La localidad albaceteña de Riópar conserva entre sus tradiciones populares una conmovedora historia de amor y tragedia conocida como la leyenda del Olmo Viejo. El relato, transmitido a lo largo de los años, explica el origen del antiguo árbol que permaneció junto a la iglesia del municipio como símbolo del amor entre dos jóvenes.
Según cuenta la leyenda, una pareja profundamente enamorada decidió contraer matrimonio. Con motivo de la boda, el joven quiso sorprender a su futura esposa con un ramo de flores especialmente aromáticas. Para cumplir su deseo, encargó que le llevaran un naranjo, cuyas flores servirían para preparar el regalo.
Sin embargo, unas fuertes heladas registradas durante la primavera acabaron secando el árbol. La joven interpretó aquel inesperado suceso como un mal presagio y comenzó a pensar que su matrimonio estaría marcado por la desgracia.
Ante la tristeza de su prometida, el joven decidió desplazarse personalmente para conseguir otro árbol. Durante el viaje de regreso, sufrió un terrible accidente al caer por un barranco, perdiendo la vida antes de poder reencontrarse con la mujer con la que iba a casarse.
La noticia provocó una profunda impresión en la muchacha, que cayó en un intenso periodo de tristeza y depresión. Incapaz de superar la muerte de su amado, terminó falleciendo de pena poco tiempo después.
Días antes de morir, la joven había plantado un olmo junto a la iglesia de Riópar, en el lugar donde se encontraba el árbol de las flores marchitas. Con este gesto quiso mantener vivo el recuerdo del amor que ambos se habían profesado y dejar una huella permanente de aquella historia.
Desde entonces, el árbol pasó a ser conocido como el Olmo Viejo de Riópar y se convirtió en uno de los elementos ligados a la memoria y al patrimonio sentimental de la localidad.
El histórico ejemplar fue atacado posteriormente por la grafiosis, una enfermedad que afecta gravemente a los olmos. En la actualidad, cerca de la iglesia todavía puede contemplarse su tocón, último vestigio de un árbol alrededor del cual permanece viva una de las leyendas más emotivas de Riópar.












