Cada 2 de mayo, el mundo celebra el Día Mundial del Atún, una fecha impulsada por Naciones Unidas para recordar la importancia de esta especie en la alimentación, la economía y la salud de los océanos. En 2026, la efeméride llega con un mensaje más esperanzador que en años anteriores: la sostenibilidad de la pesca del atún está dejando de ser una promesa para convertirse en un cambio medible.
Según la FAO, el atún y las especies afines destacan dentro del panorama pesquero mundial: el 87% de los stocks evaluados se encuentran en niveles biológicamente sostenibles y el 99% de los desembarques procede de fuentes sostenibles. Aun así, el organismo advierte que la sobrepesca global sigue siendo un problema serio en muchas regiones y especies marinas.
Por qué el atún es una especie clave para el planeta
El atún es mucho más que un producto de supermercado. Es una especie migratoria, veloz, presente en todos los grandes océanos y esencial para millones de personas que dependen de él como alimento, fuente de empleo o motor económico.
La International Seafood Sustainability Foundation, conocida como ISSF, estima que en 2024 la captura de los principales stocks comerciales de atún alcanzó alrededor de 5,8 millones de toneladas. Entre las especies más relevantes están el listado, el rabil, el patudo y el albacora.
Esta dimensión explica por qué el atún se ha convertido en un símbolo de la pesca moderna: si se gestiona mal, el impacto es enorme; si se gestiona bien, puede demostrar que la explotación de recursos marinos y la conservación no tienen por qué ser enemigos.
En las islas del Pacífico, por ejemplo, el atún no es solo comercio internacional. La Pacific Islands Forum Fisheries Agency recuerda que forma parte de la seguridad alimentaria, los ingresos públicos, el empleo y la cultura de muchas comunidades costeras.
El giro sostenible: de pescar más a pescar mejor
Durante décadas, el gran problema fue pescar primero y medir después. Hoy, el cambio más importante es el contrario: la ciencia empieza a marcar el ritmo de la pesca.
Las organizaciones regionales de ordenación pesquera, conocidas como RFMO, están aplicando cada vez más estrategias de captura basadas en datos. Estas estrategias establecen reglas previas: cuánto se puede pescar, cuándo reducir el esfuerzo y cómo reaccionar si una población muestra señales de presión.
ISSF señala que, en enero de 2026, el 74% de los 23 principales stocks comerciales de atún se encontraba en niveles saludables de abundancia, mientras que el 26% estaba en nivel intermedio y ninguno figuraba como sobreexplotado dentro de su evaluación más reciente.
Ese dato no significa que el trabajo esté terminado. Significa algo igual de importante: cuando hay vigilancia, límites, cooperación internacional y presión del mercado, las poblaciones de atún pueden mejorar.
Los datos que explican el avance del atún sostenible
| Indicador clave | Dato reciente | Qué significa |
|---|---|---|
| Captura mundial de principales stocks comerciales de atún | 5,8 millones de toneladas en 2024 | El atún sigue siendo uno de los pescados más importantes del comercio global |
| Stocks comerciales en nivel saludable, según ISSF | 74% en enero de 2026 | Mejora de la gestión científica y del control pesquero |
| Stocks de atún y especies afines sostenibles, según FAO | 87% de los evaluados | El atún destaca frente a otras pesquerías marinas |
| Desembarques de atún y especies afines desde fuentes sostenibles | 99%, según FAO | La mayor parte del volumen procede de stocks gestionados de forma sostenible |
| Captura procedente de stocks con abundancia saludable, según ISSF | 97% | El mejor nivel registrado por la organización hasta 2026 |
La lectura es clara: el atún se ha convertido en uno de los casos más visibles de recuperación y control dentro de la pesca mundial. Pero también hay una segunda lectura: estos avances son frágiles si se relajan las normas.
Tecnología en los barcos: cámaras, sensores y trazabilidad
Uno de los cambios más relevantes está ocurriendo lejos del consumidor, en plena mar.
La vigilancia electrónica, el uso de cámaras a bordo, los sensores y los sistemas de seguimiento permiten saber mejor qué se captura, dónde se pesca y si se cumplen los límites. NOAA Fisheries explica que el monitoreo electrónico ayuda a recopilar datos pesqueros, mejorar las evaluaciones de stocks y asegurar que los límites de captura sean sostenibles a largo plazo.
Esta tecnología también ayuda a combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, uno de los grandes enemigos de la sostenibilidad. En un mercado donde una lata puede pasar por varios países antes de llegar al lineal, la trazabilidad ya no es un extra: es una condición básica.
Para el consumidor, esto se traduce en una pregunta sencilla: ¿puedo saber de dónde viene este atún y cómo fue capturado?
El papel de los FAD y el reto de reducir la captura accidental
La pesca del atún no solo afecta al atún. También puede impactar en tiburones, tortugas, rayas y otras especies que quedan atrapadas de forma accidental.
Por eso, una de las grandes batallas actuales está en los dispositivos agregadores de peces, conocidos como FAD. Son estructuras flotantes que atraen peces y facilitan la captura, pero si se usan mal pueden aumentar la captura de juveniles o especies no objetivo.
ISSF destaca que el avance hacia FAD no enmallantes y biodegradables, junto con mejores prácticas de mitigación de captura accidental, ha sido una de las mejoras medibles de la última década.
La organización también apunta a una línea tecnológica prometedora: el uso de ecosondas para diferenciar especies cerca de estos dispositivos antes de lanzar las redes. En la práctica, esto permitiría seleccionar mejor las capturas y reducir daños innecesarios al ecosistema.
El Día Mundial del Atún 2026 llega con avances, pero no con carta blanca
El optimismo no debe confundirse con licencia para consumir sin mirar etiquetas. Aunque los datos globales son mejores, el atún sigue siendo una especie sometida a una enorme presión comercial.
Pew Charitable Trusts ha subrayado que la gestión del atún rojo del Atlántico mejoró de forma notable durante la última década, tras años de riesgo severo para algunas poblaciones. Pero también advierte que las decisiones futuras sobre límites de captura deben mantener el compromiso con la sostenibilidad.
La propia ISSF insiste en que el progreso debe reforzarse con estrategias de captura más sólidas, mejor mitigación de captura accidental y sistemas de monitoreo más amplios. En su mensaje por el Día Mundial del Atún 2026, la organización señala que las prioridades pasan por fortalecer la conservación de stocks y cerrar brechas de control en las pesquerías.
Qué puede hacer el consumidor para elegir atún sostenible
No hace falta ser experto en pesca para comprar mejor. Lo primero es fijarse en la información del envase: especie, zona de captura, método de pesca y certificaciones reconocidas. También conviene preferir marcas que publiquen políticas de trazabilidad y abastecimiento responsable.
Las opciones capturadas con métodos de bajo impacto, como caña y línea en determinadas pesquerías, suelen presentar menor captura accidental. Sin embargo, no existe una regla universal: lo importante es que el producto tenga datos claros y verificables.
También ayuda variar el consumo. El atún es nutritivo, práctico y popular, pero no debería ser la única fuente de pescado en la dieta. Diversificar reduce presión sobre una sola especie y apoya un mercado más equilibrado.
El futuro del atún se decide entre ciencia y mercado
El gran aprendizaje del Día Mundial del Atún 2026 es que la sostenibilidad no depende de una sola medida. No basta con poner cuotas. No basta con certificar productos. No basta con pedir responsabilidad al consumidor.
El cambio real ocurre cuando se combinan varios elementos: ciencia, límites de captura, vigilancia electrónica, reducción de pesca accidental, trazabilidad, cooperación internacional y presión de supermercados, marcas y compradores.
Ese es el giro que está salvando al atún: pasar de una pesca basada en volumen a una pesca basada en responsabilidad.
Y aunque todavía quedan zonas grises, el mensaje de 2026 es potente: cuando el océano se gestiona con datos y no con improvisación, la recuperación es posible.











