Honor ha trasladado su agradecimiento a Mari Fe y a su equipo, por haber presentado su candidatura, así como a los hermanos miembros de la Junta de Cofradías, por haberla respaldado. Su cierre ha sido sencillo, directo y profundamente humano: “Muchas gracias a todos, de verdad, gracias”.
Luis Perales Ramírez, pregonero de la Semana Santa 2026
Luis Perales, pregonero de la Semana Santa de Tomelloso, ha pronunciado un discurso sentido y humano en el que ha unido devoción, recuerdos personales, tradición cofrade y una llamada firme a la esperanza.
Ante autoridades civiles y religiosas, representantes de hermandades y cofradías, familiares, amigos y numerosos vecinos, el pregonero ha comenzado su intervención con palabras de agradecimiento y con la emoción muy presente. El pregonero ha reconocido el honor que suponía asumir esta responsabilidad y ha agradecido la confianza depositada en su persona por la cofradía organizadora.
Desde el inicio, ha dejado una de las frases más significativas del acto al subrayar que anunciar la Semana Santa de su pueblo “no es simplemente pronunciar unas palabras”, sino “abrir el corazón para recordar lo que somos, lo que hemos heredado y lo que queremos seguir siendo”.
Una fe aprendida en casa y transmitida de generación en generación
A lo largo del pregón, Luis Perales ha defendido una visión de la Semana Santa profundamente enraizada en la vida cotidiana, en la familia y en la tradición cristiana vivida con sencillez. En ese recorrido íntimo y colectivo, ha recordado que la fe no nació para él en los libros, sino en el hogar, en la oración compartida y en el ejemplo silencioso de quienes le enseñaron a creer.
Con un tono sereno y cercano, ha explicado que este pregón también pertenecía a sus padres, a su familia y a todas las personas que a lo largo de su vida le ayudaron a forjar una fe auténtica y sencilla. En ese contexto, ha pronunciado una de las expresiones que han marcado el eje de su mensaje: “Hoy comienza un tiempo de conversión, reflexión y esperanza”.
“Conversión, reflexión y esperanza”, el corazón del pregón
Luis Perales ha construido buena parte de su intervención alrededor de esas tres palabras, convertidas en la columna vertebral del pregón. Sobre la conversión, ha señalado que significa “volver a Dios, volver a lo esencial, volver a aquello que da sentido verdadero a nuestra vida”. Con ello, ha invitado a vivir la Semana Santa como una oportunidad para detenerse, mirar hacia dentro y revisar el rumbo de la propia existencia.
En relación con la reflexión, ha destacado que la Semana Santa habla muchas veces en el lenguaje del silencio: en el silencio de las calles, en la cercanía de los pasos, en la luz de los cirios y en la mirada puesta en el rostro de Cristo o en el de su madre. Para el pregonero, hay preguntas que solo pueden responderse en el interior del corazón.
Pero si una idea ha querido dejar clara, esa ha sido la de la esperanza. Luis Perales ha recordado que la historia que se contempla en Semana Santa “pasa por el dolor, pero no termina en el dolor”, “pasa por la cruz, pero no termina en la cruz” y “pasa por la muerte, pero desemboca en la vida”. De manera rotunda, ha afirmado que “la última palabra no la tiene el sufrimiento, ni la injusticia, ni la oscuridad. La última palabra la tiene la resurrección”.
Luis Perales pone en valor a las hermandades y cofradías de Tomelloso

El pregonero también ha querido detenerse en el papel esencial de las hermandades y cofradías dentro de la Semana Santa de Tomelloso. En su opinión, estas entidades son mucho más que asociaciones encargadas de organizar procesiones. Son también lugares donde se aprende a vivir la fe, a trabajar en fraternidad y a servir a los demás sin buscar reconocimiento.
En uno de los pasajes más claros de su intervención, ha afirmado que las hermandades “son, o deben ser, mucho más que asociaciones encargadas de organizar procesiones” y que “deben ser escuelas de fe” y también “escuelas de fraternidad”. Con ello, ha querido reconocer el trabajo silencioso de tantas personas que, desde la entrega discreta, hacen posible que la Semana Santa siga creciendo en el municipio.
Una memoria personal unida a la historia cofrade del pueblo
El pregón de Luis Perales ha tenido también un marcado tono autobiográfico. El orador ha compartido recuerdos de infancia y juventud que lo enlazan directamente con la historia emocional de la Semana Santa de Tomelloso. Ha evocado, por ejemplo, a aquel niño que se quedaba fascinado al ver pasar al Niño Jesús, llevado sobre los hombros de jóvenes vestidos completamente de blanco.
También ha rememorado la impresión que le causaba el Cristo de la Misericordia, al que contemplaba como una imagen de enorme belleza y fuerza. A ello ha sumado su implicación personal en distintas responsabilidades cofrades, su vinculación con la hermandad de la Oración del Huerto, su participación en la vivencia de la cofradía del Santo Sepulcro y su cercanía al desfile procesional de la Virgen del Mayor Dolor.
Ese repaso a su historia le ha servido para poner en valor el trabajo callado que sostiene cada estación de penitencia. Como ha señalado, detrás de cada paso que recorre las calles de Tomelloso hay “muchas horas de entrega silenciosa”, “muchas manos que trabajan sin buscar aplausos” y muchas personas que solo desean que la fe del pueblo continúe viva.
La Virgen del Mayor Dolor, una presencia muy querida
Uno de los momentos más emotivos del pregón ha llegado cuando Luis Perales se ha referido a Nuestra Señora del Mayor Dolor, una imagen muy querida por Tomelloso y muy presente también en su vida familiar.
Con delicadeza y devoción, ha explicado que no se trata simplemente de una imagen, sino de una presencia que acompaña y recuerda cada día “el amor de una madre que contempla el sufrimiento de su hijo”. El pregonero ha sugerido que, a veces, basta una sola mirada a la Virgen para elevar una oración silenciosa, porque incluso en el dolor ella enseña que siempre puede abrirse paso la esperanza.
Tomelloso, a las puertas de una Semana Santa viva
Luis Perales ha descrito también la inminencia de la Semana Santa en Tomelloso con imágenes muy cercanas al sentir popular. Ha hablado de las puertas de los templos abiertas, de los pasos saliendo al encuentro del pueblo, de los nazarenos vistiéndose, de las bandas comenzando a sonar y de las calles llenándose de una emoción difícil de explicar, pero fácil de reconocer para quien la lleva dentro.
A su juicio, esos días no solo forman parte del calendario religioso, sino también de la identidad emocional y cultural del municipio. De ahí que haya insistido en la necesidad de vivirlos con hondura en un tiempo marcado por la inquietud y por la falta de paz en el mundo. En ese contexto, ha advertido de que este es un tiempo propicio para intensificar la oración y volver a lo esencial.
Un recorrido espiritual por Jerusalén y por la Pasión de Cristo
La parte central del pregón ha llevado al público a realizar un recorrido espiritual por la Semana Santa desde Jerusalén. Luis Perales ha invitado a los presentes a situarse ante la Puerta de la Misericordia y a contemplar la entrada de Jesús en la ciudad santa. Allí ha recordado la alegría del Domingo de Ramos, con el pueblo aclamando a Cristo con ramos de olivo y gritando “Hosanna, Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor”.
Sin embargo, también ha llamado la atención sobre el error humano de esperar un reino terreno, cuando el verdadero triunfo de Cristo se consumaría en la cruz. A partir de ahí, ha ido recorriendo la Última Cena, la traición de Judas, la oración en el huerto, la negación de Pedro, el juicio ante Pilato, el camino del Calvario, la crucifixión, la muerte y el sepulcro.
En ese trayecto, el pregonero no se ha limitado a narrar los episodios evangélicos, sino que los ha acercado a la conciencia actual de los vecinos, interpelando sobre las traiciones cotidianas, los miedos, la cobardía, el sufrimiento y la manera de acompañar las cruces de los demás.
Una llamada a no mirar hacia otro lado
Especial fuerza ha tenido su reflexión sobre Poncio Pilato, al que ha presentado como símbolo de la debilidad moral de quien sabe dónde está la verdad, pero no se atreve a defenderla. Desde ahí, Luis Perales ha lanzado una pregunta de plena actualidad sobre la actitud ante las injusticias humanas y sobre esa tentación permanente de “lavarse las manos”.
También ha dado un relieve especial a figuras como Simón de Cirene, obligado a ayudar a Cristo a cargar la cruz, o a la mujer que se acerca a limpiar su rostro. Ambas escenas las ha convertido en una llamada a revisar cómo se llevan las propias cruces y, sobre todo, cómo se ayuda a llevar las de los demás.
La cruz, el silencio y la esperanza
En el momento de la crucifixión, Luis Perales ha descrito con intensidad el dolor del Calvario, el sonido de los clavos, la presencia de la Virgen y las últimas palabras de Cristo. Entre ellas, ha destacado la petición de perdón: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, una frase que el pregonero ha presentado como una misericordia que alcanza a todos, antes, ahora y siempre.
Asimismo, ha subrayado el valor espiritual del momento en que Jesús encomienda su espíritu al Padre y entrega también a su madre al discípulo amado. Ese pasaje ha sido uno de los más conmovedores del pregón por la manera en que ha unido dolor, amor y consuelo.
Tras la muerte de Cristo, el pregonero ha recreado el descenso de la cruz, el entierro y el profundo silencio del Sábado Santo. Ahí ha encontrado un paralelismo con el tiempo actual, un tiempo en el que a veces parece que la fe se enfría y en el que el ruido del mundo ahoga la voz de Dios.
La Resurrección, la mejor noticia
El cierre del pregón ha llegado con el anuncio de la Resurrección. Luis Perales ha recordado la carrera hacia el sepulcro vacío, el testimonio de María y el reconocimiento del Resucitado por parte de los discípulos. Ahí ha querido dejar claro que el sentido último de la Semana Santa está en la victoria de la vida sobre la muerte.
En uno de los mensajes finales más directos, ha señalado que cuando los tomelloseros vean pasar sus imágenes por las calles no estarán recordando solo un hecho del pasado, sino que estarán contemplando que Cristo sigue caminando junto al enfermo, junto al que sufre, junto al que está solo y junto a los más vulnerables.
Ya en el tramo final, Luis Perales ha dejado otra de las frases llamadas a perdurar: “La Semana Santa no es sólo una tradición, es una llamada a amar más, a perdonar más y de verdad, y a querer más, mucho más”. Y ha rematado su intervención con la gran afirmación de la fe cristiana: “Cristo murió por nosotros, pero también resucitó para nosotros”.
Un pregón con alma, raíz y verdad
El pregón de Luis Perales ha dejado en Tomelloso una intervención de gran carga emocional, hondura religiosa y fuerte identidad local. Su mensaje ha unido familia, memoria, cofradías, devoción popular y esperanza en una llamada clara a vivir la Semana Santa de Tomelloso con autenticidad, con fe y con mirada limpia.
Porque, como vino a recordar ante todo el pueblo, la gran noticia de estos días sigue intacta: el dolor no vence para siempre, la cruz no es el final y la esperanza sigue abriéndose paso.
Seguidamente la presidenta de la Junta de Hermandades y Cofradías de Tomelloso, Mari Fe Díaz Toribio, ha dirigido un mensaje solemne, cercano y profundamente espiritual a autoridades, cofrades y vecinos.

En su intervención, la presidenta tras saludar a autoridades, hermanos cofrades y al conjunto de asistentes, ha recordado el sentido esencial de la Semana Santa para los católicos, subrayando que conmemora “la entrega de su único Hijo Jesucristo a cambio de la redención de los pecados de la humanidad”. Desde esa reflexión, ha animado a vivir estos días como una oportunidad para mejorar la convivencia, revisar los propios actos y estrechar el vínculo con Dios.
Una llamada a vivir la Semana Santa desde la reflexión y la participación
Durante su discurso, ha puesto el acento en el valor espiritual de esta celebración, pero también en su dimensión cotidiana, familiar y comunitaria. Ha señalado que, durante esos días, los fieles asistirán a los actos litúrgicos propios de la fecha, recuperarán en sus hogares costumbres culinarias muy vinculadas a este tiempo y volverán a salir a la calle para contemplar las procesiones.
En este sentido, Mari Fe Díaz Toribio ha definido esas procesiones como una auténtica “catequesis en la calle”, invitando a la ciudadanía a participar activamente en ellas. No se trata solo de ver pasar los tronos, sino de entender lo que representan, de acompañar con respeto y de sentir que la Semana Santa forma parte del alma colectiva de Tomelloso.
El trabajo silencioso de las hermandades y la importancia del relevo generacional
La presidenta también ha querido poner en valor el esfuerzo de las distintas hermandades que procesionan en Tomelloso. Ha recordado que detrás de cada desfile procesional hay muchas horas de dedicación, mimo y trabajo previo en la decoración de tronos, la conservación de imágenes y la preparación de todos los detalles que hacen posible un resultado a la altura de la celebración.
Junto a ese reconocimiento, ha lanzado un mensaje claro sobre la necesidad de dar paso a las nuevas generaciones. Para ella, incorporar a niños y jóvenes es fundamental para garantizar la continuidad de una tradición tan arraigada y significativa.
Como ejemplo de ello, ha destacado la participación de la joven Sara en el propio acto, valorando su intervención con palabras cercanas y afectuosas. Ese gesto ha servido para visualizar que la Semana Santa de Tomelloso no solo mira a su pasado y a su presente, sino también a su futuro.
El Cristo Resucitado, imagen del cartel oficial de la Semana Santa 2026
Uno de los momentos más significativos de la intervención ha girado en torno al cartel anunciador de la Semana Santa 2026 en Tomelloso, cuya imagen protagonista es la de Cristo Resucitado realizada por Juan Carlos. Se trata de una elección con un profundo valor simbólico y emocional para la Junta de Hermandades y Cofradías.
Mari Fe Díaz Toribio ha explicado que esta imagen, que se encuentra en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, forma parte de un proyecto por el que ella y su Junta de Gobierno apostaron al inicio de su legislatura, comenzada a finales de 2023.
La presidenta ha reconocido que no ha sido un camino sencillo. Según ha expresado, han sido “dos años de mucho esfuerzo, trabajo, eso sí, con mucha ilusión y también con muchas dificultades”. Sus palabras reflejan el peso real de una iniciativa construida desde la constancia, el compromiso y la convicción de estar trabajando por el patrimonio cofrade y espiritual de todo el municipio.
Un proyecto hecho posible gracias al apoyo de todo Tomelloso
La presidenta de la Junta de Hermandades y Cofradías de Tomelloso ha querido agradecer públicamente la colaboración de empresas, particulares y del Ayuntamiento de Tomelloso, cuya implicación ha resultado clave para hacer realidad este proyecto.
En especial, ha mostrado su gratitud al Consistorio tomellosero por el respaldo ofrecido, destacando que el resultado alcanzado es motivo de satisfacción colectiva. A su juicio, se trata de una iniciativa que hoy puede contemplarse como un motivo de orgullo para todo el pueblo de Tomelloso.
Ese agradecimiento no ha sido una mera fórmula protocolaria. En sus palabras ha habido una reivindicación clara del esfuerzo compartido, de la unión entre instituciones y sociedad civil, y del valor que tiene sumar voluntades cuando se trata de preservar y engrandecer una celebración tan representativa como la Semana Santa.
Reconocimientos en una jornada de emoción y gratitud
Antes de concluir su intervención, Mari Fe Díaz Toribio ha felicitado al pregonero y al hermano de honor, agradeciéndoles haber aceptado sus nombramientos a propuesta de la Junta de Cofradías. También ha dedicado una enhorabuena expresa a Juan Carlos Rodríguez López por la realización del cartel oficial de la Semana Santa 2026, una obra que se convertirá en una de las imágenes más representativas de este tiempo de preparación.
La presidenta ha cerrado el acto dando las gracias a todos los asistentes y deseando a Tomelloso una celebración plena, vivida con recogimiento, emoción y sentido fraterno.
Tomelloso ya mira a su Semana Santa 2026
Con esta intervención de Mari Fe Díaz Toribio, la Semana Santa 2026 de Tomelloso empieza a tomar forma pública con un mensaje muy claro: fe, tradición, esfuerzo compartido y esperanza. La elección del Cristo Resucitado como imagen del cartel oficial, el reconocimiento al trabajo de las hermandades y la defensa del relevo generacional dibujan una Semana Santa con raíces profundas y con vocación de futuro.
Un cierre cargado de emoción para una jornada inolvidable
El acto terminó con un nuevo momento musical a cargo de la Asociación Musical Santa Cecilia y la Coral del Conservatorio de Tomelloso, que volvieron a subir al escenario.
En esta última intervención se interpretaron Misa Brevis de Jacob de Haan, Encarnación Coronada, de Abel Moreno Gómez y para la despedida la obra Triana de Esperanza, de Claudio Gómez Calado
De este modo, la ciudad dio comienzo a su programa cofrade con un acto en el que se unieron tradición, sentimiento, espiritualidad y homenaje. Una cita que reflejó, una vez más, que la esencia de esta celebración permanece firme gracias a la implicación, la memoria colectiva y la entrega de todo un pueblo.

















