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Políticos helicóptero

Artículo de opinión de Antonio de Miguel

¿Se han dado cuenta que los políticos nos tratan como niños? La clase política nos infantiliza usando la manipulación y el paternalismo, al igual que lo hacen esos padres helicóptero con sus hijos al sobreprotegerlos en exceso, creándoles dependencia, insolvencia, inmadurez y también con una clara y preocupante falta de habilidades de autorregulación y de resolución de problemas… Y lo hacen usando discursos simplistas en lugar de un debate adulto y serio, lo cual se manifiesta en estrategias mediáticas, promesas vacías repletas de verdades a medias, de mentiras intencionadas y generando un sentimiento que no respeta ni nuestra capacidad de decisión ni nuestra capacidad de raciocinio.

Nos presentan programas y medidas como si fueran las mejores para nosotros, sin contar con nosotros y sin abrir un debate profundo, como si nosotros no pudiéramos entender la complejidad de los asuntos y por tanto decidir por ellos. Nos reducen todo a mensajes con eslóganes fáciles de digerir, evitando el debate de ideas en profundidad, lo cual despoja a los ciudadanos de su capacidad de análisis crítico. Utilizan «cortinas de humo» como una táctica para desviar la atención pública de temas incómodos o problemas reales, creando distracciones mediáticas o lanzando asuntos secundarios (a menudo escandalosos o emotivos) para confundir a la gente, ocultar la verdad, generar ruido y evitar que la ciudadanía se enfoque en la verdad o en sus responsabilidades políticas. Crean esas distracciones usando historias emotivas o narrativas complejas para mantener el interés y evitar el análisis crítico. Y emplean la descalificación, el ataque y la victimización; tácticas más propias de comportamientos infantiles que de un diálogo democrático adulto. Eso es una falta de respeto a nuestra inteligencia al no abordar los problemas de forma transparente y madura y al tratarnos como individuos incapaces de gestionar la realidad política.

Unos tratan a los ciudadanos como si fuesen niños y otros tratan a los niños como si fueran bebés; con una vigilancia constante de la vida para acudir en cuanto surge el menor problema y eso les hace incapaces de afrontar los pequeños retos y serán carentes de autonomía. No se debe de estar constantemente mostrando la ayuda ante cualquier cosa que no consiguen, ni evitándoles situaciones difíciles. O dejamos que nuestros hijos tomen las decisiones y las responsabilidades personales relacionadas con su felicidad, su vida y los nuevos retos a los que tiene que enfrentarse o a la larga tendremos adultos inseguros, inmaduros, intolerantes, déspotas e hiperdependientes de los padres ante cualquier problema, necesidad o conflicto; porque han vivido en un “pesebre” acostumbrados a no resolver pequeñas cuestiones cotidianas y envueltos de sobreprotección muy por encima de la que le corresponde a su edad madurativa. Si educamos en la sobreprotección, apenas hay lugar para la frustración. Es por ello que los niños, los jóvenes y por supuesto los adultos sobreprotegidos pueden llegar a ser verdaderamente intolerantes y con nula capacidad resolutiva ante situaciones desfavorables que les produzcan frustración, y no sabrán hacer frente a tal escenario, hasta entonces, prácticamente desconocido porque hemos sobrevolado siempre sobre ellos. Además crearemos individuos muy “blanditos” y tendentes a estar enfermos porque no han aprendido a tolerar la incomodidad. Esa circunstancia explica que muchos de ellos, cuando alcanzan la edad adulta, recurran con mucha rapidez a la medicación para hacer desaparecer cuanto antes el dolor o la frustración.

Lo vemos en los jóvenes universitarios con la excesiva intervención de las familias en los procesos de evaluación, de revisión de exámenes de sus hijos o de solicitud de las prácticas; que en numerosas ocasiones son los padres quienes se lo resuelven… Y es que esa capacidad resolutiva si no se va formando, educando y perfeccionando poco a poco supondrá a la larga un lastre que más tarde podrá desembocar en una baja autoestima. Sin duda los padres helicóptero que desean estar presentes en todo, de una forma obsesiva y que ejercen un control desproporcionado lo hacen con la mejor de las intenciones, pero al rebasar la delgada línea roja de la sobreprotección provocan graves problemas a medio o largo plazo. Por eso es importantísimo que vayan asumiendo responsabilidades y resolviendo problemas para que más adelante, en la vida adulta, que en muchas ocasiones es una selva competitiva y llena de piedras en el camino, les resulte más fácil encontrar un lugar adecuado y sacarse las castañas del fuego.

No se debe de estar encima de ellos en todo momento atendiendo o anticipando cada uno de sus deseos, organizando y estructurando su vida y sus jornadas de ocio, de amistades, de estudio y solucionándoles cada problema. Tampoco nuestra política, y por tanto nuestra legislación, nos debe de tratar como a niños. Ambas cosas son preocupantes.

Antonio de Miguel

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