Profundos resplandores de la —hasta ahora—pacífica estrella, que se van con el tiempo del río… De un río que nos “habla” de la historia de la vida, de duelos, de anhelos indefinidos, de intereses que matan, refrenan, engañan…, y de aquellos hábitats cuando corría otra agua, hoy sin ninguna forma ni argamasa que los una… Los sitios donde estuvieron aquellos que, buscaban agua, sustento y refugio…, ya ni memoria son…; ya no están ahí… Todo fue y es días y noches vividos… Átomos hoy en silenciosa danza… Los “cristales” del destino absurdo, con su carga de luz, “umbra” y “penumbra” se agrupan no sabemos por qué, en un errante e ingenuo “dibujo”, pintado para no sabemos qué…
Los críos recorríamos desfiladeros y geoparedes de los tobares, atraídos por el bullicio y canto de grajillas y abejarucos, buscando nidales excavados y trepanados en los estratos menos compactados… Desde una nueva lejanía contemplamos el singular “rostro” de aquellos geoparedones travertínicos, de desmoronada orografía-topografía y nuestra cromática visión nos hace ponernos místicos ante la realidad y “escenas” que “desfilan” por donde hace milenios “corrían” otras “memorias”… Desperdigadas aves nativas y exóticas, van, vienen y se arremolinan por dimensiones de un falso cielo… También se arremolinan ascesis y nihilismo… La evocación se nos impone severamente cuando reliquias (y algún resto óseo del pasado siglo) de tantas cronologías…, han sido triturados unos, otros corroídos y arrastrados por la corriente…Ahí tantas y tantas especies junto y en la corriente, incluidos absurdos, usurpadores y malintencionados ególatras, de “nuestro grupo”…
El agua, el fluir de la savia de la vida que nos mantiene vivos… Desconocidas para muchos sus propiedades y capacidades, frecuentemente “enmugradas”… Me hubiera gustado saber cuándo y cómo comenzó a fluir este río; cuántas fueron sus avenidas de cotas máximas, con sus reservas “hundidas”… Hundimientos, levantamientos y sacudidas del planeta Tierra, van depositando y revolviendo una capa sobre otra…, arenas, piedras plantas seres vivos se van estratificando… Viento, hielo, movimientos orogénicos, agua…, excavan cuencas fluviales, valles, forman cerros, montañas… La cuenca del Alto Guadiana, en las diversas Eras geológicas, no fue ni es ajena a los constantes cambios periódicos que se producen en este planeta, donde el setenta por cien es agua y el 30 % tierra… De las transgresiones y regresiones marítimas de la Era Secundaria, quedaron bastantes “marcas” en cotas aledañas a este valle. (Ver “Cerro Conejo”, “Cabeza del Canto”, Rañas en vertientes hacia Tomelloso). La formación geomorfológica travertínica de la cuenca del Alto Guadiana, todo apunta que tuvo su máxima actividad, respecto del proceso de fijación del travertino, en el periodo Cuaternario; influenciado el mecanismo y desarrollo, por las distintas fases glaciares-interglaciares… Aunque la operatividad también se produce en tiempos pos cuaternarios y antropoceno, como describiremos.

La carga fluvial del Alto Guadiana, con sus retrocesos y exageraciones que ahondaron su cauce y “codificaron” su geomarcación y unas aguas ricas en calcio, irán dando lugar a los vistosos tobares-travertinos, (antaño, algunos lugareños les llamaban “tetones” de tobazo) al desprenderse de la masa acuosa el anhídrido carbónico. El tobazo es una piedra blanda, esponjosa y liviana cuyo nombre dimana del latín “tophus”. El tobazo o travertino, se podría decir que se trata de un depósito kárstico, que se forma por crecimiento microcristalino concrecional. Generalmente, el término se suele utilizar para depósitos kársticos de amplio espectro, que se fraguan por precipitación química.
Solemos cavilar, no respecto de la composición de la atmósfera primitiva de la Tierra, que estaría compuesta por hidrógeno (H2) y helio (He), a consecuencia de la nebulosa solar primigenia; si no que en nuestras reflexiones nos preguntamos con frecuencia, cuáles y cómo serían las reacciones químicas y estado medioambiental, existentes cuando las formaciones travertínicas, alcanzaron proporciones y niveles de concentración máximos…; ya con una atmósfera —suponemos— compuesta por nitrógeno (N2), oxígeno (O2), trazas de gases nobles, (hoy otros) vapor de agua, anhídrido carbónico (CO2), ozono (O3)… Como decimos, no sabemos cuando empezaron a sedimentarse sobre los paleosuelos, las grandes masas travertínicas, aunque datos geoanalíticos del Ministerio Federal de Investigación y Tecnología de la República Federal de Alemania, de hace décadas, la datación geológica del extenso travertino o dique de toba, de los derrames de la laguna del Rey, arrojó datos que se remontan a los doscientos treinta y cinco mil años (235.000 a.).
Medida, hoy, la costra calcítica fijada en el interior de los tubos, (foto portada, año 215) que suministraban agua a las turbinas de la central hidroeléctrica de “San Alberto”, en las inmediaciones de Ruidera, en funcionamiento durante sesenta años, (1910-1970) el proceso de fijación o estratificación del tobazo, en el siglo XX, sería de 1,34 mm por año. Una vez más cavilamos sobre el número de aluviones, estiajes y olas espejo donde se espejeó la vida… Todo lo que ha existido, el agua lo acaba “dejando” en alguna orilla o suelo…; mientras los seres humanos se van “perdiendo” en su destino… El agua nos recuerda, nos enseña que nuestro planeta, nuestros ecosistemas, están cuajados de atrocidades… Si todo es eterno, todo está justificado… Jorge Luis Borges, en el metafísico poema al agua, nos indica que el propio tiempo es una de las metáforas del agua.

Nuestro planeta y por ende nuestros ecosistemas, están siendo “descarnados” por nuestras garras…; convirtiéndolos en materia “cenicienta”…, en el eterno movimiento de los mundos…
Nos deslumbra en una fluida ilusión, aunque sin éxtasis de conclusión, como si fura materia extraña, el contemplar nuestros ríos, lagos, humedales…, desbordados, inundados…, pero no tenemos conciencia de lo que falta y sobra en esa agua. La miramos, mirando que miren y nos miren… Somos algo que está sucediendo en ese y con ese “espectáculo”, en una sofocación de conclusiones, sin coherencia y compromiso verdaderos…
Salvador Jiménez Ramírez












