El evento geológico más sugerente en parte del valle y aguazal altoguadianero, son las geoformaciones de tobazo o travertino… Los “retales” o geoestructuras de toba más antiguas; descollantes en ambos márgenes fluviales, según dataciones isotópicas, tendrían una antigüedad superior a los 235,000 años…, y marcarían niveles hídricos o carga fluvial prolongados y estables, entre seis y ocho metros por encima de las cotas actuales… Lo que vendría a significar que tanto la fauna como los antropoides-homos del yacimiento paleontológico del “Cerro de los Villares”, (así se le llamaba en el lugar, por haber villa romana en zonas aledañas) hace unos doscientos mil años, estaban en la orilla del río o al filo del agua… Los prehumanos, probablemente, se resguardaban en algún parapeto-cavidad natural de caliza, (espacio también de despiece) amparándose de las inclemencias climáticas del momento…; colapsando, el abrigo, bien por acaecimientos ambientales u orogénicos, cuya cronología y magnitud desconocemos… Carroñar, matar o morir…
Con las explanaciones, zanjas, carreterines, construcciones y demás obras realizadas en la urbanización del “Cerro de los Villares”; en el margen derecho de la desembocadura de la laguna “La Colgada” y embocadura de la laguna del “Rey”, allá por los años 1962-1967, en el tramo de uno de los caminos, ( a media ladera), a medida que los obreros excavaban a “pico” y “pala”, y explosionando barrenos de clorato y dinamita, aparecían restos óseos bastante petrificados… Los trabajadores, creyendo que se trataba de restos de lobos, zorros, gatos monteses, corzos…, de “antaño”…, los paleaban y apisonaban formando taludes, terraplenes, pavimento… Quedando lo más importante del asentamiento, en cuanto a potencia estratigráfica se refiere, bajo el empedrado del camino y ladera del cerro… Nadie en aquel entonces, podía imaginar que se trataba de restos de animales y seres prehumanos de hacía cientos de miles de años; con los que la ciencia podía hacer más “frondoso”, el “árbol” de la vida de nuestros antecesores, también en estos parajes altoguadianeros, muy lejanos en el tiempo…
En una corta charla, nos comentaba Daniel García Martínez de la Complutense de Madrid-Antropología Física (junto con otros investigadores viene codirigiendo campañas de excavación en dicho asentamiento) que, en la pasada temporada se rescataron y catalogaron, multitud de pequeños restos “humanos”…; bastante material lítico-lascado, fósiles de herbívoros…; fragmentos de osamenta de león de las cavernas, de lince, de lobo… Destacando la pequeña porción del parietal izquierdo de un cráneo, que podría pertenecer al Homo heidelbergensis; encuadrable en el Pleistoceno Medio…; hace más de doscientos mil (200.000a.) años.
En este mes de octubre, nos dice Daniel, se empezarán nuevas exploraciones… Aunque la “barrera” o “tope” que presenta el yacimiento por su parte alta, es un gran obstáculo para descubrir lo que, posiblemente, guarde la estratigrafía del sitio…; le deseamos a todo el equipo, que la “gravitación” que predomina en esas trucadas “geometrías” les sea propicia… Así podríamos saber más sobre el dilatado proceso de la Hominización-Humanización y por ende de aquellos seres que, hace cientos de miles de años, anduvieron “peregrinando” por el ámbito de las “Lagunas de Ruidera”.













