Hoy toca una efeméride curiosa, de las que funcionan porque todo el mundo tiene una anécdota: el Día Mundial del Chicle. El 13 de enero se ha popularizado como fecha para recordar la historia de la goma de mascar y cómo pasó de costumbre antigua a producto de consumo masivo, con los primeros hitos modernos ligados a patentes y a su despegue comercial.
Y lo mejor es que el chicle tiene “trama”: mezcla de culturas antiguas, inventores con pruebas rarísimas, marcas que lo convirtieron en un básico… y un producto que, aunque parezca simple, lleva bastante química y proceso detrás.
Por qué el 13 de enero se asocia al Día Mundial del Chicle
En medios de habla hispana, el 13 de enero aparece como la fecha más repetida para esta celebración, presentada como un recordatorio de la historia del chicle moderno y su industria.
Además, parte del “relato” suele enlazarse con finales del siglo XIX, cuando empiezan a aparecer patentes clave y el chicle se vuelve un producto comercial “de verdad”, no solo una curiosidad.
Del “chicle” tradicional al chicle moderno
Mucho antes de las marcas y los sabores imposibles, ya se masticaban resinas y savias. En Mesoamérica, por ejemplo, se popularizó el uso del chicle (resina/latex natural) extraído del árbol del zapote, algo que hoy se menciona a menudo al explicar el origen cultural de la goma de mascar.
La versión moderna despega cuando esa materia prima salta al mundo comercial y aparecen fórmulas, máquinas y formatos que permiten venderlo a gran escala: palitos, bolitas, chicle “grageado” con cobertura, etc.
Patentes que marcaron época
Aquí van dos nombres que salen una y otra vez cuando te pones a tirar del hilo:
1) William F. Semple (1869)
En Estados Unidos aparece una de las primeras patentes más citadas sobre “chewing gum”: la Patente Nº 98,304, fechada el 28 de diciembre de 1869.
2) Thomas Adams (1871)
Poco después, se documenta otra patente muy mencionada relacionada con el chicle hecho a partir de chicle/chicly (la resina natural), asociada a Thomas Adams y a la consolidación del chicle como producto comercial en esa época.
Si te interesa el “timeline” con fechas y el orden típico en el que se cuenta esta historia, aquí tienes una cronología resumida:
Qué lleva un chicle por dentro (explicado fácil)
Un chicle moderno suele dividirse en dos partes:
La base: es lo que hace que se pueda masticar sin deshacerse y mantenga la textura.
El resto: sabores, endulzantes, suavizantes y, según el tipo, recubrimientos (en los chicles “con capa”).
En divulgación educativa de química se explica que la clave está en esa base elástica, más una mezcla de ingredientes que ajustan textura y sabor.
Y el proceso típico (a nivel industrial) suele ir por aquí: calentar/ablandar la base, mezclar, añadir saborizantes, formar (laminar o extruir), cortar y, si toca, recubrir. No es magia: es amasado y precisión, como si fuera una masa, pero con otra “personalidad”.
Curiosidades que siempre enganchan
Hay un dato que suele sorprender: la primera patente no siempre coincide con el primer gran éxito comercial. En la historia del chicle, se habla mucho de patentes tempranas y, después, de quienes lograron convertirlo en un producto de masas con fabricación y distribución potentes.
También hay hitos de marcas y formatos (como el chicle con cobertura tipo “Chiclets”) que aparecen en cronologías históricas de la industria.












