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San Marcos llena Pinilla de familias en un gran ambiente romero

Pinilla volvió a ser punto de encuentro para vecinos de Tomelloso y visitantes en una jornada marcada por las carpas, las tascas, los juegos tradicionales y la convivencia, antes de la procesión de las antorchas de esta noche.

Pinilla volvió a latir este San Marcos con el ritmo tranquilo y multitudinario de las grandes jornadas romeras. Desde primera hora, el entorno del santuario fue llenándose de familias, grupos de amigos, peñas y visitantes que acudieron a pasar el día en uno de los espacios más simbólicos de Tomelloso. No hizo falta buscar una imagen solemne para entender la fuerza de la cita: bastaba mirar las carpas abiertas, las mesas preparadas, los niños moviéndose de un lado a otro y el ir y venir constante de romeros hacia el santuario de la Virgen de las Viñas.

La jornada tuvo ese aire reconocible de las fiestas que pertenecen a la gente. San Marcos no se vive únicamente como una fecha del calendario, sino como una costumbre compartida. Cada grupo ocupa su sitio, cada familia repite sus gestos y cada visitante encuentra en Pinilla una forma sencilla de entrar en la Romería de Tomelloso: estar, saludar, comer, mirar, participar y volver a encontrarse.

En torno al santuario convivieron la devoción, la convivencia y el ambiente popular. Hubo quienes se acercaron a visitar a la Virgen, quienes llegaron para pasar el día en el campo, quienes buscaron el bullicio de las tascas y quienes acompañaron a los más pequeños en los juegos tradicionales. Todo formó parte de una misma escena: Tomelloso reunido en Pinilla, fiel a una tradición que se sostiene tanto por lo que se programa como por lo que se repite de manera natural año tras año.

Juegos, tascas y vida romera

Los juegos tradicionales, con la participación de Mondema, dieron a la mañana uno de sus momentos más familiares. En una romería tan vinculada a la memoria colectiva, ver a los niños participar en juegos de siempre no es un simple entretenimiento. Es una forma de transmisión. La fiesta pasa de una generación a otra sin discursos, a través del juego, la presencia y la experiencia compartida.

Las tascas pusieron el pulso más animado de la jornada. Allí se mezclaron conversaciones, encuentros, música de fondo, comidas, aperitivos y ese movimiento constante que convierte a Pinilla en una pequeña ciudad romera durante unas horas. San Marcos tiene algo de celebración abierta: cada cual lo vive a su manera, pero todos forman parte del mismo ambiente.

También las carpas fueron protagonistas. En ellas se reconocía la dimensión más doméstica de la fiesta: familias enteras reunidas, mesas largas, sillas que se van sumando, jóvenes que entran y salen, mayores que observan desde la sombra y grupos que convierten el campo en una extensión natural de la casa. Esa es una de las claves de la Romería de Tomelloso: no separa lo íntimo de lo colectivo, sino que lo reúne.

La noche mira a la procesión de las antorchas

La jornada de San Marcos no termina con la tarde. Esta noche, Pinilla volverá a cambiar de tono con la procesión de las antorchas, uno de los momentos más esperados y emotivos de la Romería de Tomelloso. Tras el bullicio del día, la luz de las antorchas dará paso a una escena más recogida, marcada por el acompañamiento popular y la devoción a la Virgen de las Viñas.

Ese contraste resume bien la riqueza de la fiesta. San Marcos puede ser comida compartida, juegos infantiles, tascas llenas y ambiente de campo, pero también silencio, oración y camino. La romería se mueve con naturalidad entre lo festivo y lo religioso, entre la alegría de encontrarse y la emoción de acompañar a la patrona.

La Romería de Tomelloso, declarada de Interés Turístico Regional, mantiene en San Marcos una de sus expresiones más auténticas. No se trata solo de una celebración religiosa ni únicamente de una jornada festiva. Es una mezcla de pertenencia, memoria y convivencia que explica por qué Pinilla sigue siendo, cada primavera, un lugar al que la ciudad regresa.

Este San Marcos dejó una imagen clara: Tomelloso no acude a Pinilla solo para celebrar una romería. Acude para reconocerse en ella. En los juegos de los niños, en las tascas llenas, en las familias reunidas, en la visita serena al santuario y en la procesión que esta noche iluminará el camino, la tradición vuelve a mostrarse viva, cercana y compartida.

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