Hace unos días, me senté frente a Julián Camacho en su programa ‘Cuéntame’, de Imás Televisión, para hablar de algo que hace ya algún tiempo saqué del ámbito de lo privado. Lo he hecho impulsado por el compromiso que este medio mantiene a través de sus «Tertulias PROSVIDA» y por una necesidad vital de transformar mi experiencia con el cáncer de próstata en un mensaje de utilidad pública. Tras este encuentro, he sentido el deber de escribir estas líneas: no solo para compartir mi historia, sino para denunciar el silencio institucional que nos rodea y exigir que la prevención deje de ser una cuestión de suerte para convertirse en un derecho garantizado por nuestra Sanidad.
Como editor, he pasado décadas convencido de que la información es la herramienta más poderosa que tenemos. Sin embargo, hace unos años, descubrí con dolor que esa herramienta me había fallado en lo más personal. No porque la información no existiera, sino porque nadie me la había hecho llegar.
Mi historia con el cáncer de próstata no empezó con una señal de alarma, sino con una coincidencia. Un pie hinchado y una pregunta de mi médica de cabecera: “¿Cómo tienes el PSA?”. Mi respuesta —“No sé qué es eso”— es, lamentablemente, la misma que darían miles de hombres hoy. Mi nivel era de 15, una cifra que mi urólogo tradujo con una honestidad demoledora: “Prepárate, porque con ese nivel, el diagnóstico de cáncer es casi seguro”.
En ese momento, la palabra “cáncer” cae como una losa. No solo sobre uno mismo, sino sobre la familia. La cabeza vuela y te das cuenta de que el “criminal escondido” ha estado ahí, en silencio, mientras tú seguías con tu vida creyéndote invulnerable.
Escribo estas líneas desde el corazón, pero también desde la preocupación. En este 2026, las estadísticas nos dicen que más de 35.000 hombres en España recibirán este mismo diagnóstico y más de 6.000 no lograrán superarlo. Son cifras que esconden rostros, padres, abuelos e hijos. Y lo más duro es saber que este cáncer es curable en más de un 90% si se detecta a tiempo. Entonces, ¿por qué llegamos tarde?
Falta información y sobran silencios
Los hombres de mi generación hemos crecido bajo una educación que nos obligaba a ser “la parte fuerte”, el soldado que no se queja y que no habla de su intimidad. Ese tabú, sumado al miedo a pruebas que hoy son sencillas y nada invasivas, es nuestro peor enemigo. Pero no podemos cargar toda la responsabilidad en el ciudadano.
Necesitamos que nuestras instituciones sanitarias den un paso al frente con humanidad y eficacia. No busco culpables, sino soluciones. Por eso, desde mi experiencia, hago un llamamiento a favor de tres pilares básicos.
Un Cribado Poblacional. Al igual que cuidamos la salud de nuestras mujeres con programas preventivos, los hombres necesitamos un sistema que nos busque antes de que la enfermedad dé la cara.
Un Protocolo claro para el Cribado Oportunista. No puede ser que la prueba del PSA dependa del azar o de que el paciente sea quien la pida. Necesitamos que cada médico de atención primaria tenga el respaldo de un protocolo que le obligue a informar y ofrecer el análisis de forma sistemática a partir de los 50 años.
Campañas de comunicación que visibilicen este cáncer. Necesitamos ver carteles en los centros de salud, lazos azul celeste y mensajes que nos digan que cuidarse también es de hombres. La administración debe ayudarnos a romper el tabú.
Quiero agradecer profundamente a ImásTV y a Julián Camacho. Su compromiso con las Tertulias PROSVIDA y otros programas como este “Cuéntame” son el ejemplo de cómo los medios pueden salvar vidas cuando las instituciones callan. Gracias a ellos, el mensaje llega donde otros no alcanzan.
Y estaría bien que nuestros responsables institucionales hablasen con los ‘Pacientes de Cáncer de Próstata, familiares y amigos’ PROSVIDA, en vez de hacer la callada por respuesta.
Enlace al “Cuéntame” de ImásTV.:
Julio Criado García











