… porque no hay
un sólo rincón
entre las oscuras teclas
de los pensamientos del alma
que no huela a tí
y no sepa confesar
trémulamente al teclear
en cada dulce golpe
amor en negro y carmesí
de locura sutil.
Cariño grabado
que por amor palpita
en eterno anhelo
viajando
desde el fondo
del esqueleto metálico
hasta volverse inmortal
en los ojos de aquél
que todavía sabe mirar
entre las sombras escondidas
de un viejo carrete de cinta
de algodón fino bicolor
hasta los confines
del último recuerdo
de las miradas humanas
que una vez
latido a latido
conmovió.
Tierna es la geografía
de espíritus de amapola
completamente enamorados
copulando en el calor
de un viejo teclado
de dóciles letras
que con suavidad
obedecen al escritor
cobrando vida
bajo la yema de sus dedos
aliadas traducciónes de versos
inspirados en deseos,
rastros de sentimientos
de idilios callados
o universos de romance eterno.
Invisible tibia presencia
de la belleza de la palabra
en hermosos poemas de amor
encriptados
con tinta roja y negra
en la profundidad de cada tecla
escribiendo secretos guardados
en blancas páginas
de memoria
dictadas con pasión
habitantes de la razón,
paridas de un tintero
que si le apetece
puede ponerse
combinado con el cerebro
palabras que historias recuerdan
marcando compás en el teclado
de ése corazón de metal
enamorado
que enciende
el latido invisible
capaz de transformar
rotos pedazos
de dolor, silencio y alegría
en sinceridad de palabra,
inspiración
puramente tierna,
alumbrando vida
segundo a segundo;
alimento para el espíritu
sobre papel
escapando de la triste
existencia gris.
Paloma Jiménez Lara











