Cuenca volvió a convertirse en escenario de esfuerzo, ilusión y recompensa para la gimnasia rítmica. El pasado sábado 21, la entidad se desplazó hasta la ciudad conquense con 12 de sus gimnastas para participar en el 24 Campeonato Regional de Gimnasia Rítmica, una cita organizada por FECAM que, un año más, reunió talento, trabajo y muchas emociones sobre el tapiz.
No era una participación más. La entidad llevaba ya 23 años compitiendo en este campeonato regional de gimnasia rítmica, una trayectoria que habla por sí sola de compromiso, constancia y amor por este deporte. Y, pese al paso del tiempo, seguía manteniendo intacta la capacidad de sorprenderse con la entrega de sus deportistas. Porque, una vez más, sus gimnastas volvieron a demostrar que saben competir como entrenan: con seriedad, con pasión y con ese punto de corazón que tantas veces marca la diferencia. Tal y como se pudo comprobar en Cuenca, lo dieron todo sobre el tapiz.
El resultado de ese esfuerzo no tardó en verse reflejado en la competición. La expedición regresó con nueve medallas logradas en las distintas categorías, un balance que confirmaba el gran nivel del grupo y el excelente trabajo que se venía realizando día a día. Más allá de los metales, la jornada dejó también una imagen muy valiosa: la de un equipo que compite unido, que crece unido y que sigue dejando huella en cada campeonato.
En ese camino, también merecía una mención especial el trabajo de sus monitoras, Inmaculada Gil y Lucía Madrigal, así como el apoyo constante de las voluntarias Inmaculada González y María Antonia Rodríguez. Las cuatro formaron, una vez más, un bloque sólido y comprometido, de esos que sostienen mucho más que una competición. Su labor, muchas veces silenciosa, resultó fundamental para que todo funcionara con orden, cariño y dedicación. Como se suele decir en el deporte de verdad, los buenos resultados nunca llegan solos.
La nota final la puso el calor de las familias que acompañaron al grupo hasta Cuenca. Su presencia en las gradas, sus aplausos y su aliento constante llenaron de energía a las gimnastas y al equipo técnico durante toda la jornada. Ese respaldo fue, sin duda, uno de los motores emocionales del campeonato. Porque cuando el deporte se vive así, en comunidad, todo cobra más sentido.
Desde la entidad solo quedaba espacio para el agradecimiento. Un agradecimiento sincero a quienes compitieron, a quienes guiaron, a quienes ayudaron y a quienes animaron sin descanso. Y también una certeza que volvía a repetirse tras otra gran jornada de gimnasia rítmica: el esfuerzo, cuando se trabaja con alma, siempre acaba encontrando recompensa.
“Siempre nos sorprenden nuestros deportistas, dándolo todo en el tapiz, al igual que en sus entrenamientos”, destacaba la entidad tras una jornada que volvió a dejar orgullo, emoción y motivos de sobra para celebrar.




















