«En primer lugar y, lo primero de todo, me gustaría recordar a todas las víctimas del trágico accidente de Urda, mi cariño y solidaridad hacia las personas afectadas, familiares y amigos, y quiero agradecer el trabajo y colaboración de todas las administraciones, fuerzas y cuerpos de seguridad, protección civil, sanitarios y de aquellas personas que se han volcado ayudando y demostrando que Castilla-La Mancha es solidaria y muy humana».
Con estas palabras, Nazareth Rodrigo, directora general de Asuntos Europeos del Gobierno de Castilla-La Mancha, quiso comenzar su entrevista con Cuadernos Manchegos, antes de abordar los asuntos relacionados con Europa, el campo, el vino y los retos que la región está trasladando a Bruselas.
Tomelloso acogió el pasado 1 de octubre la sexta reunión del Intergrupo del Vino del Comité Europeo de las Regiones, una cita que reunió en Castilla-La Mancha a representantes de distintos territorios europeos y que formó parte de una agenda más amplia vinculada a la Comisión de Recursos Naturales (NAT). Detrás de esos encuentros hubo más de un año de gestiones, negociaciones y contactos para conseguir que la región albergara por primera vez una reunión externa de esta comisión.
Rodrigo explica cómo se gestó aquel proceso, qué papel desempeñan las regiones dentro de las instituciones comunitarias y cuáles son algunas de las principales preocupaciones que Castilla-La Mancha está trasladando a Bruselas: la PAC, el relevo generacional en el campo, la despoblación, la vivienda, el agua o la rentabilidad de las explotaciones. También aborda el papel que tuvieron Tomelloso y la cooperativa Virgen de las Viñas en aquellas jornadas, el funcionamiento de la Oficina de Proyectos Europeos de Castilla-La Mancha y una relación con Europa que, según sostiene, tiene mucha más incidencia en la vida cotidiana de la que habitualmente percibe la ciudadanía.
— Entrando ya en materia, ¿qué supone representar a Castilla-La Mancha ante las instituciones europeas y qué trabajo se realiza desde la Dirección General de Asuntos Europeos?
— Represento a nuestra región ante las instituciones europeas y sirvo de enlace entre Castilla-La Mancha y la Unión Europea. Es una doble función: por una parte, contamos en la región qué oportunidades tenemos por ser miembros de la Unión Europea y, por otra, escuchamos al territorio para trasladar a las instituciones sus demandas y necesidades. Se trata también de conseguir que las iniciativas legislativas o las políticas que se plantean en Europa tengan en cuenta la voz de los territorios.
— Cuando se habla de Castilla-La Mancha en Europa aparece con frecuencia el sector agrícola y, especialmente, el vino. ¿Qué otros ámbitos están presentes?
— En realidad se tocan todos. Lo que ocurre es que cada región pone el foco en sus propias prioridades y, para Castilla-La Mancha, la agricultura y el medio rural lo son. Ahora estamos especialmente pendientes de la negociación del Marco Financiero Plurianual, porque vemos posibles cambios que pueden perjudicar a regiones como la nuestra, sobre todo en políticas y fondos tan importantes como la PAC o los fondos de cohesión.
También tenemos experiencias que pueden servir a otras regiones. Un ejemplo es el relevo generacional en la agricultura. Castilla-La Mancha ha liderado por primera vez en su historia un dictamen en el Comité Europeo de las Regiones precisamente sobre esta cuestión. Con la despoblación ocurre algo parecido: tenemos una ley que fue pionera y hay muchas regiones europeas que están sufriendo problemas demográficos similares.
Pero hablamos también de vivienda, educación, energías renovables y sostenibles, investigación o políticas de igualdad. Castilla-La Mancha utiliza ese altavoz para trasladar lo que considera prioritario para el territorio.
— Despoblación y vivienda son precisamente dos asuntos que preocupan mucho. ¿Qué se está haciendo y qué relación tienen con Europa?
— En despoblación, Castilla-La Mancha fue pionera. Ninguna otra comunidad autónoma española tenía una ley como la que pusimos en marcha nosotros y después han surgido iniciativas en otras regiones de España y también de Europa. Hay medidas como los beneficios fiscales para las personas que deciden vivir en municipios pequeños, el transporte a la demanda, la creación de escuelas infantiles o el mantenimiento de servicios públicos en los pueblos. La idea es que vivir en el medio rural no suponga una desventaja y que también exista una compensación fiscal.
En vivienda se publicó este verano un decreto con nuevas medidas. Entre ellas está la posibilidad de que la Junta aporte ese 20% que normalmente no financia el banco para la compra de una primera vivienda, sin intereses. El banco financiaría el 80% y la comunidad asumiría ese porcentaje que muchas veces supone una barrera para quien no dispone de ahorros suficientes.
Y la vivienda preocupa en toda Europa. Hay capitales muy tensionadas y problemas compartidos relacionados con los apartamentos turísticos o la pérdida de vivienda residencial en determinadas zonas. Son cuestiones que están encima de la mesa de las instituciones europeas.
— La celebración de estas reuniones europeas en Castilla-La Mancha no surgió de un día para otro. ¿Cómo empezó todo?
— Llevo algo más de dos años como directora general y, cuando afronto una nueva responsabilidad, me gusta conocer primero cuál es el estado de la cuestión: qué se estaba haciendo, qué funciona y qué podemos mejorar. Quizá sea mi deformación profesional porque soy pedagoga de formación, pero para mí esa parte de análisis y diagnóstico es fundamental.
En este análisis comprobamos que Castilla-La Mancha nunca había defendido un dictamen en el Comité Europeo de las Regiones. Sí lo habían hecho otras comunidades, pero nosotros no. También vimos que las comisiones del Comité celebran normalmente sus reuniones en Bruselas, aunque una vez al año pueden organizar una sesión externa en otra región, y Castilla-La Mancha tampoco había acogido nunca una. Y decidimos intentarlo.
— ¿Cómo se consigue que una comisión europea decida reunirse aquí?
— Tiene que votarlo la propia comisión. Nosotros presentamos nuestra candidatura para que la Comisión de Recursos Naturales celebrara su sesión externa en Castilla-La Mancha y planteamos una propuesta vinculada a aquello en lo que la región tiene mucho que mostrar: el vino, el turismo, las energías sostenibles y nuestro patrimonio. También propusimos Toledo como ejemplo de convivencia de culturas y de un patrimonio que podía formar parte de la experiencia.
Competíamos con una región polaca y hubo un trabajo intensísimo de diálogo con las regiones que forman parte de la comisión para explicarles por qué tenía sentido venir a Castilla-La Mancha.
— ¿Fue difícil conseguir los apoyos?
— Fue muy laborioso. Y hay una parte que me gusta poner en valor: en esa comisión hay representantes de diferentes partidos políticos y el Partido Socialista Europeo no tiene mayoría; la tiene el Partido Popular Europeo. Para mí aquello fue importante porque demuestra que la política también consiste en encontrar acuerdos con personas de partidos diferentes al tuyo.
Hubo compañeros del Partido Popular Europeo que votaron nuestra propuesta frente a la presentada por una región perteneciente a su propia familia política. Entendieron que Castilla-La Mancha había planteado una buena candidatura y decidieron apoyarla.
— Una vez conseguida la Comisión NAT, aparece también la posibilidad de reunir en Tomelloso al Intergrupo del Vino.
— Sí. En paralelo vimos la posibilidad de organizar también en Castilla-La Mancha una reunión del Intergrupo del Vino, que se creó recientemente, en 2025, y cuya puesta en marcha también ha sido impulsada por Castilla-La Mancha junto a otras regiones. Muchas de las regiones que forman parte del Intergrupo están también en la Comisión de Recursos Naturales porque compartimos prioridades: agricultura, agua, vino, desarrollo rural…
Además, desde el primer semestre de 2026 Castilla-La Mancha forma parte de la dirección del Intergrupo desde una vicepresidencia. Cuando planteamos traer una reunión aquí, tenía todo el sentido. ¿Y dónde íbamos a celebrar un Intergrupo del Vino europeo? Pues en Tomelloso.
— ¿Qué respuesta tuvo la convocatoria?
— Muy buena. Participaron unas 15 personas del Intergrupo. En la anterior reunión externa, celebrada en Burgenland, no habían llegado a seis. Ya teníamos prevista una conferencia en Tomelloso y quisimos sumar también la reunión del Intergrupo. Son dos estructuras distintas, aunque ambas pertenecen al ámbito del Comité Europeo de las Regiones y comparten muchos intereses.
— ¿Qué capacidad real tiene un intergrupo de estas características?
— Funciona como un grupo de presión para promover cuestiones muy específicas de un sector. Una comisión tiene muchas prioridades y el Intergrupo permite concentrarse especialmente en los intereses relacionados con el vino. Puede impulsar temas para que lleguen al Comité Europeo de las Regiones, mantener reuniones con comisarios o eurodiputados y trasladar las necesidades del sector.
Nosotros no podemos legislar ni tenemos iniciativa legislativa, porque esa competencia corresponde a la Comisión Europea. El Comité Europeo de las Regiones es un órgano consultivo, pero cuando una iniciativa europea afecta a las regiones o al ámbito local tiene que ser consultado. Las regiones podemos decir qué pensamos sobre esas políticas y eso es fundamental porque somos quienes estamos sobre el terreno y sabemos qué ocurre cuando una medida finalmente se aplica.
— Es decir, que decisiones que parecen lejanas terminan teniendo efectos muy concretos.
— Muchísimos. Hay mucho desconocimiento sobre esto. Entre un 75% y un 80% de las decisiones o iniciativas políticas europeas, de una manera u otra, terminan repercutiendo directamente en las regiones y en el ámbito local.
Estamos hablando de empleo juvenil, brecha digital, vivienda, educación, despoblación, agricultura o política de cohesión. Parece que Europa está muy lejos, pero afecta muchísimo a nuestro día a día.
— Tomelloso fue una parte importante de aquella agenda europea. ¿Cómo se implicó la cooperativa Virgen de las Viñas?
— Desde el principio tuvimos una colaboración extraordinaria. Rafael Torres, Enrique, Celia y todo el equipo de la cooperativa nos facilitaron muchísimo el trabajo. Necesitábamos espacios, coordinación logística y un sistema de interpretación simultánea porque los participantes hablan idiomas diferentes y, en las instituciones europeas, estamos acostumbrados a poder expresarnos en nuestra lengua materna.
La cooperativa tenía infraestructura suficiente para buena parte de las necesidades y aquello que faltaba lo aportamos desde la Junta.
— Además de la reunión propiamente dicha, se abrió una parte de la jornada al sector de Tomelloso.
— Sí. La reunión del Intergrupo del Vino de primera hora estaba reservada a sus miembros, pero después organizamos una conferencia abierta como espacio de diálogo entre las regiones europeas y el sector agroalimentario de Tomelloso. Hubo mucha participación del público y de entidades de aquí. Fue muy interesante porque muchas intervenciones terminaban señalando las mismas necesidades. Ese encuentro sirvió también como punto de partida para los siguientes pasos.
— ¿Qué preocupaciones se repitieron durante esa conferencia?
— Sobre todo la rentabilidad. El sector tiene que ser rentable y necesita apoyo financiero para que las cuentas salgan. También apareció constantemente el relevo generacional, que es una preocupación fundamental y una de las razones por las que nuestro dictamen europeo tiene tanta importancia. Y el agua. Sin agua el sector no puede producir. Fue otro de los asuntos que preocupó mucho.
El dictamen sobre relevo generacional también se ha construido desde la escucha. Antes hicimos en Valdepeñas un foro de diálogo local europeo con distintas mesas precisamente para recoger información del sector y poder incorporarla al trabajo que se estaba preparando para Europa.
— ¿Qué balance hace de todo el programa desarrollado entre Tomelloso, Campo de Criptana y Toledo?
— Estamos muy satisfechos. El balance estuvo alrededor de las 140 personas, con unas 130 llegadas de distintos puntos de la geografía europea. En Campo de Criptana mostramos también cómo el patrimonio puede utilizarse como un valor añadido para el turismo. Incluso contamos con actores que interpretaron a Don Quijote y Sancho y gustó mucho a los participantes.
Después llegó la parte estrictamente de trabajo de la Comisión NAT en Toledo, con las reuniones preparatorias de los distintos grupos políticos y la propia comisión. La cena oficial se celebró en el Parador de Toledo y la reunión tuvo lugar en la iglesia de San Pedro Mártir, un espacio de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Los responsables de coordinar este tipo de comisiones nos felicitaron por la organización. Para ser la primera vez, salimos muy satisfechos.
— ¿Y qué se encontraron los representantes europeos cuando visitaron Virgen de las Viñas?
— Para algunos fue sorprendente por las dimensiones. Hubo regiones que nos decían que lo que se produce aquí en un solo día equivale a toda su producción anual. Se hizo una visita por las instalaciones en inglés y en español, pudieron conocer la cooperativa y pasaron también por la cueva. Terminamos con una comida y con productos muy de nuestra tierra y de Tomelloso, acompañados por vinos de Virgen de las Viñas.
— Ha hablado varias veces de hacer cosas por primera vez. ¿Qué otros proyectos se han puesto en marcha durante estos dos años?
— Uno de ellos es la Oficina de Proyectos Europeos de Castilla-La Mancha, que nació en 2025. Mi predecesora trabajó para ponerla en marcha porque detectó que había financiación europea de gestión directa que no estaba llegando a Castilla-La Mancha. Muchas entidades no saben qué convocatorias existen o cómo presentar los proyectos y, en otros casos, conocen el procedimiento pero resulta muy complejo. La oficina está precisamente para estar al lado de esas entidades.
Informamos de convocatorias, analizamos qué programas pueden encajar en sus objetivos y ayudamos también a crear consorcios con socios de otros países. Nosotros decimos muchas veces, en tono de broma, que hacemos de Carlos Sobera: intentamos hacer match entre entidades de distintos territorios que tienen objetivos parecidos. Y en muy poco tiempo han llegado ya a Castilla-La Mancha más de tres millones de euros mediante este tipo de financiación.
— ¿Cuál será el siguiente paso?
— Vamos a organizar una jornada profesional de oficinas de proyectos europeos, OPEX, a nivel nacional. Queremos que profesionales de las oficinas de toda España podamos intercambiar buenas prácticas, ver cómo podemos ayudarnos y tener información de primera mano sobre la negociación del Marco Financiero Plurianual. También necesitamos esos espacios de aprendizaje entre personas que trabajamos en lugares diferentes pero perseguimos objetivos similares.
— Usted es de Tomelloso. ¿Qué supone poder desarrollar parte de este trabajo precisamente aquí?
— Mucho. Hay gente que piensa que durante estos años he vivido fuera, pero yo no he vivido en ningún sitio que no sea Tomelloso, salvo un pequeño periodo cuando estudié la carrera. Después pude compaginar los estudios con el trabajo y lo hice desde aquí.
Estoy muy orgullosa como tomellosera de poder representar a Castilla-La Mancha y ayudar a entidades de toda la región, pero también de poder estar especialmente cerca de las de mi pueblo. Estoy aquí. Y estoy siempre a disposición de Tomelloso.
— Una de las grandes negociaciones europeas abiertas es la futura PAC. ¿Qué está defendiendo Castilla-La Mancha?
— Como mínimo, queremos que la propuesta del nuevo Marco Financiero Plurianual mantenga la PAC como estaba en el programa anterior. La propuesta actual plantea cambios importantes, entre ellos la desaparición del segundo pilar. Se habla, por ejemplo, de relevo generacional, pero sin poner encima de la mesa un presupuesto asignado específicamente para ello. Nosotros creemos que eso es fundamental.
Podemos decir que queremos estimular a los jóvenes para que se incorporen al campo, pero necesitamos saber cómo se va a hacer. Si queremos que se queden en nuestros territorios y construyan su futuro alrededor de esta economía, las explotaciones tienen que ser rentables y los números tienen que salir. Entre nuestras propuestas está que exista un 10% reservado para jóvenes agricultores y mujeres. Ahora estamos todavía en periodo de negociación y veremos qué ocurre.
— ¿Le preocupa que se pierda consenso político en esa negociación?
— Al principio había más unidad entre distintas familias políticas, especialmente entre los grandes grupos, el Partido Popular Europeo y los socialdemócratas. Con el tiempo, el Partido Popular Europeo se ha ido desvinculando de esa posición y los socialdemócratas seguimos defendiendo estas reivindicaciones. Estamos todavía en plena negociación.
— Después de organizar encuentros como el de Tomelloso, ¿cree que sigue siendo necesario explicar mucho más qué significa Europa para el ciudadano?
— Sí. Muchísimo. Parte de mi trabajo consiste precisamente en sacar Europa a la calle. Lo hemos intentado también con la celebración del Día de Europa en las cinco provincias.
Quiero que la Unión Europea se toque, que se entienda qué importancia tiene y que la gente vea que no hablamos de algo lejano. Porque muchas de las decisiones que se toman allí terminan influyendo directamente en nuestra vida cotidiana. Y contar eso también forma parte de nuestro trabajo.













