¿Quién decide cuánto vale la salud de un bebé? ¿Y qué pasa cuando la respuesta depende del dinero que tengan sus padres?
Cuando estás embarazada, el mundo se te encoge y se te agranda a la vez. Todo gira alrededor de una pregunta muy simple y muy poderosa: ¿estará bien?
Hablo de cosas sencillas, pero muy grandes al mismo tiempo: que esté sano, que no sufra, saber que estás haciendo todo lo que está en tu mano para cuidarlo incluso antes de tenerlo en brazos.
Y en ese camino confías. Confías en la sanidad pública. Confías en enfermeras, pediatras, en un sistema que crees que va a estar ahí para ayudarte a proteger lo más valioso que tendrás nunca. Y por eso duele tanto descubrir que no siempre fue así.
Hubo un tiempo en Castilla-La Mancha en el que, nada más nacer tu bebé, te decían que algunas vacunas no entraban. Que eran recomendables, sí. Que eran importantes, también. Pero que tenías que pagarlas tú. Y no era poco dinero. Eran cientos de euros en apenas unos meses.
El otro día una amiga me contaba su sensación de hacer cuentas con un nudo en el estómago. Pensar en si podría asumirlo. Sentir rabia. Sentir miedo. Porque cuando eres madre o padre, no hay nada más cruel que pensar que el dinero puede marcar la diferencia en la salud de tu hijo.
Nadie debería pasar por eso. Nadie debería sentirse culpable por no llegar a todo cuando se trata de proteger a su bebé.
Eso fue exactamente lo que ocurrió durante los años de gobierno del PP con Cospedal. ¿Lo recordáis, madres y padres? Se recortó justo donde más duele. En la prevención. En la infancia. En ese momento tan frágil en el que una familia empieza a dar sus primeros pasos y solo pide no estar sola.
Durante aquellos años, el calendario vacunal en Castilla-La Mancha dejó fuera vacunas esenciales para bebés que ya existían y eran recomendadas por los pediatras. La del neumococo, la del rotavirus o la de la varicela no estaban financiadas. Eso obligaba a muchas familias a asumir entre 600 y 900 euros por bebé en los primeros años de vida si querían protegerlo adecuadamente. Hoy cuesta creerlo, pero fue así. Vacunas fundamentales convertidas en un lujo.
Por eso escucharles hoy hablar de sanidad duele todavía más. Duele porque la memoria no se borra. Duele porque sabemos cómo la dejaron cuando decidieron recortar ahí, en lo más sensible, en lo que no debería tocarse nunca.
Y quizá por eso, cuando en 2015 Castilla-La Mancha cambió de rumbo, muchas personas sentimos algo muy parecido al alivio. Con Emiliano García-Page comenzó a reconstruirse lo que jamás debió romperse: la tranquilidad de saber que todos los niños valen lo mismo, nazcan donde nazcan, y que su protección no depende de la suerte ni del bolsillo de sus padres.
Hoy, vacunas que antes solo podían pagar algunas familias pasaron a ser gratuitas. Lo que antes suponía casi mil euros, hoy no cuesta nada. Pero lo que de verdad se ahorra no es dinero: es angustia, es miedo, es esa sensación de no llegar cuando más vulnerable estás. Y lo que de verdad se gana es igualdad.
Y hay un dato que lo explica todo mejor que cualquier discurso: la prueba del talón. Durante los años del gobierno de Cospedal, en Castilla-La Mancha esta prueba solo permitía detectar 10 enfermedades. Diez oportunidades de llegar a tiempo. Hoy son 34, y pronto serán 40. La diferencia entre unas y otras no está en el azar, está en las decisiones políticas. En decidir si miras hacia otro lado… o si miras de frente a un recién nacido y dices: vamos a cuidarte desde el primer minuto.
Ese pequeño pinchazo en el talón de un recién nacido parece nada. Pero para quien acaba de dar a luz, lo es todo. Es saber que alguien está mirando por tu hijo incluso cuando tú aún no sabes que puede haber un problema. Es prevención. Es cuidado. Es humanidad.
Hoy, cuando nace un bebé en Castilla-La Mancha, sus padres no tienen que elegir. No tienen que hacer números imposibles. No tienen que preguntarse si podrán protegerlo bien. Y eso marca la diferencia.
Escribo esto siendo portavoz del PSOE en la provincia de Ciudad Real, sí. Pero sobre todo lo escribo como alguien que sabe que no hay nada más importante que la protección de nuestros hijos. Nada.
Porque la política, cuando merece la pena, se nota justo ahí: en la tranquilidad de una madre, en el descanso de un padre, en un bebé que crece protegido desde el primer día.
Y ojalá nadie lo olvide.
Ni la ciudadanía.
Ni quienes un día recortaron y dejaron la sanidad tiritando.
Ni quienes hoy tenemos la responsabilidad -y el deber moral- de seguir cuidándola.
Porque un país, una región, se define en ese instante en el que un bebé llega al mundo. Y solo hay dos opciones: protegerlo… o fallarle.
Cristina López Zamora
Diputada nacional y portavoz del PSOE de la provincia de Ciudad Real












