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Greenpeace despliega una pancarta gigante de Trump vomitando petróleo para exigir el abandono de los combustibles fósiles

Del 24 al 29 de abril, Santa Marta, Colombia, acoge la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Por primera vez, más de 50 países, incluido España, se reunirán en esta cita previa a la COP31 para marcar una hoja de ruta global para abandonar los combustibles fósiles

Activistas de Greenpeace han desplegado hoy en el suelo de la Plaza de Colón, en Madrid, una imagen gigante de Donald Trump vomitando petróleo sobre una fuente teñida de negro junto al mensaje en inglés “No oil, no war” (“No petróleo, no guerra”). Con esta acción, la organización ecologista pide al Gobierno español que adopte un papel de liderazgo durante la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que arranca mañana en Santa Marta, Colombia, y donde, por primera vez, más de 50 países comenzarán a diseñar una hoja de ruta global para abandonar el petróleo, el gas y el carbón.

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“¡No queremos ni petróleo ni guerras! Lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz nos muestra cómo los combustibles fósiles nos traen inseguridad, además de cambio climático, enfermedades y destrucción. Basta ya de que las decisiones de tiranos energéticos como Trump o Putin salpiquen nuestras vidas: frente al odio y el petróleo, desengancharnos de los combustibles fósiles es el mejor escudo posible. Por eso, pedimos al Gobierno que actúe con liderazgo en la Conferencia de Santa Marta para lograr un acuerdo global. También, que apruebe medidas  inmediatas en España como el fin de las subvenciones a los fósiles y nuevos impuestos a una industria que se llena los bolsillos mientras la ciudadanía paga con su dinero, e incluso con su vida, las consecuencias de la guerra y del cambio climático que provocan”, ha señalado Pedro Zorrilla Miras, responsable de la campaña contra el cambio climático de Greenpeace.

Greenpeace ha apostado por una imagen de Trump de 15,5 metros de ancho y 40 metros de alto vomitando petróleo para denunciar el actual contexto geopolítico: por un lado, las conexiones entre el presidente estadounidense y la industria fósil son más evidentes que nunca y lo están llevando incluso a saltarse la legalidad internacional. Más que nunca, las guerras provocan un impacto transversal. En el plano ambiental, incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero, destruyen miles de hectáreas de ecosistemas y agravan la contaminación. En el ámbito económico, impulsan el gasto militar y tensionan los mercados energéticos, como muestra el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que está elevando el precio de la energía y, en consecuencia, el coste de la vida. Además, favorecen el extractivismo de minerales críticos con fines bélicos. Y, por encima de todo, dejan una trágica factura en forma de vidas humanas y destrucción de poblaciones enteras.

La Conferencia de Santa Marta, una oportunidad histórica para abandonar los combustibles fósiles

Las emisiones actuales siguen marcando máximos a nivel mundial y los planes de expansión fósil duplican el límite de 1,5 °C [1] de calentamiento global, un umbral planetario identificado como crítico por los estudios científicos. Por eso, de cara a la COP31 del próximo noviembre en Turquía, los más de 50 países, incluido España, que se reunirán en Santa Marta deberán fijarse una meta clara: impulsar un acuerdo global para abandonar los combustibles fósiles, garantizando una transición justa, que respete los derechos humanos, y que escuche la voz de la clase trabajadora, de las comunidades y de todos los países afectados.

Greenpeace demanda avanzar hacia un sistema energético más democrático, con mayor protagonismo ciudadano, que distribuya mejor el poder y la riqueza y mejore el acceso a la energía. En lo que respecta a la extracción de minerales necesarios para la transición, deben evitarse los errores del extractivismo reduciendo la demanda, priorizando el reciclaje y protegiendo tanto a las personas como a la naturaleza. Además, Santa Marta debe impulsar planes estatales para abandonar los combustibles fósiles, reforzar una financiación climática predecible y accesible, respaldar el nuevo Convenio Fiscal de Naciones Unidas —incluyendo impuestos ambientales a las corporaciones fósiles y a las grandes riquezas—, apoyar la aprobación del Tratado Mundial sobre Plásticos en 2026 y contribuir a un acuerdo global en la COP31 que acelere la transición más allá de los combustibles fósiles. 

Un mundo libre de combustibles fósiles es posible: Greenpeace ha presentado esta semana un informe donde demuestra que España y Portugal pueden llegar a satisfacer todas sus necesidades energéticas en 2040 sin necesidad de combustibles fósiles ni energía nuclear, consumiendo mucha menos energía que hoy y mejorando la calidad de vida de la población, contribuyendo a evitar que el cambio climático supere irreversiblemente el límite de 1,5 ºC y de forma compatible con los límites planetarios. La propuesta se basa en tres claves: suficiencia (plantear para qué y para quién usamos la energía), eficiencia (hacer más con menos energía), y renovables.

“Los conflictos actuales prueban que abandonar los fósiles es una urgencia de seguridad y bienestar. En España y Portugal, un sistema energético capaz de reducir su demanda de energía final un 39% y cubrir el restante al 100% con renovables nos permitiría dejar de estar pendientes el Estrecho de Ormuz y ahorrar 32.000 millones de euros al año respecto a seguir con las políticas actuales. Es momento de actuar: la energía debe sostener la vida y la dignidad, no financiar la guerra, ha destacado Sara Pizzinato, responsable de la campaña de energías renovables de Greenpeace.

Principales demandas de Greenpeace al Gobierno en Santa Marta:

  • Plan de abandono de los combustibles fósiles: En 2026 es necesario un plan con calendarios claros para eliminar, de aquí a 2040, el carbón, el petróleo y el gas [2] gracias a medidas de suficiencia, eficiencia y renovables. Apoyo a iniciativas como las del tratado internacional para el abandono de los combustibles fósiles.
  • Garantizar que las empresas fósiles paguen por sus daños mediante impuestos permanentes a sus beneficios, empezando por impuestos a la aviación VIP [3]. 
    Mayor compromiso para un acuerdo en la Convención Marco para la Cooperación Fiscal Internacional para combatir la evasión fiscal.
  • Fin de subvenciones a los combustibles fósiles: Presentar un inventario detallado y un plan de eliminación de subvenciones fósiles [4] para dirigir esos recursos a la transición justa.
  • Financiación climática: Aumentar la financiación internacional para que sea predecible y accesible, contribuyendo al objetivo de 1,3 billones en inversión total.
  • Tratado de plásticos: Apoyar la aprobación de un tratado global ambicioso sobre plásticos como vía fundamental para reducir la demanda de combustibles fósiles [5].
  • Impulso internacional hacia la COP31: impulsar los planes para acabar con la deforestación, así como para una transición más allá de los combustibles fósiles justa, ordenada y equitativa, incluyendo un Mecanismo de Transición Justa.

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