La Cooperativa Virgen de las Viñas Bodegas y Almazara volvió a situar a Tomelloso en el foco cultural con la inauguración de la exposición de las obras premiadas y seleccionadas vinculadas a la XXIV edición del Certamen Cultural Virgen de las Viñas, una cita ya asentada en el calendario artístico regional y con creciente eco nacional. El acto, celebrado en el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena, reunió a autoridades, artistas, jurado, y representantes del tejido cultural y social.
El presidente de la cooperativa, Rafael Torres, abrió la jornada con un mensaje de gratitud y continuidad, subrayando el respaldo institucional y el compromiso de quienes sostienen el certamen. Agradeció la presencia del alcalde y el acompañamiento de la viceconsejera de Cultura, además del apoyo de patrocinadores y colaboradores, clave para mantener viva una iniciativa que, en sus palabras, no solo respalda un evento, sino también “la difusión” y la “creatividad” que alimentan a la sociedad.
En su intervención, Torres puso el acento en el papel estratégico del museo y la pinacoteca: el objetivo, dijo, es “crear una marca cultural” desde el Infanta Elena y, sobre todo, “que aumente el prestigio de Tomelloso”. Con una mirada más amplia, defendió que las localidades que invierten en cultura tienden a ser más emprendedoras y atractivas para el turismo, con un retorno directo en la economía local. La apuesta, remarcó, busca dejar huella en el carácter de la ciudad y en su transmisión “de generación en generación”.
El presidente quiso, además, reconocer la calidad de los participantes y premiados, celebrando una presencia especialmente destacada de artistas locales. Entre los asistentes citó al pintor Francisco Carretero y al catedrático José Sánchez Carralero, figura vinculada al certamen desde sus orígenes, así como al periodista Javier Ruiz, distinguido en la convocatoria y llamado a intervenir durante el acto.
A continuación tomó la palabra José Sánchez Carralero, quien recordó el nacimiento del certamen y el trayecto recorrido hasta alcanzar la vigésimo cuarta edición. Con tono cercano y pedagógico, describió la evolución de la iniciativa y el valor de la colección reunida: una obra “ingente”, diversa y abierta a tendencias, porque la pintura —explicó— se mueve como “un péndulo” que va y viene, sin permanecer anclada en una sola corriente. Para Carralero, el museo constituye “un verdadero milagro”, no por azar, sino por el trabajo sostenido de quienes lo impulsan.
El profesor quiso destacar de forma especial el liderazgo de Rafael Torres, su constancia y su manera de vivir “el vino” y el arte como una misma cultura compartida. También puso en valor la importancia de renovar los jurados, “oxigenarlos”, para garantizar una selección plural y un patrimonio artístico que refleje sensibilidad, época y diversidad. En su recorrido por la identidad local, evocó la tradición literaria y pictórica de Tomelloso y la estela de creadores que han dado proyección a la localidad.
La voz de los artistas llegó después con la intervención de la premiada Caroline Culubret, que agradeció al jurado el reconocimiento y al equipo del museo el impulso a la profesión artística. Reivindicó la necesidad de sostener la pintura en un tiempo “saturado” de tecnología y celebró el nivel de un certamen que, según señaló, congregó en esta edición en torno a 300 artistas, de modo que estar seleccionado ya supone un logro relevante. También agradeció el gesto institucional del alcalde, destacando el valor emocional de sentirse arropada en la ciudad.
Culubret presentó su obra, La belleza del otoño de la vida, creada expresamente para el certamen, y explicó su planteamiento: equilibrio entre sentimiento, significado y ejecución técnica. Describió el uso de un tondo de gran formato y la figura femenina como elemento narrativo, junto al pan de oro, que —según relató— transforma la percepción del cuadro con la iluminación, dotándolo de una cualidad casi viva. En uno de los pasajes más personales, compartió una anécdota surgida tras la entrega de premios, cuando varias asistentes le transmitieron que se sentían identificadas con lo que la obra sugería, incluso antes de verla en directo.
El periodista Javier Ruiz reforzó la dimensión humana y comunitaria del proyecto, describiendo a Rafael Torres como un gestor con sentido de legado y visión de futuro. En un discurso de tono literario, defendió que Tomelloso posee un patrimonio singular y una energía emprendedora que se aprecia mejor “desde fuera”, y llegó a definir a la ciudad como “la Atenas de La Mancha”, reivindicando su capacidad para convertir trabajo, identidad y cultura en un relato propio.
En su intervención, el alcalde Javier Navarro agradeció la labor de la cooperativa y el esfuerzo sostenido que permite que el certamen siga creciendo en participación y calidad. Señaló al museo y a la convocatoria como un referente que trasciende lo local y proyecta el nombre de Tomelloso, y destacó el valor de que en esta edición se haya reconocido especialmente a creadores de la ciudad. Invitó a recorrer la exposición con calma, deteniéndose en técnicas, miradas y sensibilidades que conviven en un mismo espacio gracias al compromiso de miles de socios.
Cerró el acto Carmen Olmedo, viceconsejera de Cultura, quien subrayó el carácter singular de una cooperativa capaz de convertir parte de sus beneficios en patrimonio cultural compartido. Afirmó que en este espacio “se cierra el círculo del arte”: artistas, mecenas, instituciones y público. Defendió la cultura como herramienta de libertad y pensamiento crítico en tiempos de uniformidad, recordando que el arte puede ser “garantía de cordura” y animando a mantener viva esa alianza simbólica entre arte y vino que da identidad al proyecto.
Con esta nueva edición, el Certamen Cultural Virgen de las Viñas y el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena reafirman su papel como motor cultural de Tomelloso, sumando prestigio, atracción turística y proyección artística a una ciudad que ha decidido hacer de la cultura una inversión de futuro.









































