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Concha Piquer: la voz española que conquistó Nueva York y marcó una época

Su talento cruzó fronteras, brilló en Broadway y transformó para siempre la copla española.

Muchas mujeres españolas brillaron en otros países, y de una manera aún más espectacular en la cuna de los artistas americanos; pero lo más extraño es que fuera una cantante con un estilo clásicamente ligado a la tonada española, y el ejemplo que presentamos no dejó de ser una realidad palpable.

CONCHA PIQUER

Su nombre era Concepción López Piquer y nació en Valencia en el año 1906. Su padre era albañil y su madre, modista.

Aunque cursó sus primeros estudios, su mayor afición era cantar, y se aprendía de memoria las canciones que oía por las calles. También aprendió a tocar las castañuelas.

La anécdota más curiosa se produjo cuando se presentó en el teatro Sogueras sin que sus padres lo supieran. Apareció vestida de primera comunión y se puso a cantar delante del empresario, que debió de quedar encantado con su voz, pues le dio un duro y le dijo que volviera todos los domingos.

El empresario, viendo los progresos de la niña, habló con sus padres y les indicó que deberían llevarla a una academia. Se inició así una etapa muy provechosa, pues debutó en El Dorado, actuando en diversos actos en locales de cine y teatro, hasta que llegó al teatro Apolo, donde actuó durante veinticinco días seguidos. Posteriormente ingresó en otra compañía y, con lo que ganaba, ayudó a mejorar la situación económica de su familia.

Su vida dio un giro cuando el maestro Penella la escuchó actuar en el teatro Kursaal y la invitó a realizar una gira por Nueva York y México.

Acompañada en el viaje por su madre, en Nueva York, en 1922, estrenó una obra de ópera titulada El gato montés y obtuvo un gran éxito con la canción El florero, que le pidieron repetir hasta seis veces, teniendo en cuenta que solo tenía dieciséis años.

Continuó en Nueva York, donde aprendió inglés y se perfeccionó en canto y baile, llegando a actuar en Broadway. Permaneció allí cinco años, hasta que tuvo que regresar a España en 1927 con su madre para acompañar a una hermana suya que estaba enferma en Valencia.

En España continuó con sus actuaciones, incorporando variaciones de tipo americano, aunque finalmente decidió dedicarse únicamente a la canción. Creó su propia compañía e inició también la interpretación de películas. En uno de sus viajes a Barcelona, conoció al torero Antonio Márquez; más tarde volvieron a coincidir en Madrid y decidieron casarse después de que el torero se separara de su anterior esposa. Juntos realizaron una gira por Argentina que duró tres años.

Pero su fulgurante reconocimiento alcanzó una dimensión mayor cuando conoció a los compositores Quintero, León y Quiroga, que dieron un cambio radical a la imagen de Concha Piquer. Abandonó su estilo de orientación americana y se convirtió en una verdadera tonadillera, con temas eminentemente españoles y canciones inolvidables que fueron grandes éxitos no solo en España, sino también en Argentina, Cuba, México y Uruguay. De aquellas sucesivas giras nació el famoso dicho popular: «Viajas más que el baúl de la Piquer».

Concha Piquer se retiró en 1958, debido a una ronquera crónica, y únicamente volvió a subirse al escenario para presentar a su hija, Conchita Márquez Piquer.

Concha Piquer falleció en Madrid en 1990, a los 84 años, y está enterrada en el cementerio de San Isidro de Madrid.

Entre sus canciones inolvidables podemos nombrar: A la lima y al limón, La Parrala, Coplas de Luis Candelas y Tatuaje.

Protagonizó varias películas entre 1927 y 1971, con títulos como: Filigrana, La Dolores, El negro que tenía el alma blanca y La bodega.

Durante su jubilación falleció su marido, en 1988; además, recibió la noticia de la separación de su hija del torero Curro Romero y la muerte en accidente de tráfico de su nieta Coral.

Por su trayectoria musical fue considerada «la reina de la canción española».

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