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La vida desgarradora de Édith Piaf: fama, tragedia y caída

Una voz inmortal nacida entre la miseria, el dolor y la supervivencia

Estamos acostumbrados a conocer la historia de los personajes más populares y de fama mundial solo por sus grandes éxitos y sus indudables méritos como artistas, políticos o figuras célebres. Sin embargo, en muchas ocasiones —la mayoría— no conocemos ni indagamos en la forma en que consiguieron alcanzar tan notables éxitos, cargos o posiciones, ya fueran artísticos, deportivos, políticos o militares. Tampoco solemos preguntarnos qué fue de sus vidas cuando la fama desapareció, porque muchos de estos personajes vieron caducar su popularidad mucho antes de su fallecimiento, aunque después hayamos podido conocer su biografía completa.

El resumen que relatamos a continuación sobre esta persona es verdaderamente escalofriante por su carácter dramático a lo largo de casi todo su recorrido vital.

ÉDITH PIAF

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Su nombre era Édith Giovanna Gassion y nació en París en 1915. La versión popular afirma que vino al mundo en plena calle de Belleville, bajo una farola y resguardada por la capa de un gendarme; sin embargo, el registro civil sitúa su nacimiento en el hospital Tenon, en París. Su padre era contorsionista y acróbata, y su madre, una italiana que cantaba en clubes.

Poco después, sus padres se separaron y Édith quedó al amparo de su abuela paterna, en un ambiente de escasez y pobreza, sostenida apenas por lo poco que su padre podía aportar.

Su primera gran desgracia llegó cuando perdió la vista a causa de una meningitis, aunque afortunadamente la recuperó más tarde. A los catorce años ya acompañaba a su padre en actuaciones callejeras y comenzó a cantar para ganar dinero. Más adelante conoció a Simone Berteaut, su inseparable compañera durante años, con quien actuaba en las calles de París.

Sin recursos económicos, dormían en la calle o donde podían. Mantuvo una relación con un joven llamado Louis Dupont, del que quedó embarazada siendo muy joven. Dio a luz a una niña, Marcelle, que murió con apenas dos años, una tragedia que marcó profundamente su vida.

Continuó cantando en la calle y en algunos clubes, especialmente en el ambiente duro y marginal del barrio parisino de Pigalle.

Por fin, en 1935, mientras cantaba en la calle, un hombre se acercó, le dio unos francos y la invitó a hacer una prueba. Aquel hombre era Louis Leplée, propietario del cabaret Le Gerny’s, quien la contrató y comenzó a llamarla “La Môme Piaf”, es decir, “el pequeño gorrión”. Leplée la ayudó a aprender los secretos del escenario: luces, música, gestos, posiciones y presencia escénica.

Sin embargo, su suerte duró poco. Al cabo de un tiempo, su protector apareció asesinado en su despacho, y Édith llegó incluso a verse salpicada por las sospechas del crimen, aunque finalmente fue apartada del caso. Desesperada, volvió a refugiarse en una vida desordenada, entre distintos clubes y distintas relaciones.

Con el paso de los años recuperó su carrera artística y volvió a cosechar grandes éxitos. Recorrió Europa y América en varias giras y terminó convertida en una artista de enorme prestigio. Además, ayudó en sus inicios a figuras como Yves Montand, Gilbert Bécaud, Eddie Constantine y Charles Aznavour. Su gran amor fue el boxeador Marcel Cerdan, cuya muerte en un accidente aéreo la hundió de nuevo emocionalmente.

A partir de entonces sufrió nuevas depresiones y cayó en una vida cada vez más desorganizada, marcada por el alcohol, las drogas y varios accidentes de tráfico. Aunque se casó con el cantante Jacques Pills, no logró recuperar la estabilidad. Con el tiempo sufrió diversos ingresos hospitalarios y graves problemas de salud. En sus últimos años se casó con Théo Sarapo, veinte años menor que ella. Murió en 1963, con 47 años, y fue enterrada en el cementerio de Père-Lachaise.

La vida desgarradora de Édith Piaf: fama, tragedia y caída
Foto por depositphotos.com

Fue enterrada en el cementerio de Père-Lachaise, y su sepelio congregó a más de 40.000 personas.

Era una mujer de pequeña estatura, y su voz era desgarrada e intensa; además, hizo del vestido negro una de sus señas de identidad.

Mantuvo una estrecha amistad con Marlene Dietrich, un vínculo recordado en distintas biografías sobre ambas artistas.

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