Este bandolero comenzó sus acciones en el año 1835. Antonio García de la Parra, apodado Orejita, nació en Calzada de Calatrava.
En ese año apareció en Mestanza con la intención de matar a dos personas: al también bandolero Barba y a un oficial del Ejército. Finalmente, el Ayuntamiento le ofreció 6.500 reales y el bandolero cejó en su intención.
Posteriormente anduvo por varios pueblos: Fuencaliente, Brazatortas, Mestanza, Argamasilla de Calatrava y Puertollano. En esta ciudad tuvo problemas con la llamada Guardia Urbana, aunque finalmente se llevaron armas y caballos.
En verano, su recorrido varió, pasando por Viso del Marqués, Mestanza, Calzada y de nuevo Puertollano, hasta llegar a Granátula de Calatrava, habiendo conseguido reunir unos 200 hombres.
El segundo de a bordo de la gavilla se presentó en Aldea del Hoyo en busca de unos desertores de la facción, porque se habían llevado el dinero que tenían recogido de los pueblos. Fueron hallados y consiguieron matar a tres, dejar a uno herido y coger a otro prisionero, llevándolo a Aldea del Hoyo junto con sus caballos y enseres.
A la aldea llegó una columna de caballería, que se enfrentó a los facciosos y consiguió dispersarlos, dejando estos sus cabalgaduras y varios enseres.
Continuó la búsqueda por El Hoyo, Huertezuelas y San Lorenzo. Al poco tiempo fueron localizados en Mestanza y los persiguieron hasta unos cerros donde se ocultaban. La persecución continuó hasta Solana del Pino, donde Orejita se había reforzado con nuevos voluntarios andaluces de otra facción.
El comandante de los isabelinos atacó El Hoyo y, en la reyerta, resultaron muertos 12 carlistas, que perdieron alimentos, escopetas y pistolas, además de unos 25 caballos.
Orejita logró escapar por los montes, pero fue acosado de nuevo en el término de Andújar, en Jaén. Otra vez, en el término de Mestanza, consiguieron quitarles los caballos y recuperar la información que les habían proporcionado los carlistas.
La cabeza de Orejita fue puesta a precio: se ofrecía una recompensa de seis mil reales por él y otros dos mil reales por cualquier cabecilla de la gavilla.
Sin embargo, durante tres o cuatro meses Orejita no dio señales de vida y no fue localizado. Más tarde volvió a producirse un enfrentamiento entre los isabelinos y el grupo de Orejita en las proximidades de San Lorenzo, con heridos y varios prisioneros.
Se decidió que una persona afín a Orejita acordara devolver a un faccioso que estaba preso a cambio de los prisioneros. Pero Orejita mandó ejecutarlos, por lo que, por parte del otro bando, el faccioso también fue fusilado.
La intensidad de la búsqueda hizo que los facciosos se dividieran en varios grupos, diseminándose por los montes.
De nuevo se desconoció el lugar donde se encontraba Orejita hasta que, en Mestanza, dos meses después, se produjo otro encuentro entre ambas fuerzas, con varias muertes y varios prisioneros.
La partida volvió a hacer su aparición en San Lorenzo, donde las fuerzas reales consiguieron dispersarla y quitarle varios caballos.
Un nuevo encuentro se produjo en las inmediaciones de Mestanza. En él murieron ocho facciosos y hubo varios heridos, entre ellos el propio Orejita. Hay que tener en cuenta que el grupo de Orejita estaba compuesto por unos cien hombres a caballo.
En un encuentro posterior con las tropas isabelinas apareció Orejita junto con otro bandolero llamado Peñuelas y con unos 200 hombres.
Los actos de bandolerismo continuaron. Orejita dejó el mando a Peñuelas y a su segundo, llamado El Contrabandista, que entraron en Fuencaliente con 800 hombres para abastecerse. Posteriormente, parte de ellos pasaron a Villanueva, donde hicieron lo mismo.
Dos vecinos de Fuencaliente se apostaron en el monte y consiguieron matar a El Contrabandista.
Peñuelas fue apresado, encontrándose con una pierna cortada por el balazo recibido.
Peñuelas, que pasó a ser la mano derecha de Orejita, fue cobrador de la Santa Cruz y llegó a ser coronel. Desde luego, sus méritos eran muy convincentes: la muerte de 30 coraceros en El Hoyo, 28 isabelinos en Arjonilla y 20 carabineros en Santa Eufemia.
Tomando nuevas medidas, el comandante general de los isabelinos decidió atacar a la gavilla de Orejita con 600 hombres y fue en su busca a Mestanza, donde se encontraba la cuadrilla de Orejita con más de 800 hombres, aunque finalmente el ataque no llegó a producirse.
Pero, finalmente, el 2 de octubre de 1838 se notificó la muerte de Orejita, ocurrida en las inmediaciones de El Hoyo.
El cuerpo fue trasladado a Ciudad Real, aunque algunos de los facciosos intentaron recuperarlo en una encerrona.
Con esta desaparición, la gavilla se disolvió: unos abandonaron, otros pidieron el indulto y otros volvieron a agruparse en otras facciones.











