Hoy, 24 de enero, se celebra a San Francisco de Sales, un nombre que aparece en el santoral pero que tiene un vínculo muy actual con el día a día de los medios. Se le considera patrón de los periodistas y comunicadores, y su figura vuelve a ganar interés justo cuando más se habla de desinformación, titulares virales y contenidos creados a toda velocidad.
La conmemoración del 24 de enero no es solo una fecha religiosa. Para mucha gente del mundo de la comunicación funciona como un recordatorio: informar no es solo publicar, también es elegir bien las palabras, el tono y el contexto. En tiempos de redes sociales y de inteligencia artificial, esa diferencia se nota más que nunca.
San Francisco de Sales fue un obispo y escritor de los siglos XVI y XVII, conocido por una forma de comunicar muy particular: clara, cercana y sin buscar pelea. Se le atribuye una manera de explicar ideas que priorizaba convencer antes que atacar. Por eso, con el paso del tiempo, terminó asociado a quienes trabajan con mensajes públicos, especialmente en periodismo y divulgación.
Una de las cosas que más llama la atención de su historia es que usó textos y folletos para llegar a la gente cuando no podía hacerlo de otra manera. Dicho en lenguaje de hoy: entendía que el formato importa y que hay que adaptar el mensaje al público. Esa mentalidad, que parece moderna, es parte de lo que hace que esta celebración no suene “antigua”, sino sorprendentemente vigente.
El motivo por el que esta fecha vuelve a sonar tanto tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo ahora. En mensajes recientes dirigidos a periodistas, el Vaticano ha puesto el foco en algo que todos notamos: hay demasiada desinformación, mucha tensión y cada vez más conversación en “modo bronca”. Y la idea que lanza es bastante simple: comunicar mejor, con más responsabilidad y sin ir a degüello. Por eso a mucha gente del oficio le encaja San Francisco de Sales como referencia: decir las cosas claras, sí, pero sin perder el respeto ni la parte humana.
En España, este día suele recordarse de forma más tranquila, sobre todo en centros educativos, comunidades y también en medios o proyectos locales. No es que haya un macroevento en cada ciudad, pero sí se ve movimiento: artículos especiales, charlas, mensajes en redes y un poco de reflexión. Al final todo gira alrededor de lo mismo: cómo informar bien cuando el ruido, los titulares fáciles y lo viral intentan llevarse toda la atención.












