La sala Francisco Carretero de Tomelloso acogió una rueda de prensa cargada de cercanía, orgullo y emoción para presentar Tristana, la ópera de cámara del compositor tomellosero Miguel Huertas, con libreto de Jorge Volpi e inspirada en la célebre novela de Benito Pérez Galdós. La obra se representará el próximo 28 de marzo en el Teatro Marcelo Grande y supone uno de los acontecimientos culturales más señalados de la temporada en la ciudad.
La encargada de abrir el acto fue la concejala de Cultura, Inés Losa, quien dio la bienvenida a los asistentes y dejó claro desde el primer momento el carácter abierto del encuentro, subrayando que Huertas llegaba dispuesto a responder “lo que le queráis preguntar”. Ese tono cercano marcó una comparecencia en la que hubo presentación institucional, emoción personal y una defensa muy clara del valor cultural de esta propuesta.
Losa expresó que para Tomelloso era una “alegría muy especial” presentar una obra firmada por un creador de la tierra cuya trayectoria le ha llevado por distintos teatros, festivales y países, pero que sigue manteniendo un vínculo profundo con su ciudad. La concejala recordó que, aunque Miguel Huertas ha continuado presente en la vida musical local gracias a su colaboración con AMAO, esta vuelta tenía un significado distinto: el de un reencuentro artístico más íntimo, más completo y, sobre todo, más esperado.
Durante su intervención, la responsable municipal de Cultura destacó que Tristana no es una propuesta lejana ni hermética, sino una ópera de cámara contemporánea, cercana al público, capaz de conectar con sensibilidades muy actuales. Según explicó, la obra sitúa su mirada en asuntos como la dependencia, el deseo de libertad, la manipulación y la búsqueda de una voz propia, temas plenamente vigentes y con una resonancia especial en el espectador de hoy.
Inés Losa habló, además, desde la experiencia personal de haber asistido a una de sus representaciones anteriores. Por eso defendió que se trata de una puesta en escena muy cuidada, con un lenguaje musical propio y lleno de matices, donde conviven diferentes instrumentos en un diálogo escénico y sonoro de gran riqueza. También recordó que la ópera ya ha pasado por enclaves significativos antes de llegar a Tomelloso, lo que refuerza el valor de esta parada en la ciudad.
Para el Ayuntamiento, la llegada de Tristana el 28 de marzo al teatro tomellosero trasciende la simple programación de un espectáculo. La concejala quiso subrayar que esta cita representa también una forma de celebrar el talento local, reivindicar la cultura y reconocer públicamente la trayectoria de Miguel Huertas. En ese contexto, le agradeció su implicación para que la obra pudiera representarse en su pueblo y valoró que nunca haya perdido el vínculo con sus raíces.
En el tramo final de su presentación, Losa informó de que las entradas están ya a la venta a través de los canales habituales, tanto en la plataforma Giglon como en la Posada de los Portales. También presentó a Gema, jefa técnica de la producción, presente en la rueda de prensa junto al compositor.
Ya en su turno de palabra, Miguel Huertas optó por un tono franco y distendido. De hecho, confesó sentirse más cómodo respondiendo preguntas, aunque antes quiso explicar el origen de la obra y el camino que la ha traído hasta Tomelloso. Según relató, Tristana nace de una coproducción entre la Comunidad de Madrid, el Auditorio de Tenerife y Teatro Xtremo, un proyecto conjunto que reunió al equipo creativo y propició tanto la composición musical como la adaptación del texto.
Huertas explicó que el libreto, firmado por el escritor mexicano Jorge Volpi, combina la novela de Galdós con elementos del guion cinematográfico de Luis Buñuel, lo que da lugar a una versión nueva, actualizada y escénicamente muy potente. Sobre Volpi, destacó su talla intelectual y cultural, y avanzó incluso una posible salida internacional de la obra al señalar que, previsiblemente, Tristana podría viajar este otoño al Festival Cervantino de México.
El compositor repasó después el recorrido que ya ha tenido la ópera, con representaciones en las plazas propias de la coproducción, entre ellas Madrid y Tenerife, antes de recalar ahora en Tomelloso. Y en ese punto quiso detenerse especialmente en el papel de Inés Losa, a quien agradeció de forma explícita su voluntad real de traer la obra a la ciudad. Recordó que, tras asistir al estreno, fue ella quien se acercó para decirle: “Bueno, habrá que llevarla al pueblo, ¿no?”. Lo que parecía una frase cordial terminó convirtiéndose en un compromiso firme. “Esto fue lo que se dijo, es lo que está siendo”, resumió Huertas, agradecido por una gestión que sí llegó “a puerto”.
En cuanto al futuro de la producción, Miguel Huertas señaló que Tristana mantiene abiertas negociaciones con varios destinos. Entre ellos citó Bogotá, en el Teatro Julio Mario Santo Domingo; una posible combinación entre Montevideo y Buenos Aires; otras opciones aún por confirmar en México y Manaos, en Brasil; y una fecha ya segura en Vigo. El propio compositor reconoció que ya considera “un prodigio” que la ópera esté teniendo tantas oportunidades de exhibición.
Sobre la obra en sí, Huertas explicó que Tristana tiene una duración aproximada de 70 minutos y se mueve en un terreno musical contemporáneo, aunque muy conectado con la tradición lírica y con la ópera de siempre. La escena, eso sí, es plenamente actual. A su juicio, esa convivencia entre modernidad escénica y raíz operística ayuda a construir un espectáculo accesible, intenso y con personalidad.
El músico también desveló uno de los cambios importantes introducidos en la adaptación: la actualización de determinados elementos de la historia original para hacerla más verosímil y cercana al público actual. Sin desvelar el desenlace, prefirió invitar al espectador a descubrirlo en el teatro. Sí avanzó, en cambio, que se trata de un montaje “oscuro”, porque oscura es también la historia que narra.
Preguntado por la respuesta del público, Huertas aseguró que los comentarios recibidos hasta el momento han sido, en su inmensa mayoría, positivos. Explicó que las reacciones suelen coincidir en una idea: la sorpresa de encontrarse con una ópera que habla de conflictos muy contemporáneos. En ese sentido, insistió en que la pieza huye de una visión anticuada del género y plantea, desde una sensibilidad actual, la historia de una mujer sometida a una relación de poder que lucha por conquistar su libertad.
Ese trasfondo dramático, con ecos del pasado y resonancias muy presentes, se refuerza con una música que el propio compositor define como lírica, melódica y también narrativa. Hay pasajes de gran cantabilidad y otros en los que el texto se sostiene desde una expresión más directa. Huertas reconoció que buscó dar un paso adelante dentro de su propio lenguaje, moverse hacia un territorio algo más avanzado sin dejar de ser él mismo. Y entiende que ese equilibrio se ha conseguido.
También destacó la solidez del libreto de Jorge Volpi y el buen comportamiento de la crítica especializada. Según explicó, ni en papel ni en digital ha encontrado hasta ahora una reseña que cuestione el funcionamiento del espectáculo, algo que atribuye tanto a la propuesta escénica como al peso dramatúrgico del texto.
En otro momento de la rueda de prensa, y al ser preguntado por la posible reacción del público de Tomelloso ante una obra contemporánea, Miguel Huertas se mostró confiado. Defendió que la ciudad tiene una notable tradición teatral y un público con sensibilidad escénica, y consideró que esa base puede favorecer mucho la recepción de Tristana, una obra que definió como “muy, muy teatral”. A su entender, el componente lírico puede exigir un pequeño pacto inicial por parte del espectador, pero la fuerza dramática de lo que ocurre en escena facilita la conexión.
Como ejemplo de esa capacidad para sorprender, recordó la reacción de sus propios padres, que tras asistir al montaje admitieron que nunca imaginaron que aquella historia pudiera convertirse en algo así. El compositor aprovechó esa anécdota para explicar también el reto de poner música a un libreto que, por momentos, se comporta como un diálogo muy directo y desnudo. Reconoció que ese proceso creativo no fue sencillo y que exigió probar distintas soluciones hasta encontrar la música adecuada para cada situación dramática.
En cuanto al reparto y al formato escénico, Huertas detalló que la producción está concebida para un equipo pequeño, algo coherente con su naturaleza de ópera de cámara. Sobre el escenario hay tres cantantes y una actriz: soprano, tenor y barítono, junto a una intérprete que asume el papel de Saturna, personaje heredado del universo de Galdós. El compositor explicó incluso, con un punto de ironía, cómo esos registros vocales dialogan con ciertos arquetipos clásicos de la ópera: el barítono como figura oscura, el tenor como personaje noble pero limitado, y la soprano como centro emocional y dramático del relato. En su versión, sin embargo, quiso reforzar especialmente a la protagonista como una mujer aparentemente frágil, pero finalmente la más fuerte de todos.
La parte musical se completa con cuatro músicos en escena: piano, violonchelo, percusión y electrónica. Huertas se detuvo especialmente en la percusión, un apartado que, según relató, fue concebido para generar sonidos extraños, difíciles de identificar, capaces de aportar a la obra un color contemporáneo y una atmósfera singular. Ese trabajo, unido al resto del dispositivo escénico y al respaldo técnico de Gema, da forma a una producción compacta, pequeña en número, pero ambiciosa en intención y resultado.
Con esta presentación, Tomelloso activa la cuenta atrás para una cita cultural de especial relevancia. Tristana no solo traerá a escena una historia de intensidad dramática y lectura actual; también devolverá a Miguel Huertas a su ciudad con una obra madura, viajada y profundamente personal. Y eso, en una localidad que reconoce a los suyos, tiene un valor añadido.












