La osa polar Kari estaba medio tumbada, como si el hielo fuera sofá, cuando el zorro ártico Nuka llegó corriendo con cara de “traigo salseo”.
-Kari, Kari… que en el mundo de los humanos están otra vez con lo de “quedarse” Groenlandia.
-¿Otra vez? —Kari bostezó-. ¿Pero es que no tienen mapas o qué?
-Dicen que Trump anda muy serio con que Estados Unidos “necesita” Groenlandia por seguridad y no sé qué… —Nuka hizo comillas con las patitas, orgulloso de su sarcasmo.
Una foca asomó la cabeza entre dos placas de hielo, escuchando como quien oye un podcast.
-¿Y qué significa “conquistar” para ellos? -preguntó la foca, con cara de “yo solo venía a respirar”.
-Pues… banderas, discursos, gente hablando fuerte, y luego todos discuten por internet -resumió Nuka-. Y los de aquí ya dijeron que nanai, que se deciden ellos y punto.
-Me encanta -Kari sonrió-. O sea, que un señor al otro lado del océano se levanta y dice “me pido ese hielo”, como si fuera el último trozo de pizza.
La foca soltó una burbuja larga, como suspiro.
-Yo propongo que si alguien quiere “poseer” algo, que empiece por poseer una chaqueta, porque aquí hace un frío que te cura el ego.
-Amén —dijo Nuka-. Y que vengan a negociar con el consejo supremo: tú, yo y la señora Kari, que impone.
La morsa hace de portavoz y nadie la calla
Antes de cualquier “toma de control”, toca aguantar un discurso con bigote
A lo lejos apareció Manni la morsa, subiendo a una roca como si fuera escenario. Se aclaró la garganta con un “ejem” que sonó a bocina vieja.
-¡Atención, fauna y vecindario! -tronó-. Me informan mis contactos… o sea, una gaviota cotilla… que los humanos creen que esto es un tablero.
-¿Y tú qué crees que es? -preguntó Kari, sin moverse.
-Un hogar, señora. Un hogar con viento lateral y hielo con mala leche, pero hogar -Manni miró al horizonte con dramatismo-. Y si quieren “conquistarlo”, que sepan que aquí el hielo conquista a cualquiera en cinco minutos.
Nuka se rió bajito.
-Manni, tú lo que quieres es que te hagan caso.
-Claro, ¿y qué? -Manni infló el pecho-. Además, he preparado un mensaje oficial para Trump.
La foca, ya con confianza, se metió en la conversación:
-A ver, suéltalo.
-Dice así: “Estimado señor del peinado valiente: aquí no hay alfombra roja, solo nieve. Si quiere venir, traiga respeto y deje el rollo de ‘esto es mío’ en la puerta”.
-Me parece fino -dijo Kari-. Ponle también: “y cuidado con pisar donde no toca, que te tragas una grieta y ni trending topic”.
Manni levantó una aleta, solemne:
-Y añado una cosa más: Groenlandia no es un souvenir.
-Ufff -Nuka se llevó la patita al pecho-. Frase para camiseta.
El narval propone el plan más raro y, encima, funciona
Diplomacia ártica: menos gritos, más sentido común y un toque de magia marina
En el agua oscura, bajo una capa fina de hielo, el narval Ivik apareció como una idea loca que nadie pidió, pero que cae bien. Su colmillo brilló un segundo.
-He oído “conquistar” -dijo Ivik, con voz calmada-. Los humanos siempre quieren nombrar dueño a todo.
-Sí, y hoy les ha dado fuerte -respondió Nuka-. Lo sueltan en rueda de prensa y ya está el mundo nervioso.
-Entonces hagamos algo -propuso Ivik-. No peleemos con su ruido. Hagamos silencio elegante.
Kari arqueó una ceja.
-Eso suena a “no hago nada”.
-No, no -Ivik movió la cola despacio-. Hacemos lo siguiente: cuando vengan con prisas y banderitas, les damos la bienvenida con una tormenta de realidad. Les enseñamos lo que es vivir aquí sin postureo. Una noche de viento, una caminata de dos metros y ya se les pasa la fantasía.
La foca aplaudió… o lo intentó, porque con aletas es más un “flop flop”.
-¡Eso! Que no es “conquistar”, es aguantar.
-Y si aun así insisten -añadió Nuka-, les ponemos a Manni de guía turístico. Dos horas de discurso y salen pidiendo asilo en Islandia.
Kari soltó una risa corta, de esas que calientan más que el sol.
-Vale, consejo animal: aquí nadie compra, nadie conquista y nadie manda salvo el clima. Y al clima, sinceramente, le da igual quién sea presidente.
Ivik se hundió despacito, como cerrando el tema.
-Exacto. Aquí el hielo tiene memoria larga. Los humanos… no tanto.












