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Hoy 17 de junio se recuerda la lucha contra la desertificación: un reto cada vez más urgente

La ONU pone el foco este 17 de junio en los pastizales, ecosistemas clave para frenar la degradación del suelo y proteger a millones de personas.

El suelo también se agota, se rompe y desaparece. Y cuando eso ocurre, no solo pierde la naturaleza: pierden la agricultura, el agua, los pueblos y la economía.

Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha impulsada por Naciones Unidas para recordar que la degradación de la tierra ya no es un problema lejano ni exclusivo de zonas desérticas. Es una amenaza que afecta a la producción de alimentos, a la disponibilidad de agua, a la biodiversidad y a millones de personas que dependen directamente del territorio para vivir.

En 2026, la jornada pone el foco en los pastizales, bajo el lema internacional “Pastizales: reconocer, respetar, restaurar”. El mensaje es claro: proteger la tierra no significa únicamente plantar árboles. También implica cuidar ecosistemas abiertos, suelos agrícolas, zonas ganaderas, dehesas, montes, humedales y territorios rurales que sostienen buena parte de la vida cotidiana.

Qué es la desertificación y por qué no significa solo “avance del desierto”

La desertificación no consiste únicamente en que un desierto gane terreno de forma visible. Es un proceso más complejo: ocurre cuando la tierra pierde fertilidad, vegetación, humedad, materia orgánica y capacidad para producir vida.

Puede estar provocada por una combinación de factores: sequías más intensas, aumento de las temperaturas, erosión, incendios, sobreexplotación de acuíferos, malas prácticas agrícolas, abandono rural, presión urbanística o pérdida de cubierta vegetal.

El resultado es una tierra más pobre, más seca y más vulnerable. Y eso tiene consecuencias directas: menos cosechas, más riesgo de incendios, pérdida de biodiversidad, menor capacidad para retener agua y más presión sobre agricultores, ganaderos y comunidades rurales.

El Día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía 2026 mira a los pastizales

La edición de 2026 sitúa los pastizales en el centro del debate climático. Estos ecosistemas ocupan una parte enorme del planeta y son fundamentales para la alimentación, la ganadería, la biodiversidad y la cultura de muchas comunidades.

Aunque a menudo se perciben como terrenos “vacíos” o de menor valor ecológico, los pastizales bien gestionados pueden ayudar a conservar el suelo, almacenar carbono, reducir la erosión, favorecer la infiltración del agua y sostener economías rurales.

La conmemoración global de 2026 tiene a Kenia como país anfitrión, un territorio donde los pastizales y las comunidades pastoriles tienen un peso decisivo. La elección no es casual: en muchas zonas áridas y semiáridas del mundo, la supervivencia depende de encontrar un equilibrio entre producción, conservación y adaptación a la sequía.

La sequía agrava un problema que ya afecta a medio planeta

Los datos de Naciones Unidas muestran la magnitud del desafío. Hasta el 40% de la tierra del planeta se encuentra degradada, con efectos sobre miles de millones de personas. Además, la degradación del suelo, la desertificación y la sequía generan costes económicos enormes cada año.

La sequía, por sí sola, no siempre significa desertificación. Puede ser temporal. Pero cuando se repite, se intensifica y se combina con una mala gestión del territorio, el daño puede volverse estructural. La tierra pierde capacidad de recuperación y cada episodio seco deja una huella más profunda.

España, un país especialmente expuesto a la desertificación

España mira esta jornada con especial atención. Por su clima mediterráneo, la irregularidad de las lluvias, la presión sobre el agua y la presencia de amplias zonas secas, el país se encuentra entre los territorios europeos más vulnerables a la desertificación.

El Ministerio para la Transición Ecológica señala que más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a categorías climáticas áridas, semiáridas o subhúmedas secas. A esto se suman factores como la erosión, los incendios forestales, la pérdida de cubierta vegetal, la presión del regadío en algunas zonas y la sobreexplotación de recursos hídricos.

El problema no afecta solo al campo. También impacta en el precio de los alimentos, en el abastecimiento de agua, en la prevención de incendios, en el turismo, en la salud de los ecosistemas y en la vida de los municipios rurales.

El Mediterráneo, una zona caliente del cambio climático

El área mediterránea es una de las regiones más sensibles al calentamiento global. El aumento de las temperaturas intensifica la evaporación, seca los suelos y aumenta la demanda de agua de cultivos, bosques y ciudades.

Aunque algunos periodos puedan traer lluvias abundantes, los expertos advierten de que el patrón de fondo es más preocupante: episodios secos más duros, calor más persistente y un territorio sometido a mayor estrés hídrico. Dicho de forma sencilla: puede llover mucho en poco tiempo y, aun así, seguir aumentando el riesgo de aridificación.

Por eso, la lucha contra la desertificación no se puede medir solo por si llueve o no llueve un mes concreto. Lo importante es observar la salud del suelo, la disponibilidad real de agua, la vegetación, la gestión del territorio y la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.

Restaurar la tierra: una solución ambiental y económica

La restauración del suelo se ha convertido en una de las grandes herramientas frente a la crisis climática. No se trata únicamente de reforestar. También incluye recuperar pastizales, mejorar prácticas agrícolas, proteger acuíferos, reducir la erosión, restaurar riberas, conservar terrazas tradicionales, evitar incendios y apoyar modelos ganaderos extensivos bien gestionados.

Un suelo sano retiene más agua, resiste mejor las olas de calor, favorece la biodiversidad y ayuda a producir alimentos con mayor estabilidad. Además, puede actuar como almacén de carbono y reducir la vulnerabilidad de las comunidades rurales.

En este contexto, la jornada del 17 de junio lanza un mensaje directo: la tierra no es un recurso infinito. Cuidarla es una forma de proteger el futuro del agua, de la alimentación y de la economía.

Qué pueden hacer administraciones, empresas y ciudadanos

La lucha contra la desertificación requiere políticas públicas, inversión y planificación a largo plazo. Las administraciones deben reforzar la gestión sostenible del agua, prevenir incendios, recuperar suelos degradados y apoyar al sector primario que trabaja de forma compatible con la conservación.

Las empresas también tienen un papel importante, especialmente aquellas vinculadas a agricultura, alimentación, construcción, turismo, energía o gestión del agua. Reducir el consumo hídrico, evitar la ocupación innecesaria de suelo fértil y apoyar proyectos de restauración puede marcar una diferencia real.

La ciudadanía, por su parte, puede contribuir con decisiones cotidianas: consumir productos de proximidad, evitar el desperdicio alimentario, apoyar prácticas agrícolas sostenibles, ahorrar agua y exigir políticas serias frente a la sequía.

Una fecha para mirar al suelo antes de que sea demasiado tarde

El Día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía no es solo una efeméride ambiental. Es una advertencia sobre algo mucho más cercano: la seguridad alimentaria, el agua disponible, la vida rural y la capacidad de los territorios para resistir el cambio climático.

La desertificación avanza de forma silenciosa. No siempre se ve de un día para otro, pero sus efectos se acumulan. Por eso, el 17 de junio recuerda que proteger la tierra es proteger todo lo que depende de ella.

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