He tenido el honor de asistir, por invitación del diputado del Área de Educación y Cultura de la Diputación de Albacete, al estreno oficial del documental “María, la bien pagá”, dirigido magistralmente por Marcos Moreno.
A través de sus propias palabras y con un sentido del humor intacto, María Isbert (1917-2011) recorre su larga y fecunda vida en este documental. Y lo hace como ella era: directa, vital y sin victimismos. Lo que surge ante el espectador es el retrato de una gran mujer de su tiempo: luchadora, resiliente y trabajadora incansable.
Tenemos que destacar que el ejemplo de María Isbert debe ser un auténtico referente para nuestra juventud. Su vida representa a toda una generación de mujeres luchadoras que, lejos de rendirse ante las dificultades, supieron salir adelante con valentía, sacrificio y una enorme dignidad. Ni la edad, ni las dificultades económicas, ni la enfermedad, ni siquiera la enorme responsabilidad de sacar adelante sola a una familia numerosa pudieron frenar su vocación, su fuerza ni sus ganas de vivir.
Eso es precisamente lo que convierte este documental en algo mucho más profundo que un homenaje a una actriz querida. “María, la bien pagá” es también un reconocimiento a tantas mujeres invisibles que sostuvieron familias enteras mientras trabajaban, cuidaban y seguían luchando día tras día sin perder la ilusión. Mujeres que rara vez ocuparon titulares, pero cuyo esfuerzo silencioso hizo posible la vida de muchas generaciones.
Viuda con siete hijos, María superó enfermedades, dificultades económicas y las durezas de una profesión inestable, pero nunca dejó de amar su trabajo. Siguió actuando prácticamente hasta el final de sus días, demostrando una energía y una dignidad que conmueven. Su trayectoria es la de miles de mujeres de su generación que, con enorme entereza, sacaron adelante a sus familias mientras ejercían su vocación.
María Isbert nunca se instaló en el victimismo. Afrontó las dificultades con naturalidad, con humor y con una energía admirable. Continuó trabajando prácticamente hasta el final de sus días porque amaba profundamente su profesión y porque entendía la vida desde el compromiso y la entrega. Esa capacidad de resistencia, esa dignidad y esa pasión son valores que hoy necesitamos reivindicar más que nunca.
Por eso resulta tan importante el mensaje del documental frente al edadismo que todavía existe en nuestra sociedad. Parece que, al llegar a cierta edad —especialmente en el caso de las mujeres—, muchas personas dejan de ser visibles o de tener espacio público, como si la experiencia, el talento y la capacidad de aportar desaparecieran con los años. María Isbert demuestra exactamente lo contrario. Su figura nos recuerda que las personas mayores siguen siendo valiosas, creativas, activas y necesarias.
En un momento en el que parece que algunos quieren apartar a quienes ya han dado tanto, recuperar el ejemplo de María Isbert es también un acto de justicia y de memoria. Su vida y su trayectoria merecen ser admiradas no solo por su brillante carrera artística, sino por todo lo que representan: esfuerzo, resiliencia, humanidad y amor por la vida.
“María, la bien pagá” no es solo un documental sobre una actriz querida y popular —hija del mítico Pepe Isbert e intérprete en más de 250 películas—, sino también un hermoso alegato contra los estereotipos que todavía pesan sobre la vejez y, especialmente, sobre las mujeres mayores.
Un documental necesario, tierno y lleno de luz que reivindica la memoria de una mujer que se ganó con creces el título de “bien pagá” por su talento, su esfuerzo y, sobre todo, por su ejemplo.
Ascensión Palomares Ruiz, catedrática y defensora de los derechos de las personas mayores











