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Cuando una pequeña lagartija se cruza en tu camino justo antes de salir

A veces, los pequeños detalles de la vida cotidiana son los que nos regalan los mejores momentos.

Esta mañana salía de casa para hacer una entrevista. Iba pendiente de la hora, repasando mentalmente si llevaba todo y pensando en lo que tenía por delante.

Abrí la puerta y la vi allí. Una lagartija estaba en la propia puerta, completamente quieta.

No sé desde cuándo estaba ahí. La vi al abrir y me quedé un momento mirándola. Lagartijas se ven muchas en esta época, pero encontrarte una justo en la puerta cuando vas a salir es de esas cosas que te hacen parar un segundo.

Lo curioso era la situación. Yo con la cabeza puesta en la entrevista, en llegar a tiempo y en todo lo que tenía pendiente, mientras ella seguía allí sin moverse demasiado, como si nada estuviera pasando.

Esperé un poco para no molestarla y dejé que siguiera tranquila. Después de unos minutos decidió moverse y buscar otro sitio.

Al final pude salir de casa y continuar con mi mañana, pero con una pequeña anécdota que no esperaba llevarme. No fue nada extraordinario, simplemente una lagartija que apareció en el momento justo y que consiguió que, aunque solo fueran unos segundos, dejara a un lado las prisas.

A veces pasan estas pequeñas cosas que no tienen mayor importancia, pero que terminan haciendo que recuerdes un día normal de una forma un poco diferente.

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