Sigüenza vivió ayer la tarde de vísperas de San Vicente en un ambiente marcado por el frío y la lluvia, que no lograron empañar el calor de una celebración profundamente arraigada en la tradición seguntina. El resplandor de la hoguera, el sabor de las rosquillas recién elaboradas y la música de los gaiteros llegados desde Cuéllar y Riaza envolvieron la ciudad en una atmósfera solemne y festiva.
Este año, tras la reunión celebrada este martes, la Cofradía de San Vicente y el Ayuntamiento decidieron mantener los actos previstos, pero incorporando momentos de silencio y recogimiento en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz.
Desde 1796, la Cofradía de San Vicente organiza las vísperas del santo, con obligaciones y derechos de los hermanos que han sabido adaptarse al paso del tiempo. En la jornada de ayer, los Hermanos Menores acompañaron a los gaiteros por las calles de la ciudad, mientras los empleados municipales, invitados al almuerzo tras los preparativos, levantaban la tradicional pira de leña de pino, adornada con naranjas colgadas de los palos más altos. Un símbolo que evoca el martirio de San Vicente, nacido en Valencia y condenado a la hoguera, y remite a antiguos rituales de la ciudad.
A las 18:00 horas comenzó la novena en la parroquia, con el canto de los gozos y el himno del santo, compuesto con motivo del VIII Centenario de Sigüenza. La reliquia de San Vicente fue mostrada a los asistentes por uno de los dos párrocos del templo, Juan Antonio Marco.
Concluido el oficio religioso, el hermano mayor saliente, Jesús Canfrán, y los párrocos de San Vicente, Jesús de las Heras y el propio Juan Antonio Marco, se dirigieron a la plaza del mismo nombre acompañados por la dulzaina y el tamboril, para proceder a la bendición de la hoguera. Justo antes de su encendido, se guardó un emotivo minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente de Adamuz.
Posteriormente, dulzaineros, párrocos y hermanos de la cofradía se trasladaron a la Travesaña Alta, número 10, donde, como marca la tradición, tuvo lugar la bendición de las rosquillas. Se han elaborado 650 docenas.
A pesar de la persistente lluvia, el fuego se sobrepuso, e iluminó de manera característica la Plaza de San Vicente y el monumento de forja que recuerda durante todo el año este entrañable momento, tan presente en el corazón de los seguntinos.
Cuando las llamas comenzaron a consumir los troncos, los más pequeños se tiznaron con el hollín de la hoguera, según la costumbre, mientras las dulzainas seguían sonando en la plaza.
La celebración de las vísperas mantiene vivo un legado que ha llegado hasta nuestros días: las normas de la Cofradía, el cuidado de la insignia y el estandarte, y la atención a visitantes y músicos reflejan el profundo respeto por la historia, la cultura y la comunidad de Sigüenza. La ciudad mira así al futuro sin renunciar a su memoria ni a sus costumbres, en un diálogo constante entre pasado y presente.
El próximo día 23 tomará la insignia de San Vicente el hermano entrante, Agustín Canfrán, hijo del Hermano Mayor saliente. En 2026, la cofradía está integrada por 135 hermanos.























