La Plaza de España de Tomelloso ha acogido en la mañana de este miércoles, desde las 10:00 horas, el acto conmemorativo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una cita impulsada por TEAcompaño CLM que ha arrancado con la lectura de un manifiesto y que está continuando con una marcha por la inclusión hasta AFAS. La jornada cuenta además con globos azules, agua y fruta para las personas asistentes y se completa con el anuncio de la iluminación en azul del Ayuntamiento.
Al frente de la asociación se encuentra Ana Belén Navarro, presidenta de TEAcompaño CLM, mientras que por parte de AFAS ha estado presente su gerente, Bernabé Blanco, en una convocatoria que ha reunido a familias, voluntariado, concejales del PSOE, del equipo de Gobierno, del alcalde de Tomelloso, de miembros de la propia asociación organizativa y de vecinos comprometidos con una causa que hoy ha tomado la calle para reclamar comprensión, respeto y oportunidades reales.
El acto comenzó con palabras de agradecimiento de Ana Belén dirigidas a los medios de comunicación, al Ayuntamiento y al alcalde por el respaldo mostrado a esta causa. Desde la organización se explicó que la intención era desarrollar una mañana ágil, cercana y muy participativa, con una estructura sencilla pero cargada de contenido: la lectura de un pequeño manifiesto a cargo de un familiar, una persona voluntaria, una persona con autismo y la propia asociación.
Durante la lectura del manifiesto, se insistió en una idea que atravesó toda la mañana: no se estaba hablando solo de autismo, sino de personas. Personas que sienten, que sueñan, que aprenden, que se esfuerzan cada día y que siguen intentando encontrar su lugar en un mundo que, en demasiadas ocasiones, aún no está preparado para comprenderlas del todo.
En ese mismo sentido, se subrayó que el autismo forma parte de la diversidad humana y que esa diversidad, lejos de separarnos, debería enriquecernos como sociedad. También se remarcó que la realidad sigue mostrando barreras demasiado presentes en la escuela, en el empleo, en los espacios públicos y, en no pocas ocasiones, también en la mirada o en la falta de comprensión de quienes conviven alrededor.
A lo largo del manifiesto, se afirmó con rotundidad que una sociedad justa no es la que se limita a tolerar la diferencia, sino la que la respeta, la comprende y la incluye de verdad. Esa idea, repetida de distintas formas durante la mañana, se convirtió en uno de los grandes ejes del acto.
La voz de las familias ocupó, además, un espacio central en la jornada. Desde ese testimonio cercano se expresó que cuando el autismo aparece en una casa también comienza un camino nuevo, lleno de preguntas, aprendizajes, incertidumbres y desafíos. Se añadió que cada pequeño avance termina siendo una gran victoria y que muchas familias aprenden a comunicarse de otras maneras, a celebrar logros que para otros pasan inadvertidos y a mirar la vida con otra profundidad.
Pero junto a ese aprendizaje, también se manifestó el cansancio que provoca tener que luchar a diario contra la falta de información, de recursos o de comprensión. En ese punto, se apostilló que las familias no piden privilegios ni excepciones, sino algo mucho más básico: que sus hijos, hijas, hermanos y hermanas tengan las mismas oportunidades que cualquier otra persona.
El voluntariado aportó otro de los mensajes más claros y humanos de la mañana. Se explicó que compartir tiempo con personas con autismo cambia la forma de ver el mundo y ayuda a derribar muchos prejuicios. Desde esa experiencia se recalcó que el verdadero problema no está en la diferencia, sino en las barreras que sigue levantando la sociedad. Y se añadió que cuando desaparecen los prejuicios aparece el talento, cuando se ofrece apoyo surge la autonomía y cuando se escucha de verdad nace una conexión real.
Desde el plano institucional también se lanzó un mensaje de compromiso. Se defendió la necesidad de seguir construyendo una ciudad en la que todas las personas puedan vivir con dignidad, participar activamente y desarrollar su propio proyecto de vida. Al mismo tiempo, se advirtió de que ese compromiso no puede quedarse únicamente en las palabras, sino que tiene que traducirse en acciones concretas, servicios accesibles, entornos más comprensibles y oportunidades reales para todos. Ese espíritu de apoyo se verá reforzado además con la iluminación en azul del Ayuntamiento.
Uno de los momentos más emotivos llegó con la intervención en primera persona de una persona con autismo. En su testimonio se expresó que las personas con autismo ven el mundo de una forma diferente; que, a veces, los sonidos son demasiado intensos; que, en ocasiones, las palabras no salen como desean; y que muchas veces necesitan más tiempo para comprender lo que sucede a su alrededor.
Sin embargo, lejos de quedarse solo en esa dificultad, también se quiso dejar claro que ahí hay talento, ideas, creatividad, sensibilidad y sueños. Se afirmó que las personas con autismo quieren aprender, trabajar, tener amigos y formar parte de la sociedad. Y se pronunció una de las frases más poderosas y conmovedoras de la mañana: “No necesitamos que nos cambien, necesitamos que el mundo nos entienda”.
Ese mensaje encontró una continuación natural en otra de las reivindicaciones más repetidas del acto. Se insistió en que no basta con hablar sobre las personas con autismo; hay que hablar con ellas, escucharlas y contar con ellas. Esa idea, sencilla en apariencia pero profunda en el fondo, fue una de las más aplaudidas por los asistentes.
La presencia de TEAcompaño CLM, con Ana Belén Navarro al frente, y de AFAS, con su gerente Bernabé Blanco, reforzó el carácter colectivo de una convocatoria que fue mucho más que un gesto simbólico. Fue una llamada compartida a la empatía, al respeto y a la responsabilidad social, en una ciudad que hoy ha querido mirar de frente a una realidad que necesita más apoyo y menos barreras.
La jornada avanzó así entre emoción, compromiso y cercanía, dejando un mensaje claro de principio a fin. Se concluyó que hoy no se hablaba solo de autismo, sino de respeto, de dignidad, de oportunidades y de futuro. De un futuro en el que nadie quede fuera. De un presente en el que cada persona sea mirada por su valor, por su voz y por su lugar en el mundo.
Y con esa idea de fondo, la marcha sigue recorriendo Tomelloso como una declaración pública de humanidad. Porque, como también se recordó durante la jornada, las personas con autismo no piden un mundo perfecto. Solo piden, y no es poco, un mundo que también tenga espacio para ellas.
También se realizó una fotografía conjunta de los asistentes y se invitó a todas las personas que iban a participar en la marcha a acercarse a la mesa preparada por la organización para recoger un globo y una bolsa con una pieza de fruta y una botella de agua. Ese gesto, sencillo en la forma, volvió a dar a la jornada ese aire humano y cercano que ha marcado desde el principio toda la convocatoria.
La marcha partió después desde la Plaza de España y avanzó de manera tranquila por Don Víctor, el paseo de San Isidro, el camino de Santa María y la avenida Carlos Cotillas hasta llegar a AFAS, un destino que desde la organización no se eligió al azar, ya que para muchas familias representa el lugar al que llegan cuando aparece un diagnóstico o incluso antes, en busca de atención temprana, orientación y apoyo.












