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Murciélagos: la biodiversidad que trabaja de noche y aún lucha contra el prejuicio

La efeméride del 17 de abril devuelve a primer plano el papel de estos mamíferos en el control de insectos, la polinización y la salud de los ecosistemas, en un momento de presión creciente sobre sus hábitats.

Este 17 de abril de 2026 se celebra el Día de Apreciación de los Murciélagos, una jornada que, más que rendir homenaje a un animal rodeado de tópicos, sirve para recordar una evidencia científica poco discutible: los murciélagos sostienen funciones esenciales para la biodiversidad y para actividades humanas tan concretas como la agricultura o el control natural de insectos. No se trata de una curiosidad de calendario. Se trata de poner atención sobre un grupo que supera las 1.500 especies en el mundo, representa aproximadamente una quinta parte de los mamíferos y está presente en todos los continentes salvo la Antártida.

La efeméride se celebra cada 17 de abril y ha ido consolidándose como una oportunidad para combatir la caricatura cultural que durante décadas ha reducido a los murciélagos a superstición, miedo o folclore. El problema de fondo no es solo de imagen: cuando una especie se percibe mal, suele protegerse peor. Y en el caso de los quirópteros, esa distancia entre lo que aportan y lo que se cree de ellos sigue siendo notable.

Por qué los murciélagos son mucho más que un icono nocturno

La relevancia ecológica de los murciélagos es amplia y, en muchos casos, silenciosa. Los organismos científicos y de conservación coinciden en tres grandes funciones: suprimen poblaciones de insectos, participan en la polinización y contribuyen a la dispersión de semillas, procesos que sostienen tanto ecosistemas naturales como entornos agrarios. En otras palabras, son fauna salvaje con efectos muy concretos sobre el equilibrio ecológico.

Control de insectos, polinización y dispersión de semillas

Bat Conservation International subraya que los murciélagos ayudan a polinizar, dispersar o proteger cultivos valiosos y menciona, entre otros, el cacao, el agave o distintas frutas tropicales. En paralelo, su papel como depredadores nocturnos de insectos tiene una dimensión evidente en la reducción de plagas. En medios urbanos y periurbanos, esa utilidad se traduce también en un servicio ecosistémico muy visible: menos insectos y mayor estabilidad biológica en espacios donde el equilibrio natural suele estar más presionado.

Por eso, la conversación sobre murciélagos ya no pertenece solo al terreno de la divulgación naturalista. También entra de lleno en el debate sobre salud de los ecosistemas, gestión del territorio y adaptación al deterioro ambiental. Donde desaparecen refugios, disminuye la calidad del hábitat o se fragmentan las rutas de desplazamiento, los murciélagos retroceden. Y con ellos retrocede una parte del trabajo biológico que realizan cada noche sin apenas atención pública.

España: protección legal y ejemplos recientes de conservación

En España, la protección jurídica es clara: la Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos (SECEMU) recuerda que todas las especies de murciélagos identificadas en el país están protegidas por la legislación estatal, con referencia expresa al Real Decreto 139/2011, que desarrolla el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Ese marco legal no resuelve por sí solo los problemas de conservación, pero fija una base institucional relevante: los murciélagos no son fauna prescindible, sino patrimonio natural protegido.

Del Real Jardín Botánico de Madrid al Delta del Ebro

Los ejemplos recientes muestran que la conservación no es una abstracción. En Madrid, el Real Jardín Botánico-CSIC instaló en 2024 una docena de cajas-refugio con el objetivo de favorecer el asentamiento de murciélagos y reforzar la biodiversidad urbana. Un año después, en agosto de 2025, el propio centro confirmó la ocupación de esas estructuras por una colonia de cría de murciélago de Cabrera: 20 ejemplares, entre hembras reproductoras y crías, en una señal temprana de que incluso medidas relativamente simples pueden ofrecer resultados cuando se diseñan con criterio ecológico.

El caso madrileño tiene además una lectura práctica nada menor. El CSIC vinculó esa iniciativa a la mejora de la biodiversidad en pleno centro urbano y al control biológico de insectos potencialmente problemáticos, incluidos algunos vectores de enfermedad. No es un detalle menor: sitúa a los murciélagos fuera del relato del miedo y dentro del de la funcionalidad ecológica.

Algo parecido ocurre en el Delta del Ebro, donde el IDAEA-CSIC trabaja desde 2026 en la evaluación del impacto de plaguicidas y otros contaminantes sobre distintas especies, entre ellas los murciélagos. El enfoque es revelador porque los utiliza como parte de una red trófica más amplia: no solo importa qué les ocurre a ellos, sino qué dicen sobre el estado general del ecosistema. La investigación parte, además, de una carencia reconocida por el propio centro: persisten vacíos de conocimiento sobre cómo determinados productos afectan a mamíferos como los quirópteros, especialmente en agroecosistemas complejos como los arrozales.

La ciencia española también sigue ampliando el conocimiento básico sobre este grupo. En octubre de 2025, un equipo liderado por la Estación Biológica de Doñana (CSIC) documentó por primera vez con registro acústico cómo el nóctulo grande, el murciélago más grande de Europa, puede capturar y consumir aves en vuelo durante la migración nocturna. Más allá de la singularidad del hallazgo, el estudio confirma una idea de fondo: los murciélagos siguen siendo animales insuficientemente conocidos para buena parte del público y, en algunos aspectos, también para la propia ciencia.

Las amenazas que persisten: refugios perdidos, pesticidas, luz y mal diseño del territorio

El reverso de esa importancia ecológica es una lista de amenazas bastante concreta. La Bat Conservation Trust advierte de la pérdida de hábitat, la afección sobre refugios en edificios, la fragmentación causada por carreteras, algunos tratamientos químicos y el impacto potencial de la iluminación y de determinadas infraestructuras eólicas cuando se sitúan en áreas sensibles. SECEMU añade a esa ecuación la necesidad de conservar cavidades, árboles y edificios usados como refugio, evitar pesticidas en esos espacios y estudiar con antelación la actividad de murciélagos antes de implantar parques eólicos.

Ese diagnóstico dibuja un problema muy reconocible: el deterioro no siempre llega por una sola gran amenaza, sino por una suma de presiones pequeñas y constantes. Un edificio rehabilitado sin medidas adecuadas, una colonia molestada en época de cría, una línea de iluminación mal resuelta, una zona de caza degradada o un proyecto energético mal emplazado pueden tener efectos acumulativos sobre poblaciones que, además, se reproducen despacio. La conservación, por tanto, exige menos improvisación y más planificación.

Una efeméride útil para corregir el relato

El Día de Apreciación de los Murciélagos tiene valor precisamente por eso: porque obliga a corregir el relato. A diferencia de otros animales carismáticos, los murciélagos aún cargan con una mezcla de ignorancia, temor y simplificación cultural que entorpece su defensa. Y, sin embargo, la evidencia disponible apunta en sentido contrario: son especies protegidas, ecológicamente decisivas y todavía necesitadas de más investigación, mejores políticas de conservación y una relación más razonable con la ciudadanía.

La efeméride de este 17 de abril no cambia por sí sola el estado de las poblaciones ni corrige décadas de prejuicio. Pero sí ofrece un punto de apoyo útil: recordar que la biodiversidad no siempre se parece a los animales que generan simpatía inmediata. A veces tiene alas oscuras, sale al anochecer y cumple, en silencio, una tarea esencial.

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