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La educación no puede seguir llegando tarde

Artículo de opinión de Ascensión Palomares Ruiz para Cuadernos Manchegos.

Otra mujer asesinada. Otra familia rota. Otra comunidad conmocionada. Y, después, el mismo debate: protocolos, recursos, coordinación, protección, prevención.

Todo es necesario. Pero no es suficiente. Porque cuando una mujer es asesinada por su pareja o expareja, la violencia no comienza con el crimen. Mucho antes han podido aparecer el control, la posesión, los celos, la humillación, el aislamiento y la desigualdad. Y, ante esa realidad, debemos hacernos una pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo para educar contra la violencia antes de que sea demasiado tarde?

La respuesta no puede limitarse a actuar cuando ya existe una víctima.

La violencia machista no se combate únicamente en los juzgados, en los servicios sociales o mediante medidas de protección. También se combate en las aulas, en las familias y en la construcción cotidiana de las relaciones humanas. Se combate enseñando, desde la infancia, que nadie pertenece a nadie; que el amor no controla; que los celos no son una prueba de cariño; que la libertad del otro no se negocia y que ninguna persona tiene derecho a humillar, dominar o dañar a otra.

La educación no es una solución mágica. Pero sí es una de las herramientas más poderosas para transformar las ideas, las actitudes y los comportamientos que pueden terminar normalizando la desigualdad y la violencia.

Los programas de coeducación, educación afectivo-sexual y prevención del sexismo pueden contribuir a reducir las actitudes sexistas, desmontar los mitos del amor romántico y cuestionar la aceptación de la violencia. Sin embargo, estos esfuerzos siguen siendo insuficientes, desiguales y, en demasiadas ocasiones, fragmentarios.

No podemos permitir que la prevención dependa de la voluntad individual de un centro, de un docente o de una administración concreta. La prevención debe ser una política de Estado.

Necesitamos programas obligatorios, rigurosos y evaluables de prevención de la violencia de género desde las primeras etapas educativas. Necesitamos formar al profesorado. Necesitamos proporcionar herramientas a las familias. Necesitamos profesionales preparados y recursos suficientes. Y necesitamos evaluar, sin prejuicios ni intereses partidistas, qué medidas funcionan y cuáles no.

Porque anunciar programas no basta. Aprobar leyes no basta. Reaccionar después de cada asesinato no basta. Hay que llegar antes.

Y llegar antes significa educar para la igualdad, para la libertad, para el respeto y para la convivencia. Significa enseñar a identificar el control y la violencia antes de que se normalicen. Significa formar personas capaces de establecer relaciones basadas en la dignidad y no en la dominación.

Cada nueva víctima nos obliga a mirar de frente una realidad que no podemos seguir aplazando. El dolor no puede convertirse en una noticia más. La indignación no puede durar únicamente unas horas. Y la memoria de las víctimas no puede limitarse a un minuto de silencio.

Si queremos cambiar el futuro, debemos empezar mucho antes de que llegue la tragedia.

Como catedrática y defensora de los derechos humanos, lo afirmo con absoluta convicción: la educación es una de las grandes herramientas de prevención de la violencia machista y no puede seguir ocupando un lugar secundario.

Las mujeres de Albacete, de Castilla-La Mancha y de toda España tienen derecho a vivir sin miedo.

Y nuestra sociedad tiene la obligación de educar para que ese derecho sea una realidad.

No más excusas. No más indiferencia. No más muertes.

La educación no puede seguir llegando tarde.

Ascensión Palomares Ruiz.

Doctora y Catedrática. Presidenta de la Asociación Europea de Liderazgo y Calidad de la Educación. Defensora de los Derechos Humanos.

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