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Susana Romero hace historia y conquista el Racimo de Oro del I Concurso Nacional de Cante Flamenco Ciudad de Tomelloso

Roberto Lorente logra el Racimo de Plata y Juan José Heredia el de Bronce, mientras que Diego Mejías recibe el premio al mejor cantaor de Castilla-La Mancha en una primera edición que deja un excelente sabor de boca

Tomelloso ya tiene la primera ganadora del Racimo de Oro de su historia. Susana Romero Alonso se ha proclamado vencedora del I Concurso Nacional de Cante Flamenco Ciudad de Tomelloso, que este domingo 18 de octubre ha celebrado su gran final en el Casino de Tomelloso, poniendo el broche a tres intensas jornadas en las que el cante ha sido dueño y señor del Salón de los Espejos.

El palmarés de esta primera edición ha quedado encabezado por la gran vencedora Susana Romero Alonso, que se lleva el Racimo de Oro, dotado con 1.500 euros y trofeo. El Racimo de Plata, con 800 euros y trofeo, ha sido para Roberto Lorente García, mientras que Juan José Heredia Santiago ha logrado el Racimo de Bronce, acompañado de 300 euros y trofeo.

El cuadro de honor se completa con Diego Mejías García, reconocido con el premio al mejor cantaor de Castilla-La Mancha, dotado con 300 euros y diploma.

Con este fallo se escribe la primera página del palmarés de un concurso que ha nacido con ambición, pero también con raíces. Tomelloso ha encontrado en el flamenco y en su inseparable cultura del vino dos elementos capaces de darse la mano sobre un mismo escenario. No es casualidad que sus galardones sean racimos ni que la imagen del certamen una la guitarra con las uvas: detrás hay una voluntad clara de construir una cita con personalidad propia, ligada a la tierra y reconocible dentro y fuera de Castilla-La Mancha.

Cinco voces para una final con acento nacional

La última jornada reunió a los cinco cantaores y cantaoras que habían logrado las mejores puntuaciones después de las dos semifinales celebradas viernes y sábado: Juan José Heredia Santiago, Alfonso León Carvajal, Roberto Lorente García, Lucía Moreno Moreno y Susana Romero Alonso. Cinco voces y cinco maneras de sentir un arte en el que la técnica cuenta, pero donde también pesan el compás, la hondura, la personalidad y esa verdad difícil de explicar que separa una interpretación correcta de un cante que llega.

La final suponía además un nuevo reto para los participantes. Las bases establecían la interpretación de tres cantes pertenecientes a tres grupos distintos, con repertorio preferiblemente diferente al defendido anteriormente y con la obligación de incluir un cante perteneciente al grupo que cada concursante no hubiese abordado durante las fases selectivas.

Estos grupos reúnen diferentes palos y estilos del flamenco, de manera que los participantes debían demostrar no solo cualidades vocales y dominio técnico, sino también versatilidad y conocimiento de distintas formas del cante. Entre ellas aparecen estilos como tonás, martinetes, seguiriyas, serranas, soleás, cañas, tangos, alegrías, bulerías, malagueñas, cantes de Levante, granaínas, fandangos o peteneras, entre otros.

Una exigencia que elevaba notablemente el nivel de la final y obligaba a los aspirantes a desenvolverse en registros diferentes. El jurado ha tenido así la complicada responsabilidad de valorar aspectos como la técnica vocal y afinación, el respeto del compás y sentido rítmico, la interpretación y expresividad, la adecuación al estilo y autenticidad flamenca de cada palo y la variedad y solvencia en los cantes elegidos.

Antes de alcanzar esta jornada definitiva, el concurso había reunido en Tomelloso a artistas llegados desde distintos puntos de España, dibujando durante las semifinales un interesante mapa de voces, escuelas y sensibilidades.

Por el escenario han pasado intérpretes procedentes de lugares como Granada, Córdoba, Cádiz, Madrid, Barcelona, Jaén, Toledo o distintos municipios de Ciudad Real, junto a representación tomellosera. Esa diversidad ha sido precisamente una de las grandes riquezas de una primera edición concebida para abrir puertas a nuevos talentos y dar espacio tanto a artistas profesionales como a cantaores y cantaoras que buscan hacerse un nombre dentro del flamenco.

Una primera edición hecha con cariño y vocación de futuro

Más allá de los nombres que desde hoy ocupan el palmarés, el concurso deja otra conclusión importante: Tomelloso ha puesto los primeros cimientos de una cita con argumentos para crecer.

Detrás de estos días de cante hay meses de trabajo y una apuesta compartida encabezada por el Casino de Tomelloso y la Peña Flamenca Los de Montoya y Chacón, con el apoyo de distintas administraciones públicas y el respaldo de patrocinadores, colaboradores y socios, cuya implicación ha contribuido a hacer posible la puesta en marcha de esta primera edición.

Una suma de esfuerzos públicos y privados que cobra especial importancia cuando se trata de levantar desde cero un concurso de ámbito nacional. La organización ha contado con el apoyo de empresas y entidades que han contribuido a los premios y a los recursos necesarios para desarrollar el certamen, demostrando que la cultura también crece cuando instituciones, patrocinadores, asociaciones y aficionados reman en una misma dirección.

Organizar un concurso de estas características no es una tarea menor. Hay que reunir participantes, establecer unas bases, formar un jurado especializado, coordinar actuaciones y guitarristas, atender a artistas llegados desde diferentes puntos de España y cuidar todos esos pequeños detalles que el público apenas percibe cuando comienza el espectáculo, pero que resultan imprescindibles para que todo funcione.

Y precisamente ahí reside buena parte del mérito de esta primera edición: en conseguir que, cuando se abre el telón, todo ese trabajo previo quede detrás y únicamente ocupen el primer plano el cantaor, la guitarra y el flamenco.

En ese engranaje también ha tenido un papel destacado Mari Carmen Lomas, encargada de conducir las jornadas con cercanía y soltura, dando continuidad a las actuaciones y acompañando al público en el desarrollo del concurso.

Y si las voces han estado en el primer plano, las guitarras han sido compañeras imprescindibles. Durante las semifinales han participado al toque nombres como Pedro Alcántara, Adrián Lomas, Juan Ignacio González, Jesús Peña, Manolín García y Sergio Martesan, entre otros acompañamientos que han permitido a cada cantaor buscar su terreno y desarrollar sus cantes.

Especialmente intenso ha sido el trabajo del tomellosero Adrián Lomas, que ha acompañado a numerosos concursantes durante las jornadas previas, adaptando su guitarra a voces y estilos muy diferentes. Porque detrás de un buen cante hay también escucha, compás, conocimiento y generosidad al toque.

Flamenco con sabor a Tomelloso

El certamen nació con una idea que va más allá de entregar premios. Sus promotores quieren fomentar, reconocer y difundir el flamenco, ofrecer oportunidades a nuevos talentos y vincular este arte con la cultura y las señas de identidad de Tomelloso. El vino aparece aquí no simplemente como elemento decorativo, sino como parte del lenguaje elegido por el concurso para explicar de dónde viene.

De ahí los Racimos de Oro, Plata y Bronce. De ahí también una imagen en la que guitarra y uva comparten protagonismo. Flamenco y viñedo, dos mundos cargados de tradición, tiempo, paciencia y raíces.

Esa unión puede convertirse precisamente en uno de los grandes valores de un concurso que tiene ante sí el reto más bonito después de haber celebrado su primera edición: volver el próximo año y crecer sin perder su personalidad.

Tomelloso cuenta con afición, con músicos, con una peña flamenca detrás, con el empuje del Casino, con patrocinadores y colaboradores que han apostado por el proyecto y con espacios cargados de historia como el Salón de los Espejos. Pero, sobre todo, cuenta con personas dispuestas a trabajar para que la cultura siga encontrando motivos para subir a un escenario.

Porque los premios reconocen inevitablemente a unos pocos, pero un concurso así se construye entre muchos: organización, cantaores y cantaoras, guitarristas, jurado, presentadora, patrocinadores, colaboradores, socios, instituciones y público. Todos forman parte de esta primera fotografía de familia del Concurso Nacional de Cante Flamenco Ciudad de Tomelloso.

Susana Romero Alonso se marcha con el honor añadido de haber conquistado el primer Racimo de Oro. Su nombre queda así ligado para siempre al nacimiento de un certamen que este domingo ha escrito su primera página.

Junto a ella, Roberto Lorente, Juan José Heredia y Diego Mejías pasan también a formar parte del primer cuadro de honor de una cita que aspira a hacerse un hueco propio dentro del calendario flamenco.

A partir de ahora llegará el tiempo de hacer balance y pensar en una segunda edición. La primera ya ha servido para plantar la semilla.

Y en una tierra que sabe bastante de cuidar lo que nace hasta verlo dar fruto, quizá no haya mejor comienzo posible.

Fotografías: Pedro Matamoros

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